Opinión

La La Land para cada cual

Alicia Freilich

Como todo musical de cine y teatro es un libreto romántico .Montado sobre doble trasfondo, el de los musicales clásicos en zigzag con el modelo actual del entretenimiento bien digitalizado.

Pero su centro argumental es otro. No toda la generación milenia del XXI se resigna a ser tornillo en una maquinaria tecnológica que anula su individualidad. A los adoctrinados en cualquier ideología que les ofrezca el paraíso terrenal o celestial si obedecen a las exigencias de un mito, les resultará una gringada más de chicos nerds, íconos del imperio capitalista para unos, de la izquierdosa democracia liberal para otros.

Porque no perdonan eso de dramatizar tonterías. Como ser pianista pobre que ameniza eventos nocturnos con estándares donde entre copas y manjares nadie lo escucha mientras sueña con su propio local para ofrecer su predilecto género musical, en este caso el jazz, pudiera ser Mozart o salsa, pero es una trama gafa de gente superficial para unos. O que una aspirante a ser actriz de cine padezca un síndrome de ansiedad, pues no logra realizar su primaria vocación, es cosa de sifrinos.

Ambos por igual, son conceptos fanáticos a las extremas izquierda y derecha, religiosas o políticas, para quienes el sagrado yo creativo que da sentido a la existencia personal es pecado sin redención posible. Son creyentes por igual en un externo y todopoderoso dios que dirige y resuelve sus vidas. Vocación, aptitud, esfuerzo, logro por la creatividad son idioteces que les resbalan por su teflón.

Esta original película merecería todos los premios habidos y por haber en el renglón musical sobre un guion muy sabio y una brillante dirección, a saber, composición de melodías y letras, sustento instrumental de escenas con magníficas bandas, fusión del eterno jazz ya consagrado por la Unesco, anterior como el género musical del siglo XX, aquí en la cinta, con algunos toques modernos. Al final de la emisión una sugerencia sin espacio ni fecha, para cada quien.

Y sería lo que Jacques Braunstein (Z’L) pionero de la difusión jazzística en Venezuela, resumió en la frase “Paz y jazz” de su espacio radial dominical durante más de cincuenta años. Referida no solo a su papel integrador contra el racismo estadounidense antinegro y a su mensaje de alivio entretenido para la población cuyos jóvenes luchaban en dos guerras mundiales contra regímenes dictatoriales. También y mucho, a la paz interna, difícil, breve pero intensa felicidad subjetiva, privilegio que solo se alcanza cuando la libertad es entorno y meta común.

Cada uno libre, con su sonido y su ritmo, pero llegado el momento hacen fusión armonizados para el arte musical anónimo y de autoría. Patria de, con y para todos.

alifrei@hotmail.com