Opinión

El 17 de julio

Valentina Issa

No lo pensamos, que íbamos a llegar aquí. A esta Venezuela desnutrida, quebrada y enratonada de marketing socialista. De bolsas de comida escasas e inconstantes. De manipulación del hambre. De empujones y cachetadas militares frente a cámaras. De la vida con costos impagables. Nadie pensó que unos abusadores llegarían al poder y se instalarían ahí a delinquir escudados en mandatos ilegítimos. O si lo pensó, no lo dijo. O si lo dijo, no le creímos lo suficiente.

Qué nos íbamos a imaginar esta crisis tan única. Análisis y comparaciones abundan, con otras dictaduras, con otros regímenes disfrazados de “izquierda” o militares. Qué envidia nos dan la Revolución civil ucraniana, o el proceso chileno que sacó del poder a Pinochet con un referéndum (un plebiscito, ni más ni menos). Pero la realidad es que no hay fórmulas, ni procedimientos preestablecidos y aplicables automáticamente. No tenemos un protocolo de salida, ni un vidrio que romper en caso de “abusadores que llegaron con algunos votos y bastantes ventajas al poder, pusieron a otros abusadores y mediocres fieles en puestos cruciales, no se quieren ir aunque nadie los quiere ya, prostituyen a su antojo y conveniencia las normas que ellos mismos impulsaron (la Constitución), y abusan del sistema de contrapeso de poderes de forma perversa”. El único protocolo es la Constitución.

Ni somos Ucrania, ni somos Chile. Pero, como a ellos, nos toca descifrar, vivir, y buscarle solución a esta crisis a nuestra manera, a la venezolana, con las herramientas que tenemos. El camino hacia nuestra Venezuela se encuentra abriéndolo nosotros mismos, probando, actuando. Buscándole la vuelta al 350.

Y ya iba siendo hora de que nosotros también interpretáramos la Constitución, y actuáramos sobre la base de esa interpretación. Sin esperar a que ninguna otra autoridad nos valide, o materialice nuestra voluntad. Lo empezamos a hacer hace 104 días cuando decidimos ocupar la calle contra perdigones, golpes, patadas de botas, gases, balas, metras y cárcel. Lo hacen nuestros diputados cuando ejercen sus competencias y nos representan aunque no les paguen sus sueldos, los golpeen y los califiquen de “desacatados”. Lo hace la fiscal cuando finalmente asume la institucionalidad de su cargo. Y lo haremos todos el domingo 16 de julio. Todos los mayores de edad con cédula venezolana, como dice la Constitución.

Ese día dejamos a un lado la especulación, las interpretaciones, las predicciones astrológicas y la adivinación. El domingo demostramos bajo el sol lo que dicen las encuestas de opinión, y lo que todos ya sabemos. Nos lo decimos unos a otros, lo reconocemos juntos públicamente. Le abrimos el camino a los miembros de la Fuerza Armada para que no titubeen, para que no les quede duda del origen de su mera existencia, y del lugar donde reside su lealtad: con la voluntad de nosotros, los ciudadanos. El domingo 16 nosotros mismos buscamos e iniciamos el desenlace de este limbo. Y el lunes 17 de julio amanecemos legitimados unos por otros.

Vamos a decirnos que sí.