Opinión

La estafa de la fiscal

La fiscal de la Corte Penal Internacional, Fatou Bom Bensouda, sigue impertérrita ante los reclamos venezolanos para que ordene la apertura de una investigación sobre los crímenes de lesa humanidad que vienen ejecutando Nicolás Maduro y su pandilla. Mucho se especula respecto a tan insólita actitud. Las sospechas recaen sobre sus relaciones con Haifa el Aissami, la embajadora que Maduro tiene destacada en aquel tribunal, pero ahora se sabe de otra posible razón, la fiscal está muy ocupada en asuntos personales, y es que la tienen acusada de una estafa.

Fatou Bom Bensouda es nativa de Gambia, está casada con Philip Bensouda, medio gambiano y medio marroquí, y con quien tiene tres hijos; ella desarrolló su carrera al lado del feroz tirano de Gambia Yaya Jammeh, quien la tuvo a su lado en varios altos cargos del gobierno hasta que la propuso como fiscal adjunto en la CPI en un momento en que varios países de África ejecutaban fuertes protestas en la ONU porque la corte era la “justicia de blancos”, y entonces apuradamente la admitieron en el cargo recomendada, además, por el fiscal el abogado argentino Luis Moreno Ocampo, quien la conoció de manos del dictador Yaya.

El esposo de Fatou Bensouda, Philip Bensouda, aparece reseñado como empresario; sin embargo, no tiene empresa alguna, es más bien un gestor de alto nivel que gracias a la fiscal se mueve por el mundo con el pasaporte diplomático D0001999, dado por su condición de cónyuge de la fiscal, lo cual también utilizó para que le adjudicaran un contrato de gestión de recuperar la suma de 51,7 millones de dólares que estaban congelados en el NBD Bank de Dubái. El dinero pertenecía a un policía de nombre Yaya Barrow, ciudadano de Gambia, donde Fatou Bom Bensouda derivó todo su poder a la vera del feroz dictador del que era mano derecha, y aunque la versión que han dado es que esa fortuna era una herencia a favor del policía, corre la versión de que en realidad es producto de la corrupción del régimen del cual ella era parte, pero esa es otra historia.

Fatou Bom Bensouda, estando en ejercicio del cargo de fiscal de la Corte Penal Internacional, redactó el contrato de honorarios que firmaron su marido y el ex policía para la recuperación del dinero, y una vez firmado ese documento se trasladó a la oficina del banco en Dubái donde hizo que levantaran el congelamiento de los fondos (¿cómo negarse ante un reclamo nada menos que de la fiscal de la Corte Penal Internacional?), pero seguidamente se presentó un conflicto entre las partes porque el policía se negó a pagar los honorarios contratados alegando que era demasiado dinero, 16 millones de dólares, y está acusando a Fatou Bensouda y al marido de haberle ejecutado una estafa al hacerle firmar dicho contrato.

El pleito entre las partes generó un escándalo y la señora fiscal negó haber intervenido en el caso. Asustada negó a la prensa haber realizado las gestiones en el banco ni redactado el contrato, pues esas actuaciones no le estaban permitidas dado su cargo, dijo; pero el policía entregó a la prensa copia de los numerosos e-mails que se cruzaron entre ellos y donde consta toda la historia, correos que están siendo publicados en varios medios de comunicación social, con lo que Fatou Bensouda quedó como una farsante negando la verdad y, además, al descubierto en la actividad delictiva del ejercicio ilegal de la profesión de abogado.

Todo lo anterior consta en los medios Freedom Newspaper (Gambia), donde incluso se publicaron los citados correos electrónicos, que son numerosos. También en el sitio www.abidjantalk.com.

Tanta actividad no le deja mucho tiempo libre a la señora fiscal Fatou Bom Bensouda para ocuparse de los crímenes que ejecuta Maduro en Venezuela.