Opinión

Hermenéutica económica e inflación (VII)

Los estudios de Filosofía me han estimulado para desarrollar una disciplina que he dado en llamar hermenéutica económica, que no es una especie de análisis movido por la curiosidad, artificiosamente tramado, y endosado al existir, la realidad. Considerando la propia facticidad es como debe determinarse cuándo y hasta qué punto aquella pide la interpretación propuesta. Así pues, la relación entre hermenéutica y facticidad no es la que se da entre aprehensión de un objeto y el objeto aprehendido, al cual aquella solamente tendría que ajustarse, sino que el interpretar mismo es un cómo posible distintivo del carácter de ser de la facticidad. Si llamamos, aunque sea impropiamente, a la facticidad económica  “objeto” de la hermenéutica económica (como las plantas son objeto de la botánica), diremos que esta, la hermenéutica económica, se encuentra en su propio objeto (esto es, como si las plantas, lo que son y como son, fueran la botánica).

Aclarado lo anterior, conviene ahora enfatizar que como la pienso la hermenéutica económica es una disciplina compleja, puesto que los hechos económicos, la facticidad, resultan del funcionamiento de un sistema complejo nacional e internacional, donde imperan aspectos propiamente económicos, pero, además, políticos, culturales, biológicos (no olvidemos Los viajeros de Indias del Dr. Herrera Luque), y geopolíticos. A manera de ejemplo: quién puede dudar que durante el quinquenio eficaz y útil de Rómulo Betancourt entraron en juego factores como la Guerra Fría, la lucha por demostrar que el sistema democrático es el mejor respecto del comunismo; el reto de Betancourt como curtido dirigente con una agenda nacionalista desde por lo menos 1937, la cual agenda en parte cumplió al crearse la OPEP, 1960, golpeando el mero centro de los intereses capitalistas al par que golpeaba con estrategia brillante al comunismo; su impulso energético y lúcido para aunar fuerzas sociales estabilizadoras de su gobierno estremecido por la quinta columna mirista-comunista, apoyada y financiada por Cuba, el revanchismo perezjimenista, pero tropezó con incomprensión de numerosos compañeros de partido originando la insensatez divisionista. Mejor dicho, hay una complejidad funcionando, sinergia, que arroja unos datos, indicadores, que nos dan señales, pero que nada significan si no penetramos en las entrañas de la trama social en el espacio mencionado.

Por eso, interpretar los hechos, analizar el primer período, 1974-1978, de Carlos Andrés Pérez, es también una tarea difícil tanto por la personalidad del líder como por sus compromisos al ser heredero declarado del gran timón que fue Betancourt. En efecto, critiqué su gestión en algunos artículos que publiqué cuando en 1979 comencé a escribir en El Universal, sobre todo, porque contó con abundantes recursos petroleros y los provenientes sin necesidad de un endeudamiento disparatado, siguiendo los hábitos de Caldera.

Cuando se juramenta en marzo de 1973, los precios petroleros se habían cuadruplicado en el mercado internacional a causa de conflictos en el Medio Oriente, siendo este un fenómeno geopolítico. El promedio del precio petrolero de realización de Carlos Andrés Pérez durante su primer gobierno fue de 11,48 dólares por barril, registrando un aumento considerable en comparación con Caldera, 2,44 dólares por barril y Leoni, 1,88 dólares por barril, percibiendo, durante los 5 años de su mandato, 37.293 millones de dólares, que fueron 3,31 veces los ingresados durante Caldera (11.245 millones de dólares). Esta triplicación originó incrementos inesperados en los ingresos petroleros del Fisco Nacional, por concepto de impuesto sobre la renta, y por consiguiente del gasto público, todo lo cual arrojó crecientes cantidades en la liquidez monetaria (dinero en circulación).

Lamentablemente, hubo previsiones erradas enmarcadas en lo que se llamó el V Plan de la Nación, que preveía aumentos crecientes en los precios petroleros según se había pronosticado en una reunión de la OPEP, lo que llevó a la decisión política de seguir el endeudamiento masivo que había comenzado con Caldera, ya que habría suficientes ingresos petroleros con que honrar las obligaciones.

