Opinión

First man o lo que el hombre llevó a la Luna

En el mes de octubre mostramos nuestra inmensa expectativa ante el estreno mundial del biopic sobre el primer hombre que pisó la Luna, al publicar un artículo en el Wall Street International Magazine titulado “La carrera espacial en el cine” (20 de octubre de 2018). Nos alegrábamos ante el hecho que la historia de los viajes al espacio –tan poco atendidos en el pasado– fueran desarrollados por directores de prestigio como es el caso de Damien Chazelle (Whiplash, La La Land). Las expectativas han sido satisfechas en parte, al disfrutar de una buena obra que nos lleva a ponernos en los zapatos (botas espaciales, sería mejor decir) de su principal protagonista. No solo fue el esfuerzo del “gran salto de la humanidad” sino el reto y el coraje del que dio el “pequeño paso” que cambió la historia.

El filme nos atrapa en sus primeros cinco minutos mostrándonos lo que será su perspectiva de los hechos: la relación del hombre con las máquinas que logran cruzar las nuevas fronteras. El uso del primer plano y primerísimos planos del rostro del protagonista, pero también de los muchos instrumentos de la nave, nos hace vivir con él la tensión que representa viajar en el avión cohete X15 hasta el límite espacial de la atmósfera. Todo es ruido y temblor como si fuera a desarmarse, y podemos ver lo que este mira porque se refleja en el vidrio del casco de astronauta (nos recuerda, junto al uso de la música clásica en las imágenes de los cohetes en el espacio, 2001: Space Odissey, 1968) pero también se nos muestra la ventana frontal de la nave justo en el momento en que puede ver la circunferencia de la Tierra; y entonces todo el ruido y la tensión se disipan, y este se torna maravillado y contemplativo ante el espectáculo del espacio. Estamos en 1961 y la narración nos llevará saltando en ciertos hitos hasta lo que todos esperamos y conocemos de antemano: el año 1969 y la llegada a la Luna.

El género es histórico pero desde la perspectiva del biopic, de manera que se van intercambiando escenas de su vida junto a su esposa e hijos y los pasos que dio hasta llegar al Apolo XI. Se hace énfasis en cómo la tragedia lo hace extremadamente introvertido pero no por ello un gran ingeniero y piloto, y es esto último que llevará a su elección como comandante de la primera misión a la Luna. Al ser un biopic el peso está en la actuación de Ryan Gosling, pero en ello creo que hay sobreactuación. A diferencia del papel de su esposa representada por Claire Foy (serie The Crown, 2016), la cual logra transmitir una mujer de temple que soporta las ausencias en el hogar y la frialdad del astronauta. Es por ello que Foy es mi primera candidata al Oscar como mejor actriz de reparto.

No se oculta la competencia y las tensiones que generaba la Guerra Fría entre Estados Unidos y la URSS, pero no se exalta el patriotismo, y es algo que se agradece. Poco aparecen las barras y las estrellas, y en especial en los momentos del clímax épico cuando se logran las metas que tanto esfuerzo han costado, esta brilla por su ausencia. De manera que se nos transmite la idea de que el mérito está en la humanidad y no en una sola nación. Hermosa narrativa que poco a poco se ha colado en varias de las películas del subgénero sobre la carrera espacial. Pero sí se nos hace ver cómo a pesar de lo loable de la empresa la misma padeció una gran oposición en la opinión pública. Quizás por ello no hemos vuelto a pisar nuestro satélite natural, y se ve tan lejana la llegada a Marte.

Al final el filme retoma la tradición cinematográfica que se ha desarrollado en este tipo de películas: la de vivir las angustias y sacrificios del héroe. En esto no hay una gran novedad pero lo hace muy bien, combinando una hermosa fotografía junto a un buen guion. Quizás por ello seguiremos esperando el relato en imágenes de la exploración espacial desde una perspectiva fundamentalmente científica. En todo caso aplaudimos que no se olvide este importante subgénero del cine histórico, al cual le damos una puntuación de 8 sobre 10.

Nota: habíamos prometido dedicarnos a una serie de tema espirituales por entrar en los tiempos del Adviento, pedimos disculpas por la dispersión y prometemos retomarlos la próxima semana.