Opinión

GNB: violencia e impunidad como política de Estado

El lunes 20 de junio se produce el asesinato del joven estudiante Fabián Urbina por parte de un efectivo de la GN, en medio de manifestaciones violentamente reprimidas en la Francisco Fajardo, a la altura del distribuidor Altamira. A la pérdida de otra vida, al continuo exterminio del futuro del país por parte del gobierno nacional, se suma ahora la evidencia incontestable, captada por diferentes medios, del uso de armas de fuego en el control de manifestaciones por efectivos de este cuerpo, terminantemente prohibido por la ley.

Horas después, el ministro de Interior publica unos tweets: el asesinato de un joven no merece una rueda de prensa, una aclaratoria al país, un pésame a los familiares. Allí se acusa a los manifestantes de la violencia que ha producido esta muerte y se argumenta la responsabilidad individual de los dos funcionarios involucrados, que parecen haber actuado por su cuenta. Estas afirmaciones se dan luego de reportes en los centros de Salud de Chacao y Baruta de varios heridos por perdigones y tuercas, a causa de la GN.

Sobre todo, estas afirmaciones se dan después de casi tres meses de protesta, luego de docenas de actuaciones excesivas, criminales e ilegales por parte de la GN, en un contexto de conflictividad, represión y muerte en la que este cuerpo está teniendo un lúgubre protagonismo.

La Guardia Nacional ya es reconocida por la inmensa mayoría de los venezolanos como el cuerpo de represión del Estado. Las continuas violaciones de los derechos humanos y el uso de fuerza letal en la represión de las manifestaciones los han desacreditado y generado un rechazo creciente por parte de la colectividad. Esto se suma a la permisividad que ha demostrado ante la acción de grupos paramilitares durante la protesta y la vinculación activa de integrantes de esta fuerza (en rangos bajos, medios y altos) a bandas criminales y redes de corrupción.

La actual GN materializa en su quehacer y discurso todas las fallas y perversiones crónicas que hemos padecido en Venezuela con los cuerpos de seguridad y que el actual modelo de poder, auspiciado por el régimen, ha llevado a niveles inéditos y ya insoportables para los venezolanos. La GN es un cuerpo supuestamente público al servició de un grupo particular en el poder, que actúa sin ningún control de otras instituciones del Estado, que mantiene un discurso permanente de criminalización de la víctima, que realiza acciones infringiendo directamente la ley en unos casos ordenadas por los mismos líderes que la comandan y en otros desconocidas o restándolas importancia frente a la opinión pública por los mismos. Sobre todo, al contrario de establecer vínculos de confianza y credibilidad con la ciudadanía que dicen proteger, actúan como verdaderas fuerzas de ocupación o ejércitos invasores, violando derechos humanos y volviéndose otro factor más de peligro y amenaza allí donde operan.

En otras oportunidades hemos denunciado en este espacio los desmanes y crímenes cometidos por las OLP. Reproducen, en el contexto de la “lucha contra la inseguridad”, las mismas violaciones de DH, la misma criminalización de las víctimas y el mismo hostigamiento a comunidades, que estamos viendo ahora en el contexto de la represión a la protesta.

Esto debe llevarnos a la denuncia: el actual régimen implementa una política de Estado de violencia e impunidad en contra los venezolanos, instrumentalizada a través de cuerpos seguridad y parapetada detrás un fraudulento discurso de lucha contra la inseguridad, el terrorismo o la insurrección.

Las repercusiones de esta monstruosidad la estamos sintiendo ahora en el asesinato de tantos venezolanos en manifestaciones y operativos. Representará una amenaza cierta e inmensa para la convivencia en nuestro futuro. Hacemos un llamado urgente a quienes integran estos cuerpos a que tomen conciencia del inmenso daño que están causando a los venezolanos, la institución a la que pertenecen, y al futuro del país.

Un guardia nacional usa una pistola contra un joven que protesta y lo mata. No es un error o un caso aislado. Es una política de Estado asesina que está disparándole en el pecho a Venezuela.