Opinión

Inversiones extranjeras, desarrollo y libertad

Elio Pepe Trifance

La opinión de

Nos habíamos preguntado sobre la significación y el alcance de la negación de los valores de la dignidad del Ser del hombre postulado con énfasis por la señora Rodríguez, presidente de la asamblea constituyente, quien la clasificaba como expresión del deterioro de la civilización liberal capitalista. Ahora tenemos una ignominiosa respuesta de la revolución social comunista bolivariana: el día 15 de enero de 2018, como con el holocausto de Hitler, los campos de Siberia de Stalin, la Plaza de Tiananmén de China, también Venezuela tiene su día de vergüenza nacional con la matanza de El Junquito.

El día sucesivo, el ministro de Relaciones Exteriores, Jorge Arreaza, anunciaba la firma de una nueva Ley sobre las inversiones extranjeras y, como logro extraordinario de la práctica de la política exterior, la construcción de una fábrica de medicinas por parte de Palestina y “su tecnología”: ¿Con un cinismo de nivel superior, posiblemente pensaba en distraer el dolor y la postración del pueblo venezolano e indicaba otro presunto camino de recuperación de las condiciones económicas del país a través del aporte de un gobierno extranjero que para la consolidación y expansión de su territorio ha hecho del terrorismo internacional un recurso sistemático?

Con firmeza otra vez evidenciamos que el vínculo entre el pasado y el futuro, entre la política interna y externa, entre los medios y los fines, queda soportado por los valores que identifican la nación, su tradición histórica y cultura, y que la utilización del sistema económico y financiero internacional constituye el camino más expedito para afirmar un efectivo desarrollo económico y social, su nivel de civilización fundamentado en el respeto de los derechos humanos y de la diversidad, en la búsqueda de la estabilidad política y del crecimiento de una sociedad libre, en la perspectiva de equilibrios internacionales que tengan fundamento en los criterios de oportunidad ofrecidos por el mercado y la explotación de las ventajas comparativas y competitivas.

Estos aspectos asumen honda importancia para el tratamiento de las inversiones extranjeras: dado que la tarea principal de las finanzas es transferir recursos a las empresas que tienen las mayores oportunidades, al mismo tiempo se debe asegurar que la consiguiente evolución social tenga la posibilidad de afirmarse en un clima de libertades individuales y colectivas que no pueden ser expresión del pensamiento único de ningún tipo de dictadura. Por supuesto, como enseña la positiva experiencia de China, se debe garantizar que los inversionistas reciban una renta adecuada en condiciones de seguridad jurídica y la garantía de la repatriación del capital, en el caso contrario no se sienten incentivados a invertir.

En la dinámica económica global a través de la cual se producen los cambios, las inversiones extranjeras, en la visión de Stuart Corbridge (1989), “han erosionado la soberanía nacional, en otros ámbitos han alentado y hecho posible la planificación económica nacional, así como ofensivas económicas y políticas nacionales”.  

Entendidas como formas de defensa del Estado de los desajustes de la globalización, y relacionadas con la gradual absorción del desempleo de los trabajadores no calificados, las inversiones internacionales implican precisas evaluaciones y decisiones de geopolítica en lo económico para la constitución y funcionamiento del mercado ampliado y deberían ser planificadas, bajo la vigilancia del Estado para la defensa del impacto de las crisis económicas y de las especulaciones monetarias internacionales a las cuales están sometidas, debido al estatus de las reservas, del endeudamiento, del nivel del riesgo soberano del país.

Así se generan marcos jurídicos y sociales que facilitan las interrelaciones y la interdependencia internacional, pero al mismo tiempo el comportamiento de cada inversionista queda relacionado con el cumplimiento de las obligaciones contraídas y la realización del proyecto escogido, las capacidades productivas reales y potenciales, la conformidad con el sistema político, su estabilidad y gobernabilidad.

De este modo se definen los delicados linderos entre soberanía limitada y soberanía compartida cual efecto real determinado por las relaciones establecidas entre los inversionistas, sociedades multinacionales, y el Estado, sin comprometer la libre autodeterminación de los pueblos: es una decisión de geopolítica que tiene reflejos en el desarrollo económico interno, en las relaciones bilaterales y multilaterales de las naciones y, por supuesto, en el comercio exterior, pero que en cualquier circunstancia debe asegurar instancias de libertades.

Se determina una especie de proceso de integración en el cual estarán presentes estrategias de competencia, de coalición, de negociación, al mismo tiempo en que la gradualidad táctica será necesaria para la adecuación y reestructuración endógena del sistema productivo interno para encaminarlo a los compromisos de competitividad del mercado internacional.

