Opinión

Hostigamiento laboral e ideología

La Universidad Central de Venezuela no se detiene en sus aportes a la democracia y al desarrollo del país. El día martes pasado se celebró en horas de la mañana, bajo las Nubes de Calder, una asamblea -la primera de muchas otras que se realizarán en el país- de gremios que se denominó “Venezuela no se rinde”, convocada con el propósito defender la libertad. La UCV ha sido una escuela de democracia y de tolerancia. Tal es su grado de dignidad que no pudo ser doblegada por el socialismo del siglo XXI, pese a sus múltiples intentos por acorralarla.

Ese mismo día (6/3/2018) en la tarde, se celebró en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas la defensa del trabajo de ascenso titulado Hostigamiento psicológico laboral: el mobbing y su incorporación en la legislación laboral venezolana presentado por el profesor Juan Carlos Pro, para ascender a la categoría de profesor titular. El tema del hostigamiento laboral alcanzó su nivel más elevado, tal como lo señaló el profesor Pro, con el discurso del presidente de Pdvsa en el año 2005, en el cual afirmó que solo los “rojos rojitos” podían trabajar en la empresa petrolera venezolana. Fue esta una de las expresiones más agresivas de hostigamiento laboral por razones ideológicas de nuestra historia.

La declaración del señalado presidente de Pdvsa fue una violación de los derechos humanos de los trabajadores que mostraron su desacuerdo con el proyecto político hegemónico instalado por el gobierno para vengar una supuesta afrenta que le habrían infligido los empleados petroleros. Esa declaración discriminatoria se convirtió en un eslogan político ampliamente difundido por las distintas áreas de la vida nacional: fue la implementación de un apartheid sin precedentes en la vida venezolana. Esta discriminación privilegia únicamente a los “rojos rojitos”; los demás son ciudadanos de segunda.

El hostigamiento laboral es conocido en Venezuela como mobbing, que significa el acoso ejercido, en principio, por el empleador contra el trabajador (aunque también puede ser en sentido inverso: del trabajador contra el empleador). Se trata de violencia psicológica que produce daños en el afectado. ¿Qué mayor daño se puede causar a un ser humano que pierde su trabajo por no militar en una determinada corriente política? A partir de ese momento, se politizó Pdvsa y comenzó su caída hasta la situación actual, cuando tenemos una industria politizada y convertida en la fuente financiera más importante del populismo. A eso se añade la corrupción, la cual ha sido puesta en evidencia por los propios miembros del régimen, al señalar públicamente casos de esta especie cometidos por los propios “revolucionarios”.

Exigir una determinada militancia política a quienes laboran en las empresas del Estado es hostigamiento laboral, lo cual implica, al mismo tiempo, violación de los derechos humanos. Debe recordarse cuando el presidente Chávez, micrófono en mano, decidió la expulsión de más de 18.000 personas de Pdvsa que discrepaban de su proyecto político. Aquello fue un ruidoso acto de mobbing laboral y de violación de los derechos constitucionales de los trabajadores, víctimas de ese peculiar modo de terminar una relación de trabajo. No se siguieron los juicios previstos en la ley, sino que una orden arbitraria del presidente autoritario fue suficiente para dejar sin trabajo a quien disentía por razones ideológicas.

A lo anterior debe sumarse lo ocurrido con cientos de trabajadores de la industria petrolera que, habiendo cumplido con todos los requisitos para obtener la jubilación, se les negó ese derecho porque se les acusó de “golpistas” y “traidores a la patria” y demás adjetivos para humillarlos y exponerlos al odio revolucionario.

El derecho laboral venezolano está a la espera de un estudio detallado de los casos en los cuales se privó a un grupo de trabajadores de sus derechos laborales por razones políticas e ideológicas. Este es un capítulo de nuestra historia que no puede ser olvidado y sus víctimas deben ser, tarde o temprano, reivindicadas. Para ello es fundamental la unidad de los opositores para recuperar la democracia.