Opinión

De la hiperinflación y otras agonías

Nelson Chitty La Roche

“Pdvsa le robó al Banco Central la facultad de constituir reservas internacionales; por tanto, le robó la política monetaria y la política cambiaria, y le ha robado la política fiscal al fisco porque se ha convertido en una agencia parafiscal”. Leonardo Vera.

La convulsionante revolución que, por respeto al libertador no llamaré bolivariana sino lo que es, chavistamaduristacastristamilitarista, nos proporciona, casi que a diario, una experiencia de lo que no se debe hacer. La ignorancia, la torpeza, el cinismo y la falta de escrúpulos se asisten en un drama sórdido que empapa la conducción del país. De fracaso en fracaso y de allí al desastre se demuele la República y se arruina a sus connacionales, y lo que es infame, en militante y celebrada impunidad.

Ocurre que –sin hipérbole puede afirmarse– la muerte paulatina de la patria en la persona de muchos, y en la perspectiva, se advierte del porvenir también. Vemos que nos deslizamos hacia una inflación diaria cercana pronto a 2% y a sus perniciosas consecuencias de desabastecimiento y regresión del aparato productivo. Se dice fácil, pero significa el peor de los mundos para los compatriotas que sufren los males constantes. No hay alimentos ni medicinas y habrá menos cada día. El tipo de cambio se hace inalcanzable y sin la divisa nos paralizamos.

Buena parte del desastre se engendra con las relaciones de Pdvsa y la falta de autonomía del BCV, y en sus afanes adulantes y lisonjeros hacia los militares, corrompiéndolos; además, el gobierno de Maduro acaba de nombrar a un general de la GNB para dirigir Pdvsa, al tiempo que gesticula desde el Ministerio Público con procedimientos abiertos a los que fueron ejecutivos de la petrolera y de Citgo. El oficial no maneja la materia y, como otros de sus pares, irá a la casa matriz a aprender o a dejarse llevar por quienes quizás el mismo presidente Maduro le recomiende. Pudiéramos temer por las resultas del experimento.

El momento es crucial. Macroeconómicamente, para enderezar el entuerto habría que traer a gente competente y dar un giro en la política económica que se traduciría en una revisión total de lo que se ha hecho a la fecha. Moneda, política cambiaria, reforma fiscal, renegociación de la deuda, financiamiento externo requerirían acciones recias y costosas desde todo punto de vista, lo cual exige una estrategia coordinada por un equipo experto que traiga credibilidad y confianza hacia adentro y hacia afuera. Sin esos elementos no puede racionalmente aspirarse a una mejoría ostensible ni en el corto ni en el mediano plazo.

Venezuela ha visto su institucionalidad minada, malograda, infectada de personalismo, ideologismo y militarismo. ¿Qué podemos esperar entonces? Tal vez allí radique la mayor angustia. Ricardo Hausmann, un prestigioso economista venezolano, al comentar pesimista la situación, hace notar que la actuación pertinente no admite dilaciones. Entretanto, el elenco nacional capaz y reconocido en universidades u oficinas de estudio y asesoría enfatizan en las medidas que habría que tomar ante un gobierno que usurpó el Estado y se arrogó también la soberanía popular. El liderazgo mediocre y vil no escucha.

Como una gran cosa el presidente propone una moneda que estaría respaldada por nuestras reservas en oro, piedras preciosas, petróleo y quién sabe qué más. Otra bomba de humo afirmarían los opositores que esperarían en su lugar la liberación de los presos políticos, y la inmediata apertura de un canal humanitario para atender la penuria de medicinas y fármacos, sin olvidar alimentos. Para eso hay que tener el coraje y la humildad que el momento del cambio exige.

Charles Maurice de Talleyrand, filosofó así: “Cuando es urgente, ya es demasiado tarde…”, y este empobrecido, enrarecido, brutalizado país, otrora emporio de riquezas materiales y con un pueblo alegre y hospitalario, no aguantará mucho más. Diálogo constructivo piden los opositores, pero lo que verdaderamente necesitamos es sacar del poder a quienes no saben, no pueden, no quieren hacerlo distinto.

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