En mi artículo “Colombia, ¿una amenaza?”, del 28 de noviembre de 2018, escribí que “en Venezuela recientemente, no solo se ha fortalecido una matriz de opinión contraria a una intervención militar, posición ética irrefutable, sino que se considera imposible que pueda ocurrir. Ese análisis, por exageradamente optimista e ingenuo, lo he rechazado de manera terminante, ya que existe una condición que debe tomarse en cuenta: la decisión de intervenir militarmente corresponde solo a los altos dirigentes y a los pueblos de aquellos países que consideren la conducta del gobierno venezolano como una grave amenaza para sus intereses nacionales. Es una ilusión de algunos sectores opositores y una calumnia del oficialismo sostener que un dirigente democrático puede influir en la toma de esa decisión. En verdad, esa calumnia lo que busca es justificar el inmenso fracaso de la revolución bolivariana”.

Las recientes declaraciones de Mike Pompeo, secretario de Estado norteamericano, en relación con Venezuela y China, no se pueden tomar a la ligera: “Todos estamos preocupados por China y la forma en que está penetrando en la América Latina… El régimen de Maduro debe restaurar la democracia, la situación actual es intolerable: el pueblo venezolano está sufriendo. Estamos preocupados. Sabemos que ha habido migración hacia Argentina y hacia otros países. Es gente que huye de ese déspota, de ese dictador en Venezuela. Así que no tengo nada específico que pueda compartir con ustedes hoy, pero tenemos la esperanza de que todos los países de la región se unan a Estados Unidos para restaurar la democracia en Venezuela”. No dudo en afirmar que esta declaración tan tajante, ante el Grupo de los 20, muestra el rechazo del gobierno norteamericano a la fuerte presencia de China en América Latina, particularmente en Venezuela.

Esta declaración concuerda totalmente con la posición del general James Mattis, secretario de Defensa, quien el pasado mes de agosto, durante su visita a Brasil, Argentina, Chile y Colombia, declaró que “a los Estados Unidos le genera una inmensa preocupación la presencia de la República Popular China en la América Latina y la percibe como parte de la disputa global que mantiene con el gigante asiático”. En efecto, nuestro continente se convirtió, desde 1971, en un espacio geopolítico de lucha entre las dos Chinas. Eran tiempos en que China mantenía estrechas relaciones con algunos partidos maoístas y Taiwán fortalecía vínculos comerciales y financieros con un importante número de nuestros países. Sin embargo, su grado de influencia internacional comenzó a cambiar cuando las Naciones Unidas decidieron admitir a la China comunista como un Estado miembro de dicha organización desconociendo a Taiwán esa condición.

La presencia de importantes intereses chinos en Venezuela tiene que estar siendo analizada, con detalle, por el gobierno del presidente Trump. Nuestro país tiene particulares condiciones para transformarse en el punto de apoyo fundamental de la política de expansión comercial y financiera de China en América Latina. La posición mantenida por el gobierno de Nicolás Maduro al entregar aspectos fundamentales de nuestra economía a ese país, en medio de una inaceptable opacidad, incrementa la preocupación de los Estados Unidos y la de los venezolanos. Es verdad, el madurismo lo esgrimirá en su defensa, que Venezuela es un Estado soberano e independiente, y que su política internacional puede fortalecer las relaciones con China, Rusia, Turquía, Irán y Corea del Norte al considerar que son convenientes para sus intereses nacionales. Justamente, ese es el problema. Esas relaciones, todas con gobiernos totalitarios, solo buscan satisfacer las ambiciones personales de Maduro sin aportar nada en la solución de los ingentes problemas que padece nuestra sociedad.

Lo condenable, de esa particular relación con China, es que Maduro no considere que sus acciones agravan permanentemente nuestra tragedia. Es imperdonable que por satisfacer los intereses nacionales de Cuba, convierta a Venezuela en un pequeño peón de la política China en América Latina y someta a los venezolanos a sufrir serias restricciones, producto de un inútil enfrentamiento, en el cual no tenemos ningún interés. La historia no se repite ya que las realidades sociales, políticas y económicas cambian en el tiempo. De todas maneras, no está de más recordarle a los factores de poder que respaldan al madurismo, entre ellos a la Fuerza Armada Nacional, el desarrollo, en 1962, de la crisis de los misiles soviéticos en Cuba. Nadie puede olvidar que al incrementarse las tensiones, con la clara amenaza de los Estados Unidos de utilizar su mayor capacidad militar, las negociaciones entre Kennedy y Khruschchev se realizaron sin tomar en cuenta los interés cubanos y mucho menos la opinión de Fidel Castro.

A pesar de todo, tengo la impresión de que el intempestivo viaje de Maduro a Rusia, en procura de más apoyo militar, político y económico, se puede haber producido ante el rechazo de China de radicalizar su enfrentamiento con los Estados Unidos, por ser su política exterior de largo alcance y ser contrario a sus intereses nacionales enfrentarse geopolíticamente, en América Latina, con la mayor potencia militar del mundo. Es posible que las circunstancias internacionales de Rusia, en permanente lucha con Europa y la OTAN por la península de Crimea, le permita cierta capacidad de acción, pero los venezolanos y, fundamentalmente, los altos mandos militares, deben entender que Rusia, mucho más débil en todos los órdenes que la Unión Soviética, no podría respaldar ni económica ni militarmente al gobierno de Maduro totalmente deslegitimado después del 10 de enero de 2019, si su aventurera política exterior comprometiera ámbitos vitales de los Estados Unidos y el presidente Trump se viera obligado a responder.

En consecuencia, habría que preguntarse, ¿son los Estados Unidos una amenaza militar para Venezuela? No tengo dudas en afirmar que sí, ya que existen suficientes circunstancias internacionales que ponen en grave peligro sus intereses nacionales en América Latina, como ya lo han expresado altos funcionarios de su gobierno, no solo en el contexto de su influencia geopolítica en la región, sino también en el riesgo que existe para la seguridad hemisférica en razón de la exportación impune del crimen organizado, de la anuencia de nuestras autoridades para las actividades de organizaciones terroristas en el territorio nacional y la amenaza de nuestra indetenible diáspora que compromete, principalmente, a los países latinoamericanos. Lo que no podemos ignorar es que en caso de ocurrir una reacción violenta en contra de Venezuela, el gran responsable ante la historia será Nicolás Maduro por su desmedida ambición de poder y su mentalidad totalitaria.

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