Opinión

Las comparaciones idiotas

I

“Somos los nuevos judíos del siglo XXI que persiguió Hitler, así somos. No llevamos la estrella de David amarilla aquí, pero llevamos el corazón rojo de ganas de luchar y de pelear. Y los vamos a derrotar, a estos nazis del siglo XXI, a estos fascistas”. Nicolás Maduro Moros.

II

Los que viven felizmente en el exterior son los hijos de los asesinos que nos gobiernan. No voy explicar aquí por qué pienso que son corresponsables de los desmanes de los padres, porque sencillamente la mayoría tiene edad para darse cuenta de que los dólares que llevan en sus carteras no son precisamente producto del sudor de la frente de sus progenitores.

Y si quieren, me caen encima, no me voy a censurar. A todos los que conozco que se han ido del país o han sacado a sus hijos para salvarlos de estas penurias, lo han hecho con esfuerzo sobrehumano y están pasando trabajo. No conozco a ninguno que me diga que vive en un apartamento en la zona de Portobello en Londres, o en París, o en Nueva York, ni siquiera en Sidney. No, señor.

Conozco a alguno que dejó todo atrás y se fue a otros horizontes porque un día recibió una llamada en la que le decían que le iban a matar a su hijo. Salió huyendo del acoso, de la presión por pensar diferente, por ser distinto a esta cuerda de delincuentes que no aceptan a nadie si no es delincuente también.

Conozco a muchos que se han quedado en el país a costa de su propia tranquilidad porque tienen hijos adolescentes o adultos, qué más da, que quieren vivir su juventud y los dejan, pero los encomiendan a todos los santos cada vez que atraviesan la puerta de sus casas.

“¿No es acoso que cuando uno vaya por la calle venga un malandro y le arrebate lo poco que tiene?”, me pregunta una muchacha. Esa división que comenzó a instalar en el subconsciente de la gente el innombrable muerto dio y sigue dando frutos, entre los que son buenos porque están conmigo y los que son malos porque están en mi contra. Y a partir de allí, llevamos 18 años de acoso.

III

Acoso por ser diferente, por pensar distinto es lo que vivimos todos los días, aunque algunos se estén dando cuenta tarde. Lo que pasa todos los días en las calles de nuestros pueblos y ciudades es el verdadero acoso de fuerzas fascistas, que persiguen muchachos, les revisan bolsos, los bajan de los autobuses, les revisan los carros.

Disparar a mansalva aunque sea bombas lacrimógenas, o perdigones directamente a la cara de manifestantes que solamente ejercen la legítima defensa de manera “asimétrica” con piedras, palos y hasta puputov, eso es verdadero acoso.

Por eso es que cuando los venezolanos desplazados y desperdigados por todo el mundo se manifiestan y les gritan cuatro cosas, las que no pueden ni pudieron gritarles aquí por la represión que llevamos sufriendo desde hace 18 años, yo no los juzgo. Y entonces, para hacerse las víctimas, piden que los gobiernos de esos países actúen contra los que le expresan descontento a algún embajador, una ex ministra o la hija de algún funcionario. No se han dado cuenta de que el derecho de manifestar libremente es respetado en todas partes menos aquí.

Desde la ignorancia se puede afirmar cualquier cosa, Nicolás, pero nosotros nos cansamos de tu acoso.