Opinión

Fracasa la MUD, triunfa Maduro

La resurrección política de Maduro nos hace recordar a don Juan Tenorio, de Zorrilla, pues nos aterrorizan los aldabonazos postreros con que golpea la puerta la mano enguantada del Sebin y del comendador fantasmal. Y más aún que su mano golpeadora nos aterroriza el que “esa aldaba postrera/ ha sonado en la escalera”. Pero todavía más terrorífico y aterrorizante nos parece que “los muertos se filtren por las paredes” y nos lleguen cantando y hablando en los noticieros de televisión; parece que ha venido mediante peregrinaciones del alma en auxilio de Maduro manejando los hilos de la política vernácula, de tal modo que la MUD cometa errores incomprensibles para reportar beneficios al hombre de Miraflores, a quien la MUD resucitó políticamente. Es un aldabonazo político que tendrá repercusiones en nuestra vida política y no tiene explicación racional sino fantasmal y crematística.

Pero se equivocan quienes piensan que el desprestigio de la cúpula de MUD, la decepción generalizada por su actuación, su incapacidad para transformar una victoria electoral incuestionable en un cambio político sustancial del acontecer nacional, pueda resultar en un apoyo electoral a Maduro, aunque ahora los fracasos de la MUD se noten como triunfos del gobierno. Otra cosa es el deep people (pueblo profundo). Cunde en él ansiedad, casi desesperación por tantas dificultades, cada día es más opositor, pero no volverá a proporcionar una avalancha de votos a la MUD, por lo cual el gobierno saldrá airoso ante la masiva abstención, aunado a que el CNE ha cerrado las puertas a nuevas organizaciones políticas que se organicen seriamente y puedan llegar a representar una alternativa válida ante el desastre gubernamental y el ausentismo de la MUD de sus principales partidos.

Tal como habíamos dicho en artículos pasados acerca del desplome petrolero, el país que puso a caminar un hombre en la Luna logró tecnológicamente reducir los costos de producción de esquisto para adaptarse a la nueva estrategia de OPEP y continuar con su ansiada política de independencia energética, ocasionando que los precios internacionales comiencen otra vez a declinar con desastrosas consecuencias en países productores, máxime en aquellos rentistas en extremo, como el nuestro, a causa de políticas ideológicas erradas, que desaniman la inversión privada, acosan el panorama de los negocios, lo que desemboca en una dependencia mayor del oro negro, contradictoriamente con el objetivo de lograr diversificación y competitividad nacional, que está pendiente, desde 1937, en la tesis del Partido Democrático Nacional.

Por eso, el producto interno bruto (PIB) cae espantosamente (-12% calculé el año pasado y se logró, aunque hay quienes dicen que es -18%), la inflación llega a 700% y será superior en 2017, apenas se produce aquí 30% del consumo nacional, se desestimula al productor por el latrocinio existente con la importaciones; bajan reservas del BCV al disminuir precios petroleros, y pésima utilización de las mismas; se acrecienta la deuda pública, cuyo servicio se cumple en gran parte con nuevos endeudamientos muy onerosos, debido a la desconfianza reinante y al cierre para Venezuela de los mercados financieros internacionales.

Estamos internacionalmente cada vez más aislados tanto en Latinoamérica como en Europa; el Congreso de Estados Unidos ha tomado una posición más beligerante, pero pienso que el Ejecutivo está tan ocupado con sus problemas internos y su aislamiento internacional que favorece a Maduro, creo funcionará la conexión rusa de Trump a favor de aquel, para no molestar su actuación, las más de la veces con un lenguaje inapropiado (utilizando palabras violentas como nazismo, fascismo, extrema derecha); cunden el desempleo, las migraciones vergonzosas, puesto que países receptores, sobre todo vecinos, nos desprecian, tal vez porque pensarán que es un acto de cobardía evadirse y no enfrentar al desgobierno, que atenta contra los bienes, la vida, la libertad, los derechos civiles, propiedades innatas del ciudadano. Lo despoja reduciéndolo al esclavismo. Es lo que pasquines oficiales vocean como “radicalización del proceso”.

Ante este panorama tan sombrío, escalofriante, ¿cómo es posible que la MUD no tenga un programa? Siempre hemos insistido en esta insuficiencia y lo acaba de ratificar el antiguo secretario ejecutivo de la MUD, Jesús Torrealba. ¿Acaso no genera eso más desconfianza? Con razón los capitostes presuntamente opositores se dedican a politiquear, a buscar cómo incrementar el patrimonio, que ya muchos han logrado con depósitos del desgobierno en paraísos fiscales; no se preocupan por la escasez, pues les llevan disimuladamente bolsas de comida, así como a los del gobierno. ¿Es esto serio? ¿Representa la MUD el futuro para encauzar al país por una senda de prosperidad? Evidentemente, no. Sería, quizá, peor, junto con la inexperiencia de estos jóvenes, lo que complicaría más el destino nacional. Si no han sido capaces de administrar el capital político emanado de las elecciones parlamentarias, deducimos el caos desde el gobierno, inestabilidad crónica, que llevaría a un país inviable definitivamente, durante algunas generaciones.

Por ello, en bien del país, como ya Maduro no rectificará ni la MUD tiene programa, viable política y financieramente, es preciso una organización a la cual acudan venezolanos preparados, que los hay, con experiencia, honrados, para presentar al país una alternativa programática, un liderazgo serio y razonable. Mi experiencia me indica que sí es posible rápidamente redactar líneas de acción gubernamental, políticas públicas con su formulación jurídica, para cambiar de rumbo y crear la indispensable confianza estabilizadora del país políticamente y evitar los nubarrones económicos que provocan la carencia de una acertada política integral.

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