Opinión

Guardaparque

Invitado

Rafael E García Peña

Hombre fuerte y persistente

zamarro y muy llanero

 siempre pensó que el guardaparque

 está en la escala primero

Guardaparque - Miyel Rodriguez

No es cosa fácil trabajar con problemas ambientales sin considerar el campo de lo político, sobre todo en tiempos donde se hace tan necesaria una abierta discusión sobre las demandas de la sociedad de elementos de la naturaleza, como el agua, alimentos y plantas medicinales. Sin embargo todo el paisaje natural queda minimizado frente a los requerimientos del recurso hídrico que ha vivido el país. Es un tema que se ha reducido a los 'bajos' niveles de lluvias, al nivel del espejo de agua en los embalses, a la rotura de alguna tubería o la incompetencia institucional.

La conservación de los recursos naturales no es un asunto nuevo. Ya en 1936 Henri Pittier, botánico y con profundos conocimiento de la naturaleza del país, se encontraba sumergido en algunas reflexiones que vienen al caso: "...reflexiones a menudo amargas, provocadas por los incidentes de la ruta a través de la Cordillera de la Costa...Pasé cerca del gigantesco hotel de Rancho Grande, cuya construcción se había paralizado a consecuencia de los tremendos deslizamientos producidos por los imprudentes desmontes...empecé a notar desmontes nuevos y a oír distantes rumores de una insólita actividad en esos bosques hasta entonces sagrados por ser dominios del Dictador...De regreso a Caracas, hablé con varias personas influyentes acerca de la necesidad de preservar esos bosques de la destrucción, pero a la sazón desperté poco interés ...Entonces escribí al General López Contreras, Encargado de la Presidencia, insistiendo sobre la importancia de hacer inenajenables todos aquellos bosques que se extienden de norte a sur entre las playas del mar y las llanuras de Aragua, y de oeste a este entre la línea fronteriza Carabobo-Aragua y el Pico de El Cenizo...No me hacía grandes ilusiones frente a ese atrevido paso mío, de modo que fue grande mi sorpresa  y satisfacción , cuando el 13 de octubre de 1939 salió el Decreto Ejecutivo, haciendo un Parque Nacional de todo el territorio descrito...".[1]

Pittier supo que el problema ambiental sólo encontraría una solución en la intervención de la política del momento. Y tras la justificación del parque nacional Rancho Grande (rebautizado más tarde en honor a Pittier), nacieron otros parques nacionales, entre ellos Guatopo, para proteger una gran extensión territorial destinada a surtir de agua a Caracas y a los poblados circunvecinos de Miranda y Guárico. Lo que significa que sin aquellos bosques de Guatopo el drama hídrico sería de mayores dimensiones. Pero acá no deseamos referirnos sólo a bosques y ríos. En otra contribución escrita para El Nacional –en septiembre del 2005– manifestamos que el parque nacional El Ávila (hoy Waraira Repano) se creó para detener el violento crecimiento que experimentaba Caracas en la década de los 50, cosa que el tiempo transcurrido a comprobado. Y entonces se gestó un parque nacional para frenar el avance urbanístico en áreas que precisamente por su fragilidad geológica no son aptas para la concentración y seguridad urbanas. Y en este punto recomendamos la lectura de un valioso documento que fundamenta el caso: "Caracas: Ciudad a Tres Niveles" (Ministerio de Obras Públicas, 1954). Y dando ahora un salto en el tiempo, en diciembre de 1999 Venezuela sufrió su peor desastre natural del siglo XX, acontecido en una tragedia ocurrida en las faldas de El Ávila y que afectó mayormente a las concentraciones urbanas ubicadas en áreas sujetas a lo que se puede catalogar como un fenómeno denominado "período de retorno", que considera el promedio en años para la ocurrencia de eventos ya conocidos, de igual o de mayor magnitud. Es que el acaecimiento de deslaves en la región ya había sido registrado e después ignorado.

Quienes trabajan con la conservación del medio natural saben que el desarrollo debe ir estrechamente relacionado con el conocimiento y uso adecuado de los recursos naturales, con los estudios encajados los procesos naturales y en la geología del lugar, y sobre todo con el cuidado de los medios que nos ofrece la naturaleza para el bienestar humano. Esto último incluye algo que hoy se define como 'servicios ambientales', concepto referido a lo que se nos ofrece desde la naturaleza, como las plantas útiles y medicinales, la regulación del clima, los valores estéticos o el apoyo al ciclo de nutrientes, entre varios otros. Porque en el fondo se trata de una relación que implica una doble dirección, porque donde se agotan los recursos se materializa una sociedad amenazada, y cuando  esos agotamientos se tornan extremos entonces ocurre la diáspora hacia otros entornos, hacia otros destinos y así se desarrolla un círculo vicioso. Lo trágico no es sólo la pérdida del lar sino además del arraigo, la pertenencia y buena  parte de la cultura. Ese escenario es lo que, por ejemplo, conforma una gruesa parte del drama de países como Haití, donde -y es cosa comprobada- la pobreza está estrechamente asociada a la degradación ambiental y a la pérdida de hábitats. De modo que se puede afirmar que la pobreza también va de la mano con agotamiento de los recursos y por ello vale decir que lo que sea bueno para la naturaleza se revierte en bondades para la sociedad.

