Opinión

La internacionalización del conflicto venezolano

Gonzalo González

El conflicto venezolano, entre quienes buscan imponer una dictadura totalitaria de corte castrista y la mayoría del país que los adversa, ha dejado de ser un asunto endógeno. Ha pasado a preocupar e interesar a diferentes actores internacionales, sean Estados, organismos multilaterales, instituciones diversas y personalidades.

La crisis nacional trasciende nuestras fronteras y desparrama sus perniciosas consecuencias y efectos hacia otros países, del continente y allende el mismo. Afecta y pone en cuestión intereses tanto inmateriales como materiales. Los crecientes indicios de que la próxima crisis internacional de refugiados puede tener su origen en la tragedia venezolana han contribuido a encender las alarmas en la comunidad internacional; lo mismo ocurre con la posible conversión del Estado venezolano en uno forajido. Por si esto fuese poco, la respuesta negativa del gobierno nacional a los deseos mayoritarios de cambio por vía electoral y la instauración de una dictadura con todos sus efectos colaterales han contribuido a que las naciones democráticas hayan decidido involucrarse en la situación nacional.

Lo que está ocurriendo en y con Venezuela se veía venir, no otras podían ser las consecuencias de la implantación del proyecto chavista, solo que Chávez logró durante mucho tiempo hacer creer a buena parte de mundo que sus intenciones eran libertarias y justicieras. Mucha demagogia, corrupción y clientelismo utilizó en crearse una clientela internacional nutrida y variada. Cabalgó exitosamente sobre prejuicios, resentimientos y la ceguera y frivolidad de muchos. Un personaje cuyos interlocutores privilegiados fueron: Fidel, Putin, Mugabe, Ortega, Ahmadineyad, los Kim, los comunistas chinos y otros de la misma condición, tal y como lo reseño Víctor H. D’Paola en su opúsculo Los amigos de Chávez, no podía resultar un demócrata.

El fraude constituyente fue la gota que rebasó el vaso; el gobierno de Maduro vive un creciente proceso de repudio y aislamiento internacional que se ha ido traduciendo en sanciones personales a la nomenclatura y en dificultades para acceder al crédito internacional, lo cual redundará en su incapacidad para importar bienes y servicios y sostener el clientelismo; lo cual indefectiblemente afectará la gobernabilidad. Las democracias del mundo –aunque tardíamente– presionan cada vez más para que se restituya el imperio de la Constitución.

Aunque debilitado internacionalmente el régimen conserva amigos y aliados, algunos de ellos relevantes y poderosos como China y Rusia. Y, llegados a este punto, conviene considerar hasta dónde esos países están en la disposición de involucrarse en el sostenimiento a todo evento del régimen.

En el caso de China, potencia emergente y segunda economía mundial, y que busca la hegemonía económica, puede interesarle más una Venezuela próspera, un socio solvente y activo en el intercambio comercial que una economía en ruinas a la que haya que subsidiar constantemente. China puede ser un actor favorable a un cambio político superador de la crisis económica. De Rusia, que busca afanosamente posicionarse de nuevo como potencia mundial más en el plano geopolítico que en el económico, dudo de su capacidad para repetir lo hecho por la URSS con Cuba durante 30 años; con Rusia deben explorarse formulas y vías para contribuir a una salida constructiva del conflicto.

La internacionalización del caso Venezuela es un hecho objetivo y el mundo democrático debe concertarse con otros actores para evitar una guerra civil, la materialización de una crisis de refugiados, la cristalización del Estado forajido y construir una solución pacífica e institucional.

En todo caso, las fuerzas democráticas venezolanas están en la obligación de exigir y facilitar a la comunidad internacional la búsqueda de las mejores soluciones posibles en el marco de la legalidad internacional.

No puedo cerrar estas notas sin expresarles a mis conciudadanos mi convicción de que en el camino al cambio la participación en las primarias del domingo 10 de septiembre son un acto genuino de resistencia, y que su eventual éxito nos acercará un poco más al objetivo.