¿Pero, sería posible una real integración económica y política del país sin que se hubiese realizado, previamente o a través de una progresión contextual, una adecuación del sistema financiero y del sistema tecnológico y productivo, es decir, sin la referencia concreta al nivel del desarrollo, del estándar de vida de los ciudadanos, de la difusión del conocimiento y del respeto de los derechos humanos y civiles, de los inalienables valores de la dignidad del Ser del hombre?

Se presentan diferentes niveles de dificultades de carácter técnico y geopolítico en aras del sistema político vigente, autócrata o dictatorial, para inducir un efectivo progreso económico y social. ¿Para obtener el deseado aprovechamiento no se debería enfrentar previamente lo inherente a la diversificación de la economía, a la estabilidad jurídica y el Estado de Derecho, a la necesaria coherencia entre las inversiones productivas públicas y privadas, en condiciones de control de la inflación y la determinación de la política monetaria y fiscal?

En lo técnico, las aplicaciones en los sistemas dinámicos, en los cuales incluimos nuestra visión del desarrollo, se distinguen de las que se realizan en los sistemas estáticos. En los primeros se averigua un proceso de transacción constante en el cual cada una de las inversiones aporta beneficios solo si es verdaderamente acorde con la solución del problema específico que enfrenta y, al mismo tiempo, debido a su ductilidad y flexibilidad, toma vigor de la vida de las otras posturas hasta modificar, por circunstancias no previstas, el ritmo de ejecución y la misma dirección de marcha. Por el contrario, en los sistemas estáticos y definitivos, las proposiciones se sobreponen y producen confrontaciones que se mezclan con las metafísicas de quienes las proponen, pero sin solucionar los problemas, más bien aumentándolos, porque se reducen a expresiones de populismo que en la mayoría de los casos persiguen solo la permanencia en el poder.  

Pero, más allá del ejercicio del poder y sus tradicionales elementos constitutivos, en el siglo XXI, la dialéctica geopolítica, por su naturaleza analítica, no puede no adecuarse también a los acontecimientos históricos y, por ende, evoluciona en una nueva concepción referida al estudio de las relaciones bilaterales o multilaterales que emergen y que se sustentan en la combinación estratégica entre el capital financiero, el capital tecnológico e industrial y los aportes del trabajo, que determinan el dinamismo temporal del país y de su economía.

Por supuesto, solo el conocimiento multidisciplinario y altamente calificado permite la adecuada aplicación del principio de causalidad por el cual la geopolítica se ocupa científicamente de los procesos inherentes y de la dirección del cambio económico y del desarrollo, analizando las dificultades de adaptación que tienen diferentes matices políticos, financieros, tecnológicos y sociales y que pueden ser contingentes, pero también estructurales.

Se plantea la cuestión de cómo las innovaciones tecnológicas configuran los diferentes aspectos del desarrollo económico, que inciden en lo político, cultural y ambiental y necesitan las estrategias para alcanzar los posibles cambios. Pero al mismo tiempo, más allá de la voluntad política y la adecuación administrativa de las instituciones del Estado, se plantea la correspondiente reformulación del sistema jurídico para permitir que los cambios que se realicen sean conformes al derecho.

Los presupuestos conceptuales y valorativos del desarrollo sostenido, del desarrollo sostenible, del desarrollo endógeno y del desarrollo compatible, presumen la configuración del futuro como una alternativa entre la aplicación generalizada y acelerada de la innovación científica y tecnológica y su insostenible influencia para salir de los problemas económicos y sociales en perspectiva de un progreso continuado, para el cual es determinante la empatía, la colaboración y la integración entre el sector público y el sector privado, conceptualmente ya mencionadas y que requieren la existencia de normas, del Estado de Derecho al cual los actores deben conformarse: cualquier desviación e improvisación empeora la situación que hipotéticamente debería solucionar.

Un enfoque serio presupone la disponibilidad de infraestructuras y de recursos humanos con la adecuada preparación. Además, el ritmo de desarrollo económico es compatible con los procesos de innovación tecnológica sustentada por una apertura adecuada al mercado financiero nacional e internacional y a la competitividad internacional del sistema productivo permitida por las inversiones, la tecnología y el trabajo, mediante la intermediación del Estado promotor y guía del nivel de ósmosis que se debería realizar entre el ciudadano común y quien representándolo, ejercita el poder. Lamentablemente estamos muy lejos de estas condiciones.

El análisis geopolítico valora las estrategias y las tácticas con las cuales se intentan ensamblar las inversiones extranjeras, no como causa y consecuencia de un desarrollo, más bien como partes complementarias del holismo constituido por las decisiones y los comportamientos de los protagonistas: la diversidad de la instrumentalización política arroja luz sobre la significación que asume la toma de decisiones; en esencia, la naturaleza técnica que las caracteriza no permite que la verdad se corrompa tanto con la mentira como con el silencio.