Opinión

La fulana propuesta Miraflores-MUD

Alicia Freilich

Ofende, humilla, considera que el venezolano promedio es tan ignorante, bruto y deshonesto como muchas fichas de su dirigencia, la gubernamental y disidente por igual.

No hace falta ser jurista ni político de oficio. Basta y sobra un poco de sentido común o ser lector adicto a las novelas policiales, en especial a la clásica y siempre certera Agatha Christie, o disfrutar la filmografía de Cantinflas, para entender que la llamada popularmente criminal Mano Negra o Peluda, en este caso compuesta con mediadores sospechosos, se toma el tiempo para entre líneas legalizar, legitimar, autorizar, apuntalar lo ilegal y lo ilegítimo, o sea, darle estatus pactado al régimen militarista que hoy somete a Venezuela. Porque ese llamado cínicamente “Tribunal Supremo” y para colmo “de Justicia”, ocupa su actual lugar apócrifo de máximo juez, producto de una conspiración, un golpe seudojurdíco, una fechoría de obvias trampas, triquiñuelas que a su vez legitiman la Constitución violada por ellos mismos.

Es, además, una muestra de la desesperación milicivil chavista frente a la verdad verdadera que los atemoriza. Al igual que en el caso de las FARC y de la propia Cuba castrista, ante el vacío que significa no poseer pueblo ni dinero para chantajearlo aparentan, en el “país del simulacro” tan bien pensado y explicado por José Ignacio Cabrujas, que son hermanitas cristianas, caritativas y comprensivas de la paz y la concordia mientras prohíben la manifestación general multipopular del 23 de Enero enrejando a Caracas y a las capitales estadales con un ejército represor, secuestran a miembros de la Asamblea y siembran armas bélicas a dirigentes de los partidos que comandan la disidencia para justificar su encarcelamiento, amenazan con romper puertas y ventanas para apresar a quien no los obedezca, en especial a los empleados públicos.

La MUD tiene sus días definitivamente contados y su nombre manchado históricamente si de nuevo sucumbe ante las diestras y siniestras maniobras de quienes produjeron la ruina republicana democrática desde una dictadura que reúne prácticas del castrismo y de la más tenebrosa derecha que cubrió de sangre inocente el sur continental hace pocos años. Hoy por hoy la sufriente sociedad venezolana repudia el sistema militarista uniformado en verde oliva, franelas coloradas recubiertas de guayaberas caribeñas y gorros rojitos. Los totalitarios son maestros expertos, especialistas, en jugar con el tiempo. Lo dilatan, lo estiran, lo tejen a la medida de sus necesidades y apremios. Si los dirigentes mudistas no han captado esa evidencia, por demás muy clara en las calles, ya no merecen llamarse líderes ni dirigencia opositora.

Esta es una simple impresión pero a su vez convicción profunda que quien, tal como lo advierte al comienzo de esta nota, es una ciudadana que capta más por vieja lectora que por sabia. Los juristas y abogados constitucionalistas auténticos tienen la obligación de alertar a la población, con clara, sencilla rapidez, de una vez por todas, sobre este diabólico texto y explicar puntualmente cómo deben rechazar constitucionalmente cualquier mandato que traicione sus consagrados derechos.

El populismo militarizado, presunta paloma de la paz, implanta zancadillas que pueden ser perfectas si sus víctimas no reaccionan. Asume el papel de juez o jurado, engaña con manipuladas leyes, para que el propio inocente condenado firme su sentencia de reo culpable para siempre sometido a prisión nacional.