Opinión

Hacia el desmadre

Los observadores no entienden la estrategia de Nicolás Maduro, los deja con la boca abierta Delcy Rodríguez, la canciller más original que haya conocido país alguno, vuelve una riña callejera la política internacional. Los propios aliados del chavismo tratan de olvidar el último bochornoso incidente de Delcy, su intento de entrar a una reunión a la que no estaba invitada. Ella supone, sin duda, que lo suyo era una conducta revolucionaria, pero se comportaba como una malcriada. Es patético ver a los propios amigos de Maduro echándole tierra a este episodio tan rocambolesco. ¿Qué tiene Delcy en la cabeza? Quizá esa sea una pregunta tonta. A Delcy en realidad no le ha ido tan mal; hasta Maduro la aplaude.

Si Maduro quiere llamar la atención lo logra, pero así no se llega a ninguna parte. El difunto Chávez prefería imaginarse a sí mismo como un verdadero revolucionario. A su vez, un Fidel Castro siempre ha tratado de conservar un poco de dignidad. Maduro no sabe hacia dónde va.

Nos resistimos a admitir que el país no marcha hacia ninguna parte; necesitamos darle una lógica, una razón de ser a este caos. Concluimos entonces que Nicolás Maduro, el Maquiavelo del siglo XXI, nos lleva al socialismo. Los que creen en un plan siniestro también deberán admitir que el propio Maduro no conoce el rumbo por el que avanza la nave del Estado. Maduro no es el Maquiavelo del siglo XXI, sino un ciego que marcha velozmente con los ojos cerrados. Además, lo hace con gran entusiasmo, indiferente a las encuestas, a los consejos que le llegan de La Habana. Sus aliados cubanos están asustados con Nicolás.

¿Podría cambiar de rumbo Maduro? Nooooo.

Quizá alguna madrugada, después de horas sin dormir, angustiado, llega a la verdad. Venezuela no se dirige a ninguna parte pero, y esto es lo peor: Maduro no rectificará el rumbo.

El socialismo del siglo XXI sirve para dar discursos, para criticar al sistema desde la oposición, escribir artículos, citar al difunto Hugo Chávez, pero las enseñanzas de Chávez no ayudan a comprender este mundo ni lo que sucederá mañana. Chávez le dejó solo una herencia a Nicolás Maduro: la ceguera. El chavismo se reduce hoy al arte de cerrar los ojos repetir discursos y confiar en milagros, como hace Maduro.

Nuestro inefable Maduro inicialmente dio 3 días de plazo para recoger billetes de 100 bolívares, con el pretexto de que almacenan papel moneda para desestabilizar la economía. Ordenó cerrar fronteras para combatir “mafias colombianas”, La propia María Ángela Holguín, canciller de Colombia, pidió dialogar con comerciantes de frontera perjudicados por ese cierre, ya que cada día entran a Colombia 50.000 venezolanos para adquirir comida y productos que no encuentran en su territorio.

José Guerra denunciaba: “No existe manera de cambiar 6.112 millones de piezas en oficinas de bancos públicos, por moneda que no se sabe si está acuñada, y billetes que ya están emitidos. Este proceso dura unos 45 días.

Según Asdrúbal Oliveros el dinero que está en la calle representa 800 millardos de bolívares; es decir, 67% del valor del efectivo que tiene la economía.

Nos aproximamos aceleradamente hacia el desmadre, a toda vela, sin detenernos para reflexionar, amparados únicamente por la renta petrolera que ayer le trajo prosperidad a Venezuela y hoy sirve para ganar tiempo, como lo comprobamos en una visita a Maracay. La democracia mantenía la Autopista Regional del Centro en perfectas condiciones, hoy está llena de baches, descuidada y sucia... Es una imagen exacta del país. Ojalá que el año nuevo sea vida nueva. Pero es poco probable, casi seguro que el año nuevo será vida vieja, por lo menos, los primeros meses.