Opinión

Florecer lejos de casa

El tema de la partida, huida, diáspora o emigración de los venezolanos ha sido objeto de múltiples estudios estadísticos e investigaciones. El asunto también ha sido tratado en varios libros. Todos esos trabajos son de gran interés actual pero, además, serán de obligatoria consulta para quienes en el futuro se ocupen de la materia en el campo histórico y político.

Florecer lejos de casa es una obra reciente en formato digital, patrocinada por la Fundación Konrad Adenauer, la cual acabo de leer. Como se señala en la presentación de dicho trabajo, el proyecto ha buscado darle voz a la diáspora de los venezolanos para que sean ellos quienes cuenten lo que les ha tocado vivir o conocer. Con ese propósito se seleccionó a un pequeño grupo de reconocidos periodistas y escritores nacionales para que hablen de sus respectivas experiencias.

Las crónicas fueron hechas por esa élite muy bien formada en el arte de la buena escritura –lo que da al libro un intenso aire literario que hasta el más exigente lector sabrá apreciar–, y en ellas se abordan las cuitas personales o las que se han conocido directamente de otros compatriotas, así como aspectos del fenómeno que pocas veces nos detenemos a considerar.

El texto introductorio, elaborado por Ángel Arellano, coordinador del proyecto, es un exquisito abreboca que nos prepara para lo que leeremos después.

Por las limitaciones de espacio que esta columna tiene solo nos referiremos, de forma somera, a tres de los catorce trabajos que integran el libro.

Carolina Acosta Alzuro (1968) es la decana del grupo. Esta ingeniera en computación, pero además magíster en Arte y Comunicación de Masas y, adicionalmente, doctora en Comunicación de Masas por la Universidad de Georgia, es la autora de Venezuela es una telenovela, entre otros libros. Actualmente es profesora titular de la Universidad de Georgia. Ella se marchó del país en noviembre de 1993, cuando el clima político y económico comenzó a enrarecerse. Su plan principal era doctorarse allá. Pero venía con frecuencia a reunirse con la familia y a trabajar en sus investigaciones sobre la novela venezolana. En el año 2013 empezó a sentir que todo cambiaba en el país. Se percató entonces de que el motivo de sus estudios en Caracas comenzaba a declinar. Pero siguió viniendo a Venezuela a pesar del avatar que afectaba hasta lo más simple y cotidiano de la vida. En el ínterin ella y su familia obtuvieron sus green cards. Once años más tarde les concedieron la nacionalidad norteamericana y, lo más importante, esa circunstancia no les impidió mantener la venezolana. Lo demás tienen que leerlo en su hermosa crónica que lleva por título “Afuera y adentro”.

Eduardo Sánchez Rugeles (1977) es un talentoso escritor, licenciado en letras y también en filosofía, y además magíster en Estudios Latinoamericanos. Autor de exitosos libros como Blue Level/Etiqueta Negra y Transilvania Unplegge, entre otros, fue galardonado con el Premio Iberoamericano de Novela Arturo Uslar Pietri. Sánchez Rugeles realizó una importante labor investigativa para abordar el fenómeno de los emigrantes venezolanos en España, cuyo número es significativo. Entre otros aspectos de interés resalta que los problemas de fondo de la sociedad española pasan desapercibidos para los venezolanos que llegan allá. Sencillamente el orden y buen funcionamiento de la vida social española resultan impresionantes, lo cual brinda una sensación de bienestar. Curiosamente, ese mismo orden y buen funcionamiento suelen ser inadvertidos por los propios españoles. Otro tema del que se ocupa es, curiosamente también, el del idioma. Al respecto nos dice que en España existe la tendencia a pensar que el castellano, el verdadero castellano, es de propiedad ibérica, motivo por el cual muchas de nuestras expresiones son consideradas allá como desviaciones del modelo original que es el español de España. Inevitablemente el aprendizaje de la “nueva lengua” termina siendo un proceso que se consolida con el tiempo. Al final –dice Sánchez Rugeles– “se pierde el acento, se adopta el nuevo vocabulario; la resignación a las circunstancias se afinca y se comienza a vivir con una ilusión bicéfala y un pensamiento bilingüe”. Esto último es sin duda un asunto del que no oímos hablar cuando leemos acerca de la emigración venezolana a España y los demás países de habla hispana. En este trabajo no hay desperdicio alguno.

Héctor Torres (1968), escritor y promotor literario, autor de El amor en tres platosLa huella del bisonteCaracas muerde y La vida feroz, entre otras publicaciones, es el único del grupo que vive en Venezuela y escribe sobre el tema desde la atalaya del que no se ha ido pero reflexiona sobre el drama que hoy arropa al país. Torres inicia su recorrido hablándonos de las olas de extranjeros que llegaron a Venezuela en el curso del siglo pasado, en búsqueda de una vida mejor. Entonces nuestra tierra ofrecía algo de su riqueza petrolera y estabilidad política. Pasaron muchos años y el panorama se revirtió cuando el populismo revolucionario hizo acto de presencia. Inmediatamente comenzó un drama que nadie llegó a imaginar: el regreso de muchos de ellos y la partida de los que solo conocían el tema a través de las noticias de prensa que leían de otros países afectados por el terrible fenómeno. Con esa vena Torres se adentra en la trama que hoy vivimos.

Hubiese querido dedicarle también unas líneas al emotivo texto de Gisela Kosak (novelista y ensayista) y a la maravillosa historia de Manuel Llorens (psicólogo), así como a los impecables escritos de Paola Soto, Mireya Tabuas, Heusli Rahn, Alexis Castillo, Jefferson Díaz, Salvador Passalacqua, María Eugenia Rodríguez y Tamara Taraciuk Broner. Pero necesitaría de mucho más espacio para hacerles justicia. A todos ellos mi más sincero reconocimiento.

Para terminar quisiera insistir en la pertinencia de leer este libro y, además, agradecer a la Fundación Konrad Adenahuer que lo hayan publicado en formato digital para ser leído de forma gratuita a través de las redes.