Opinión

Eugenio Foz

No me extrañaría nada que estuviese usted pensando que alguien se había equivocado al escribir el título de esta columna. Probablemente se le haya pasado por la cabeza que el autor andaba despistado y no sabía lo que hacía. Pero déjeme decirle que no es así. No hay ningún error. Mire, a mí me parece que todos alguna vez hemos tecleado nuestro nombre en la red con curiosidad para ver qué decía de nosotros.

También lo hicimos (los que nos atrevimos a hacerlo) con miedo pensando que quizá encontrásemos algo desagradable, una foto en la que no salimos favorecidos, un documento olvidado o una referencia en un lugar en el hubiéramos preferido no estar.

El caso es que andamos un poco perdidos.

Mientras unos intentan perderse en algún tipo de droga –permitida o prohibida–, otros no dejan de buscarse a sí mismos en los libros y los cristales mágicos.

A mí se me ocurrió lanzarme al vacío de Internet sin protección de ninguna clase. Así que un día, en un momento heroico, tecleé mi nombre en Google y descubrí que era un artista de origen catalán, nacido en Barcelona en julio del año 1923 y consciente a la temprana edad de los 13 años de que quería ser pintor. A los 23 años me escapé al país vecino con un amigo. Viajamos los dos juntos y luego me quedé solo. Pinté decorados para obras teatrales y cuadros al óleo. Incluso realicé un envío de varias de mis obras a la capital de ese país americano, Venezuela, que no volví a ver. Durante unos años dibujé viñetas para diarios franceses como France Soir y Paris-Jour. Adoraba el paisaje de la costa de Normandía y allí retraté a mujeres e intenté pintar el mar.

Bueno, la verdad es que las ganas de ver mi propio reflejo en el espejo convencieron a mis dedos nerviosos de saltarse una letra con el resultado que, como ya habrá adivinado usted, es el de un artista de nombre y apellido semejante al mío, y que, en el supuesto de ser cierta la biografía para los dos, ahora estaría escribiendo estas líneas un viejo pintor de más de 90 años, y no un hombre como yo, de mediana edad, que apenas sabe francés y habla con acento gallego.