Opinión

Galipán: ¿parque nacional o mirador de fiestas?

Oscar Shariff Hernández

Para los que vivimos en la ciudad de Caracas, el Ávila es nuestro pequeño tesoro. Un bosque montañoso en la ciudad, declarado parque nacional en el año 1958 y a todos los habitantes de la ciudad capitalina nos afecta cuando lo vemos lastimado.

He venido observando como los fines de semana en la cima del Waraira Repano, en el pueblo de Galipán, los visitantes en camionetas 4x4 festejan sobre uno de los principales miradores y vías de tránsito para llegar al pueblo.

Aunque no descartamos que existen servicios establecidos para hacer eventos y celebraciones, no se puede permitir que las áreas verdes de tránsito y zonas de protección medioambiental sean lugar para que los visitantes festejen fuera de los horarios establecidos por el parque, probar la potencia del sonido de las cornetas de su vehículo, beber alcohol y fumar sin control en el parque, y hasta ver como en cada grupo hay espectáculos de bailes, gritos y drogas.

Obstaculizando una pequeña carretera de montaña con dos canales de vehículos estacionados celebrando y trancando la circulación regular del paso, estos visitantes recurrentes han creado un problema de congestión todos los fines de semana en la cima del Ávila, afectando el tránsito regular de los galipaneros, donde la fiesta es prolongada hasta altas horas de la noche.

No hay cuestionamiento en que esto está afectando la paz de la naturaleza, generando impactos no controlados sobre el medioambiente y sin respetar los mínimos principios de convivencia de los habitantes de Galipán. Directamente influye sobre el desarrollo turístico y agrícola de la zona y el cuidado adecuado que requiere el parque nacional.

A simple vista se nota el aspecto de nuevorriquismo en los personajes, sus escoltas, acompañantes y posibles chapas que imponen poder sobre los guardias nacionales que resguardan el parque, opacando su capacidad de autoridad en el lugar, donde un residente de Galipán nos expresa cómo a través de sobornos a la Guardia Nacional permiten el acceso fuera de horario a estos vehículos, sin ningún control de lo que llevan y consumen. Pero sí se toman el tiempo para molestar a los residentes y regulares visitantes que cumplen con el horario y que sí generan aportes a los servicios turísticos regulares de la zona.   

No poder controlar un parque nacional y hacer cumplir sus mínimas normas es un reflejo de cómo está el país, sus instituciones y los que los representan. La anarquía que se vive hoy en las calles es un reflejo de lo descarrilado que está todo el sistema que nos gobierna y regula a los ciudadanos que vivimos en Venezuela.

El Ávila es el pulmón vegetal de la ciudad, el Ávila es la frescura que caracteriza Caracas, el Ávila es contacto directo con la naturaleza, el Ávila es un escape de la adrenalina diaria, el Ávila es la flora y fauna que la habita, el Ávila es el futuro de esta ciudad.

Todos, sus usuarios, visitantes, habitantes y autoridades tenemos el compromiso de cuidar el Waraira Repano y no permitir que actividades irregulares como esta se ejecuten públicamente y ante quienes ejercen su autoridad.  

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