Opinión

Inversionistas a juro y limpios

Mi amigo el tecnócrata no es políticamente correcto ni tan mal educado y grosero como el mecánico italiano que tenía una cafetería en la esquina de Panteón y nunca le fio a los periodistas de Últimas Noticias. Tampoco dice groserías, pero llama “cretinos tecnológicos” a los lerdos en el uso y manejo de computadoras, teléfonos inteligentes o cualquier herramienta digital que “requiera utilizar más de una neurona, como ocurre para mascar chicle y caminar”. Es su descripción. A los denominados “millennials” los trata con desdén y apenas les ofrece el beneficio de la duda.

Frustrado y arrecho apagó su computadora y la desenchufó. Su malestar no se debía a la poca velocidad de Internet, la intermitencia de la banda ancha ni el bloqueo informativo que aplica la Cantv a los medios informativos que contradicen y se burlan del control comunicacional del régimen, sino a su imposibilidad de recuperar todos los bolívares del tercer mes de aguinaldo de la pensión del Seguro Social que el gobierno convirtió sin aviso y sin protesto en medio petro, cuidado.

Confiado, acudió a la página www.patria.org.ve y trató de revertir su dinero siguiendo las instrucciones que publicó un diario capitalino que tuvo fama de serio y que se rocheleó antes de que su ex dueño decidiera regresar a su Nueva York anhelada. Siguió las instrucciones con rigor. Primero tropezó con el lenguaje utilizado por el medio que fundó Andrés Mata en un arranque de poesía; luego quedó a mansalva de la estupidez –artificial, no congénita– de la web que transpira un dejo antillano tan fuerte que casi se le escucha el “mira, tú” y las palabrotas que más se oyen en bulines y paladares de La Habana.

No se amilanó. Cuando se disponía a “ingresar usuario y clave, ir a la pestaña ‘Monedero’, luego pinchar la opción ‘Plan de Ahorro’, a la izquierda de la pantalla”, mi amigo soltó una palabrota. No se había perdido la conexión ni había aparecido la pantalla azul de “fatal error” tan frecuente en los equipos obsoletos que sobreviven a la revolución. No, era algo peor. La página dejó de funcionar. Eran las 9:59 de la noche. El servició se restablecería a las 6:00 de la mañana. Muchos minutos después de lo anunciado, la página estaba operativa. Puso la clave o contraseña y luego hizo clic en la opción “Retención Anticipada”. Sin anestesia apareció una ventana con el monto de la comisión que le cobraba Miraflores por recuperar su dinero “ahorrado”. Poco le importó que apareciera el solecismo “a pagar” ni otras incorrecciones gramaticales de peor cuantía, la mentada de madre al de siempre se escuchó y reverberó más allá de Fuerte Tiuna.

El madurazgo no solo lo obligó a “ahorrar” una importante porción de sus menguados ingresos en una criptomoneda inexistente, sino que además tuvo que pagarle “vacuna” para recuperar sus activos. Igual que en las operaciones que los muchachos del ELN y los disidentes de las FARC realizan en la frontera y más acá de San Juan de los Morros, pero con un oficioso toque de legalidad que deja en babia hasta a los aplatanados de la constituyente.

Mi amigo no cuestiona las buenas intenciones implícitas en la medida: la acumulación de capital, lo que no entiende es que el ahorro lo haga el régimen desde el bolsillo de los pensionados y no desde el buen manejo del Tesoro que tanto descosió Alejandro Andrade con la complicidad y la asesoría de los hermanos Sánchez, Tomás y el otro de la pistola al cinto. Quien recibe unos emolumentos que apenas le alcanzan para comprar unos muslitos de un pollito desmirriado no puede ahorrar ni una locha, mucho menos medio petro. Al contrario, le falta dinero para las medicinas, el alquiler, los trapos, los zapatos, el agua, la electricidad y el aseo urbano. Le faltará todavía más si tiene que ponerse en manos de un avispado que desde su computadora le haga la reversión de los petros y le pida para el cafecito, siempre en diminutivo, el bien que más pagan los venezolanos en efectivo. Vendo portal con Niño Jesús, sin ganado mular ni parientes cercanos.