Opinión

Un estímulo para el cambio

Elio Pepe Trifance

La opinión de

El “caudillismo” o estructura hegemónica del poder en Acción Democrática, presunto mayor partido de oposición al régimen dictatorial bolivariano, ha salido al descubierto en toda su perversión con el espectáculo bochornoso ofrecido al pueblo venezolano y a la comunidad internacional en ocasión de la juramentación de sus gobernadores ante la asamblea nacional constituyente.

Sería una mentira afirmar que nos hemos encontrado sorprendido. Después de  haber sido promotor principal de la abstención en las elecciones a la Asamblea Nacional de 2011 y haber decidido la no participación por motivos jurídicos constitucionales al “nombramiento” de la asamblea nacional constituyente; en abierta contradicción con los postulados pregonados, la han reconocido con coherencia con la seudoestrategia adoptada, por la cual la tarea fundamental de la oposición ha sido favorecer el proyecto político y la permanencia en el poder del adversario.    

Ha sido un acto de servidumbre voluntaria al régimen dictatorial; no obstante, la sentencia de recusación del Tribunal de la OEA, a cuya jurisdicción el país queda sometido por los próximos dos años, aunque el Ejecutivo nacional haya declarado su salida de la institución.

Como era fácilmente previsible la imposición de la juramentación de los gobernadores a costa del desconocimiento y de la destitución, ha determinado en los componentes de la oposición la reacción esperada por el Ejecutivo, debido a la evaluación jurídica y política que habían emitido. La antigua práctica del divide et impera ha obtenido los efectos esperados, máxime cuando se piensa en las próximas elecciones para alcaldías y las ventajas que derivarían por la división del frente unitario de la MUD.

De modo que en los actos políticos internos de mayor significación de la última década que ha vivido la República, la estrategia de la oposición se ha reducido a la conservación de una representatividad pública de nivel inferior y periférico (gobernaciones y alcaldías), dejando el poder central completamente en manos del castro-socialismo-

narcotraficante-bolivariano.

Es un comportamiento que queda evidenciado. Una parte importante de la “sociedad política” se ha dedicado a la creación de alianzas escondidas detrás de la ficción de ser oposición, de pautas de conducta, como medio de subsistencia que enmascaran una corrupción latente o manifiesta y que ha explotado la buena fe de los ciudadanos venezolanos ilusionados, quienes han sido inducido a marchas, a “confrontaciones pacíficas”, que han producido muertos, heridos, presos políticos, en la esperanza de recuperar la libertad, los derechos humanos, un nivel de vida conforme con la dignidad del ser del hombre, una perspectiva de crecimiento y de progreso.

Frente a la conservación del conuco de poder y de la hipótesis de negocio se ha demostrado el nivel de cinismo al cual hace llegar el personalismo político, que no ha sido fruto del azar, sino la falta de ética, el desmoronamiento de la ideología sobre la cual se construyó un partido en defensa de la libertad y de la democracia, que había luchado contra las dictaduras de Gómez y de Pérez Jiménez, y que junto con Copei y los otros partidos con visión democrática había puesto al país en los senderos del crecimiento y de la superación individual y colectiva. Solo para hacer una referencia a nivel de administración del Estado, eso tuvo como referencia la “Tripartida”, que a pesar de múltiples errores se constituyó con la colaboración entre emprendedores y trabajadores con un gobierno promotor del crecimiento generalizado de la población venezolana.

De su parte, la “sociedad civil”, con el desempeño de las actividades económicas y culturales, ha intentado asegurar en las crecientes dificultades determinadas por el intervencionismo del Estado, lo poco que queda por la supervivencia mediante “el poder hacer y el saber hacer”.

Para enfrentar la crisis general que afecta a todos los venezolanos, pero en modo particular los de escasos o nulos ingresos, emerge la necesidad de constituir una interacción entre los movimientos políticos que todavía pueden encontrar motivos de unión y de acción compartida en la práctica de la ética y en los valores y principios de la democracia, para la recuperación del país.

Constituir e identificar un nuevo movimiento político social en el cual “los detentores legítimos” del capital físico y financiero: los medios de producción y los generadores del conocimiento; es decir, del saber hacer, produzcan para el país una proposición en la cual la estrategia política resulta integrada por una productividad capaz de generar el excedente para el empleo y el consumo, la repartición real de la riqueza y el excedente para conservar en el tiempo la continuidad del sistema productivo a través de la inversión.

Por supuesto, lo indicado es un proceso que presupone la participación integral e integrante de los trabajadores y de los miembros de la sociedad civil, que son la parte mayoritaria de los ciudadanos que con su voluntad política forman el Estado soberano y nombran el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo.

Asumir esta proposición significa calificar la responsabilidad subjetiva de la gerencia y otorgar significación objetiva para la construcción de una “renovada democracia”, en la cual la inclusión de las mutaciones sociales, de la economía, del régimen político y del trasfondo cultural confluyen en la complejidad política para sustanciar la capacidad de gobernar en paz y libertad para el desarrollo y crecimiento del país, con el respeto y reconocimiento de la comunidad internacional.