Opinión

Henry Ramos, el estadista

Álvaro Lozada

Más que lógica, luce sabia, la decisión del secretario general de Acción Democrática, Henry Ramos Allup, de participar en las elecciones de gobernadores que el Consejo Nacional Electoral convocó para el 10 de diciembre de este año. A nadie le puede causar escozor, molestia e incomodidad esa valiente determinación; ni tildar de traidor al talentoso dirigente de la tolda blanca, por el coraje de llamar las cosas por su nombre y de decirle la verdad a la gente.

Ya está bueno de mareo, de marchas que nunca llegan al destino previsto, de heridos y muertos. Vamos a estar claros, 80% de la gente ha demostrado hasta la saciedad que rechaza a este narcorrégimen corrupto, tramposo y tracalero. Con marchas y trancas ya se vio que no se pudo. Entonces, qué más vamos a esperar para ir a unas elecciones, que de paso, nos las han negado de todas las formas habidas y por haber. ¿Que bajen de los altares los nuevos rectores del CNE? No podemos caer, inducidos, en la trampa del gobierno de no concurrir a elecciones.

El régimen estimula esa estrategia, que le ha servido y funcionado muy bien en el pasado. Por elementales razones le está prohibido a la Unidad dejar de participar en cuanta elección sea convocada. Ya hubo un episodio que pagamos muy caro cuando en 2005 decidieron no participar en la elección de la Asamblea Nacional. Porque precisamente lo que la dictadura quiere y desea es que nos abstengamos de participar, y ellos llenar los espacios que cedemos como mansos corderos. Y gritar a mandíbula batiente que la oposición no quiere elecciones.

De manera que la posición sensata y valiente del ex presidente de la Asamblea Nacional debe ser apoyada sin miramientos de ningún tipo, sin complejos y temores. Y sin mezquindad. Esa es la visión de un estadista comprometido con el país, y su destino. Es lo que hay que hacer. Y como bien dice Ramos Allup, “lo que tenemos son votos”, y como arroz.

El voto es el instrumento por excelencia del ejercicio democrático. Seguro es de esperar que haya voces agoreras que critiquen al distinguido dirigente Henry Ramos. Lo que sí es cierto es que el país no puede seguir entrampado en esas marchas y contramarchas, trancas y trancazos, heridos, muertos, destrozos, atropellos y violaciones de derechos humanos por parte de los órganos de seguridad del Estado. Es una lucha desigual y suicida. Sencillamente porque este régimen se apartó del sistema democrático. Es el terreno fértil y codiciado para dar rienda suelta a su vocación represiva y antidemocrática; y después acusar a la oposición de esos desmanes y delitos que ellos mismos perpetran a mansalva. Si se ha dicho que la salida es electoral, pacífica y democrática, lo menos que debemos hacer es ir a los procesos electorales que se avecinan. Los votos los tenemos, y muchos. Por eso lo relevante y pertinente del anuncio del diputado Ramos.

Ojalá que los demás partidos hagan suya esa decisión y se aproveche esta oportunidad para diseñar una maquinaria electoral capaz de desalojarlos de las gobernaciones, de las alcaldías y del Poder Ejecutivo. Eso sí, a punta de votos. Aplaudo la determinación de Henry Ramos Allup por haberle puesto el cascabel al gato, como buen estadista. Y al resto de la dirigencia que dejen sus complejos y temores porque el camino es el que ha señalado sin medias tintas, y con muy buen olfato político, el oriundo de Valencia.

A esta pandilla que detenta el poder no se le puede seguir haciendo el juego del diálogo, la paz, el amor y otras sandeces, que fastidiosamente cacarean en interminables cadenas de radio y televisión. De manera de que no es tiempo de recular y de adoptar posiciones eclécticas y timoratas que lejos de sumar restan. Y restan en desmedro y precariedad de la democracia y de los ciudadanos. Así que a los partidos, o mejor dicho, a sus voceros y líderes  les llegó la hora de hablar claro y sin miedo. Es tiempo de abrocharse el cinturón y palpárselas.

Debemos recordar en esta hora menguada al gran estadista británico Winston Churchill, primer ministro para la época, quien en plena Segunda Guerra Mundial les dijo con arrojo y entereza a los ingleses “…nada puedo ofrecer aparte de sangre, sudor y lágrimas…”. A los líderes de aquí les toca emular a ese gran político y líder mundial. A qué le temen… Vamos todos a votar. Ese es el camino, el camino para reconquistar nuestra democracia y hacerla perfectible para que nunca más alcancen el poder malandros encapuchados de mesías golpistas.

alvarodlozadam@yahoo.com