El ex presidente Caldera recibió del Dr. Leoni una deuda de 3.528 millones de bolívares, pero la aumentó a 20.886 millones de bolívares para el final de su período, diciembre 1973, es decir, 5, 92 veces la de Leoni. Aquel monto provino de un gran desorden administrativo, pues al ser comisionado el suscrito, junto con Héctor Hurtado, para averiguar el monto de esa deuda, se determinó, después de una ardua investigación, que lo publicado oficialmente no incluía los contratos de gestión ordinaria, los endeudamientos a corto plazo de los institutos autónomos y de las empresas del Estado, ni la deuda administrativa flotante, tampoco la del Seguro Social ni la de la Corporación Venezolana de Fomento, Centro Simón Bolívar, Inavi, ni las gobernaciones. Parte de los ingresos petroleros percibidos por Pérez se dedicaron a cancelar esas deudas que pululaban en las finanzas públicas.

Para 1978, al final del primer gobierno de CAP, la deuda pública llegaba a 72. 391 millones de bolívares, descompuesta en 49.000 millones a largo plazo y 23.391 a corto plazo. Es verdad que se invirtió mucho en proyectos siderúrgicos, aluminio, cemento, bauxita, metalmecánicos, represas hidroeléctricas, aumento exponencial de los suscriptores de la Cantv, asfaltado de carreteras engranzonadas, aumentó el consumo de electricidad per cápita, se cancelaron los montos acordados para nacionalizar la industria petrolera y la del hierro, hubo pleno empleo, se impulsó la industrialización, construir una sociedad industrial, y la agricultura, actuó para sembrar el petróleo siguiendo a Betancourt y Leoni (en 1951, las importaciones comprendían el 38,3% de bienes de consumo final, para 1988 se había reducido a 6,4%; esto, en parte, fue lo que destruyó el insensato chavismo antinacional que ahora paga las consecuencias; desean recorrer el camino que entorpecieron hablando de un nuevo modelo económico; ahora no hay fondos, se los robaron y despilfarraron).

Pero también creció el gasto corriente, burocrático, desproporcionadamente y continuó la ola de corrupción, que no se investigó, de Caldera, acompañada de un delirante culto a la personalidad, de irritante egocentrismo, como el de Chávez, de adulantes rastreros, de apabullante propaganda, parecida a la de ahora, por haber emprendido la “segunda independencia” al pasar Venezuela, en 1976, a ser propietaria de las empresas petroleras. También quiso CAP ser dirigente del tercer mundo y se “codeaba” con el sha de Irán en el marco de la OPEP. En realidad Chávez fue una pésima reproducción del fenómeno CAP, aunque este sí tenía con qué alegar esa independencia, mientras aquel era un espejismo y a Cuba se entregó, hecho bien disimulado con propaganda mentirosa y la MUD no lo denuncia.

Consecuentemente, los ingresos petroleros fiscales pasaron de 37.860 millones de bolívares durante la gestión del Dr. Caldera a 150.678 millones de bolívares en los 5 años de CAP, esto es, 4 veces más, que aunados al creciente endeudamiento aportó una corriente monetaria descomunal para la economía de la época, cuyo dinero en circulación (más bien liquidez monetaria) llegó, en diciembre de 1978, último año del período constitucional, a 73.180 millones de bolívares, es decir, 3,4 veces la de diciembre de 1973, al final del Dr. Caldera.

Entonces, incrementan las divisas petroleras percibidas a 37.293 dólares, que fueron 3,32 veces las de Caldera; se multiplican los ingresos petroleros fiscales al pasar de 37.860 bolívares con Caldera a 150.678 bolívares con CAP, provocando tensiones alcistas en el nivel de los precios, que subieron en 48,3%, para 5 años, siendo 3 veces la del período de Caldera (16,1%).

Se demuestra así, cómo los crecimientos en variables financieras claves: exportaciones petroleras, ingresos fiscales petroleros y endeudamiento, causan acrecentamientos paralelos en los precios al consumidor. Es pues, en gran medida un fenómeno monetario.

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