Opinión

Independencia y soberanía medidas en un dato

Rafael Palacios

En muchos países del mundo puede uno notar que la “independencia nacional” ha dejado de ser un fetiche y se ha transformado prácticamente en un concepto político-económico. En otros, en pleno siglo XXI y en medio de las transformaciones globales y el progreso tecnológico, se insiste en hacer creer que un país es independiente y soberano por el hecho de haber roto en siglos pasados la colonización a la que fue sometida o por haber logrado la formación o restauración de un país después de la separación de otro del que formaba una parte. Lo más actual, parece ser, es que un país alcanza su independencia cuando se basa en el principio de no intervención y el derecho a la autodeterminación. Otra farsa.

De esa forma es como, por ejemplo, solo en el mes de julio 33 países celebran su día de la independencia nacional: Portugal (1139), Estados Unidos (1776), Colombia (1810), Venezuela (1811), Argentina (1816), Perú (1821), Bélgica (1831), Canadá (1867), Filipinas (1946), Austria (1955), Somalia (1960), Burundi, Ruanda y Argelia (1962), Bielorrusia (1990) y Sudán del Sur (2011), entre otros.

Muchos de estos países presentan una realidad que expresa grandes contradicciones a la hora de ser medidos por su capacidad de ser menos dependientes política y económicamente de otros países. En estos tiempos, tanto la independencia como la soberanía nacional no descansan únicamente en el poder de sus ciudadanos. Más bien, ellas descansan en el poder de una nación para aumentar su capacidad educativa, científica, tecnológica y productiva.

Por lo tanto, las universidades han pasado a ser una de las instituciones más relevantes en una nación, capaces de avizorar la capacidad de un Estado de imponer su independencia y soberanía. Son las universidades una pieza fundamental de la economía global. Aquí cobran especial relevancia el número de estudiantes de doctorados que supone el desarrollo y el potencial de investigación básica; la capacidad de difusión de nuevos conocimientos y la colaboración para el desarrollo de proyectos internacionales fundamentalmente en alianza con países emergentes e industrializados; la contratación de cientos de académicos para la investigación de los nuevos problemas globales y la capacidad de innovar y generar emprendimientos y negocios nacionales e internacionales.

La reputación de una universidad es, entonces, el producto de una sinergia de componentes científicos y tecnológicos directamente vinculados con la economía. Esto lo confirma el conjunto de predicciones recientemente hechas por PricewaterhouseCooper,  en un estudio reciente sobre la productividad en el año 2050. De acuerdo con ese estudio la productividad se acelerará y estará fundamentalmente impulsada por la tecnología, lo cual significa que el papel de las universidades se convertirá, cada vez más, en un asunto altamente estratégico de Estado.

La calidad de la universidad es en consecuencia un dato que refleja claramente el nivel de independencia y soberanía de una nación. Según datos recientes publicados en el Ranking Mundial de Universidades (QS), Estados Unidos cuenta con 31 universidades entre las primeras 100 y 18 entre las primeras 50, siendo las 3 primeras del ranking Massachusetts Institute of Technology, Stanford University y Harvard University. No parece casual que este país domine al mismo tiempo la economía mundial con 18 billones de dólares. Canadá posee 4 universidades entre las primeras 100 y 2 entre las primeras 50 (University of Toronto y McGill University). Al  mismo tiempo, este país genera 1,5 billones de dólares en la economía global. Bélgica posee 5 universidades entre las primeras 200 y 1 entre las primeras 125 (Ghent University). Apenas con una población de un poco más de 11 millones de habitantes este país genera 0,61% del total de la economía global. Otros países como Portugal, que logró su "independencia" muchos más temprana que los otros países, posee 2 universidades entre las  primeras 305. Austria por su parte, quien genera 0,51% de la economía global muestra en el ranking 2 universidades entre las primeras 200.

Para el caso de América Latina resalta el desarrollo de la educación superior en Argentina. Según el ranking la Universidad de Buenos Aires forma parte de las primeras 100 universidades (lugar 75). En total, este país ubica a 5 universidades entre las primeras 500 y 3 entre las primeras 370. Argentina genera 0,79% de la economía mundial. Colombia ha tenido avances importantes en la medición global de universidades. Posee 4 universidades entre las primeras 500 y 2 entre las primeras 260 (Universidad Nacional de Colombia y la Universidad de los Andes). El país  genera 0,39% del total de la economía global. Perú, por su parte, ubica a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y la Universidad Peruana Cayetano Heredia entre los primeras 1.000, más específicamente entre los puestos 801-1.000.

Finalmente, está la medición sobre Venezuela, quien celebra su “independencia” desde 1811, con las mayores reservas de petróleo del mundo y con más de 100 universidades entre públicas y privadas. Además, según datos oficiales del propio gobierno nacional, llegó en la primera década de este siglo a invertir cerca de 2% del PIB en ciencia y tecnología. De acuerdo con el ranking, Venezuela posee solo 5 universidades entre las primeras 1.000: 3 ubicadas entre los puestos 801-1.000 (Universidad Simón Bolívar, Universidad de los Andes y la Universidad Metropolitana) y 2 entre los puestos 651-700 (Universidad Católica Andrés Bello y la Universidad Central de Venezuela).

De los países de África que por estos días celebran su independencia, ninguna de sus universidades aparece en el ranking de las primeras 1.000 del mundo.

Aún con las críticas que surgen cuando se evalúan los resultados de este tipo de medición, no puede negarse que el desarrollo económico impacta en la política de educación superior, ciencia y tecnología; pero también podría decirse que más impacta esta relación cuando se observa a la inversa. Y ello supone romper con la creencia del fetiche de la “independencia y soberanía nacional” en modo gubernamental.