Regresando ahora a la idea de lo difícil de abordar lo ambiental sin lo político, sirva acá un apoyo en el pensamiento del filósofo Inmanuel Kant, quien era de la opinión que "la naturaleza quiere irresistiblemente que al final sea la razón quien conserve el poder supremo". Porque se trata de un argumento de valor que ha pasado desapercibido cuando buscamos justificar la conservación de la naturaleza bajo formas legales de protección. Y esto es de mucha ayuda, cuando la opinión ciudadana anda mentalmente tan lejos del entorno natural, al centrar su accionar y pensamientos en las necesidades más inmediatas para hacer la vida tolerable, digamos, en  lograr suficiente comida, ropas, calzado y sobre todo seguridad personal. El problema es que el encierro de cada quien en sus problemas diarios acorta la mirada holística. Así que en general pocos ciudadanos echan una mirada hacia su entorno natural. Mientras que quien vive en el contexto rural –incluyendo a las sociedades ancestrales disociadas de sus tradiciones– recurre a lo que tiene a la mano y entabla una relación negativa con los recursos naturales, colocando un vínculo furtivo, ocupando con escasa conciencia ambiental espacios que todavía vibran por su estado prístino, en muchos casos conservados por medios legales para proteger los recursos que garanticen el futuro de la sociedad en general, afectando el interés común, el de todos.

Y como se trata de una vieja y conocida correlación, el Estado, como medida precautelar y para evitar aquellos excesos que incluyen la deforestación o la expoliación marina, la contaminación de las aguas, la cacería de especies en peligro de extinción o amenazadas, y para garantizar el objeto de la esencia de los espacios protegidos, materializó la presencia un cuerpo de guardianes dedicados no sólo a enfrentar las amenazas, un corps capacitado también para transmitir y concientizar a los usuarios sobre temas de interés común, digamos la historia natural del lugar, eventos climáticos e históricos, o sobre los servicios que presta la naturaleza a la sociedad.

Y ante el cuadro expuesto nos permitimos ahora mencionar algunos eventos que desdibujan la realidad en esas áreas legalmente protegidas, las primeras entre ellas contradictoriamente ejecutadas –en claro acto de anomia– por instituciones del Estado venezolano en perjuicio de la sociedad: 1.-  la reiterativa intención del Estado de alterar los linderos del parque nacional El Ávila, cosa pretendida en el año 2005 para construcción de viviendas. Tal asunto se acalló momentáneamente ante las continuas protestas de la sociedad civil organizada, pero que en el transcurrir del tiempo decayó en abandono la noble misión que todos debemos asumir para proteger el patrimonio natural del país, y así se desató una invasión nada oculta en ambas vertientes, en ambas caras de la montaña; 2.- la siguiente invasión fue oficial y realizada por la institución gubernamental 'Misión Vivienda' en el parque nacional Médanos de Coro –bajo la mirada complaciente de Inparques– y este fue un caso denunciado ante la Fiscalía Ambiental, mas el ente encargado  de la persecusión penal no se hizo eco y dejó pasar desapercibido un crimen materializado en la deforestación compulsiva de importantes hectáreas para construir una urbanización en el Sector Las Marbellas; 3) la construcción de viviendas por parte de efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana en el parque nacional Henri Pittier, caso ocurrido el diciembre del mismo 2011 y que, tenemos entendido, el delito ambiental fue detenido cuando ya los fundamentos para las casas habían fraguado; 4) por último, los homicidios de guardaparques ocurridos en diferentes parques, y para el caso sucedidos en los fallecimientos de Guillermo Medrano López, asesinado por sicarios madereros en Guatopo en noviembre del 2007, Eudis Requiva, asesinado por invasores en el parque nacional Macarao en julio del 2008 y Horacio Pérez Rivas, coordinador del parque nacional Morrocoy, asesinado por ladrones en febrero del 2012 [2].

El 13 de febrero se celebra el día del guardaparque, una fecha que limita su resonancia en los círculos de la conservación del patrimonio natural, cosa que nos mueve a propagarla bajo un clamor urgente que procure el apoyo consciente a estos honorables defensores del patrimonio natural venezolano. Hoy, bajo un proceso político que no se orienta a enaltecer los temas ambientales y en el que se han cerrado las posibilidades para lograr soluciones a la impactante devastación del patrimonio natural, nos apremiamos a dejar constancia de la existencia y mérito de esa “delgada línea verde” que conforma el cuerpo de guardaparques de Venezuela, esa tenue muralla que pone en riesgo su vida para separar a los furtivos de los recursos naturales en peligro.

Fuentes consultadas

[1] Artículo de opinión publicado en El Nacional el día jueves 10 de junio de 1948, y reseñado en la obra de Francisco Tamayo (1985) Imagen y huella de Henri François Pittier 1853/1950. Intevep. Centro de Investigación y Desarrollo de Petróleos de Venezuela. Caracas, 173 pp.

[2] http://www.guardaparques.org/home/guardaparques/memorial/caidos-en-servicio