Opinión

“Guerra buena y fácil de ganar”

China reaccionó con su clásica mesura al anuncio del presidente de Estados Unidos de imponer aranceles a las importaciones de acero y aluminio efectuado hace pocos días. La poca estridencia forma parte de las actitudes culturales del gigante asiático y ella se practica en cada uno de los terrenos del accionar privado y público.

Al mensaje proteccionista lanzado al mundo a través de un trino digital del hombre más poderoso del mundo, fue el ministro de Exteriores chino –no el mandatario de la gran potencia– quien reaccionó con frialdad y ni siquiera lo hizo por boca del jefe de la cartera.

Fue la portavoz del despacho, HuaChunying, quien advirtió del peligro que entraña que otros países pudieran adoptar medidas similares. La funcionaria alertó al reto de los países que si otros actores siguen sus pasos, ello dañaría el comercio internacional. Su más grave reflexión y la más contundente fue que la recuperación económica internacional a la que el mundo asiste es aún precaria e inestable, por lo que existe la obligación de todos los actores de no vulnerarla, Estados Unidos el primero.

Con ello, en lugar de meterle el dedo en el ojo a Estados Unidos, lo que quiso hacer China fue echarle leña al fuego de las reacciones adversas que sí se produjeron a lo largo y ancho del planeta de parte de los países socios comerciales de los americanos, a los que estas medidas impactan en el corazón de sus negocios internacionales.

La realidad es que China, que es el primer productor de acero del mundo, apenas coloca en las costas americanas una mínima fracción de su producción: 2%. No era China el objetivo principal del acto proteccionista americano.

Pero ni a Europa, ni a Canadá, con los que Donald Trump desea mantener y cultivar buenas relaciones, el tema los dejó indiferentes.

Las razones y argumentos llovieron en contra del desatino del presidente Trump desde la sede del gobierno canadiense y de la Unión Europea. Estos han considerado este gesto un movimiento unilateral inaceptable y se aprestan a establecer medidas compensatorias. Para nadie es un secreto el efecto perverso que esta política norteamericana tendrá en países en los que la industria siderúrgica y la del aluminio representan una importante fuente de trabajo: Brasil, Corea y Francia son casos elocuentes. Los sindicatos de trabajadores de estos también recibirán una mano de apoyo del lado chino.

Es a estos países a los que China se ha estado acercando para establecer vínculos comerciales bilaterales más sólidos, al tiempo que estimula inversiones unilaterales; y mientras utiliza la torpeza de Donald Trump para crearle un ambiente poco amable en el seno de los gobiernos de los afectados. Es que entre compensar y retaliar en materia comercial internacional hay un gran trecho y es allí donde el término “guerra” entra a jugar y donde los chinos jugarán una carta determinante, con su tradicional y parco estilo.

Donald Trump hizo dos aseveraciones cuando anunció que dictaría las medidas comentadas más arriba. Dijo que esta sería una “buena guerra” y que sería “fácil de ganar”. La guerra buena está a punto de desatarse, no cabe duda. Ganarla va a depender, esta vez, de un actor no previsto en el reparto: China.