Opinión

Fin de la democracia y la república

Con la convocatoria de la constituyente se plantea la sustitución definitiva del sistema democrático por un modelo dictatorial que busca sostener en el poder al actual gobierno. Es promovida de manera falsa e hipócrita por voceros del régimen como un instrumento, representativo del poder popular, para la paz y el diálogo. Maduro argumenta que resolverá problemas económicos, Cabello que justificará la represión ante amenazas conspirativas y Lucena que solventará la crisis política.

En la realidad la convocatoria se ha convertido en un nuevo factor de conflictividad, es desconocida y rechazada por casi 80% de los venezolanos, y en la práctica da carta blanca al grupo radical atrincherado en el poder para actuar sin control alguno, profundizando la crisis que su propio modelo destructivo y corrupto propicia.

La constituyente promueve la actuación “sin limitaciones” de fuerzas de seguridad, así como la regulación de medios de comunicación y redes sociales. Tiene carácter supraconstitucional, por lo que a pesar de que no abolirá la actual Constitución, podrá actuar por encima de ella, negándola y desconociéndola cuando se considere adecuado. La constituyente y sus integrantes podrá remover funcionarios electos y reemplazarlos, y sus atribuciones se superponen a las de alcaldías y gobernaciones, así como a la de los poderes públicos establecidos. Mientras funcione, en un tiempo determinado por los mismos constituyentes, no podrán efectuarse elecciones.

Con constituyentes pertenecientes al PSUV y elegida en condiciones completamente ilegales, representa en la práctica una forma de golpe de Estado. Desconoce de facto a la gran mayoría del país que rechaza al actual gobierno y genera una perversión de “marco legal” para oprimir y someter a esa gran mayoría.

Sobre todo, la constituyente habla de una visión de país que niega de manera violenta, criminal e irrespetuosa aspectos esenciales de la venezolanidad. Nuestro talante democrático ha sido fruto de un largo proceso histórico, en el que se han asumido necesidades de libertad, igualdad y superación, con nuestra diversidad y pluralismo cultural. El sistema democrático, con todas sus fallas e imperfecciones, ha permitido espacios de encuentro y diálogo, de interacción y desarrollo, en los que han podido participar todos los actores de nuestra sociedad.

El rechazo a la constituyente debe ser asumido por los venezolanos activamente. Para derrotarla es necesario movilizarse y participar de maneras no violentas y denunciar la amenaza que representa para nuestro modo de vida democrático. Además de manifestaciones  y protestas públicas, son necesarias asambleas en las que se discuta e ilustre con claridad la situación en comunidades y urbanizaciones. También podemos involucrarnos en iniciativas como los comités de defensa de la democracia, que permitan la articulación  entre diferentes actores sociales y la organización de agendas de protesta sostenibles y efectivas. Es también necesaria la difusión de materiales, impresos y digitales, en lugares públicos y redes sociales, que informen con pertinencia sobre las características de la convocatoria, los objetivos que realmente pretende alcanzar, y las consecuencias que tendrá para el país.

Rechazamos la constituyente de manera activa y denunciamos el atentado que supone al bienestar y futuro de todos los sectores de la sociedad. La constituyente supone el fin de la democracia. Y la democracia no es solo un sistema político abstracto, es un modo inclusivo y abierto de vivir y relacionarse, que hemos asumido porque responde a lo mejor de todos los venezolanos.

Coordinador de Movimiento Mi Convive

Miembro de Primero Justicia