Opinión

¡Ese hombre está alzao!

Así exclamaban en tiempos de abuelos cuando algún caudillo más conocido, o menos, se lanzaba a los campos seguido por un grupete de peones, campesinos medio uniformados, alpargatados, con desgastados fusiles y afilados machetes, “¡ese hombre está alzao!” para salvar a la patria descabezando al gobierno de turno y encargándose él de la salvación.

Así está Diosdado Cabello, con tono diferente, entonación propia, sin machetes ni fusiles pero con generales que continúan llamándolo “mi capitán” y un historial de lealtad. Ni Hugo Chávez o Nicolás Maduro pueden reclamarle deslealtades. En abril de 2002 pudo quizás adueñarse del poder con Chávez preso en La Orchila y no lo hizo. El 30 de abril, cuando nada salía como se esperaba, los que suponían actuarían y hablarían solo se escondían, Diosdado, con quien nadie contaba y todos evadían, siguió allí, pudo haber ocupado el poder pero no lo hizo, pudo haber puesto en una caja de seguridad a Maduro y no lo hizo.

El general en jefe más condecorado, eternizado en el mando, habla bien, pronuncia con vibración tónica las erres, es supuesto agente de los rusos en Caracas; pero quien se afirma como el verdadero representante de los militares es Diosdado, con el mazo dando. Generales y almirantes se apelotonan ordenados detrás del laureado Vladimir Padrino, pero a quien llevan en la mente y expectativas es al “capitán Cabello”. Quien comenta “operación tun tun” fulano debería estar preso, y fulano va preso.

El usurpador habla en cadena, amenaza, promete, afirma que da órdenes, pero no le paran bolas, todos están pendientes de lo que dice el presidente de la constituyente, especialmente en su programa de televisión.

Dicen que preparan al otro Rodríguez joven, cordial, pelón, como presidencial para permitir elecciones, la salida decorosa, hasta elegante de Maduro en combinación con lo tratado y casi acordado en Noruega, Moscú y Cuba, pero el primer relevo que se viene a la cabeza de todos es el vicepresidente del PSUV. 

Se ha dicho siempre que es del anticubanismo en Venezuela o, como señalan enterados del madurismo, “acuérdate de Conatel, aquel primer año brillante”, y ahora visita Cuba. Sin estruendos, ni masas en el paraninfo de la Universidad de La Habana, alardes de Fidel Castro, o el afecto protector a la vez que exigente de Hugo Chávez. Reunido con hombres fríos del aparato castrista, el heredero Raúl Castro, “general de Ejército” y Miguel Díaz-Canel, la cara moderna de la tiranía cubana formado por el castrismo, que con sus canas nació durante la Revolución cubana.

Diosdado Cabello surgió a la escena con Hugo Chávez y allí ha seguido incólume. Maneja a su antojo el partido oficialista, domina sin problemas el Poder Legislativo del régimen y su hermano recolecta y controla, desde hace años, los tributos e impuestos que recibe la dictadura.

Viajó a La Habana para intercambiar opciones sobre el nefasto Foro de Sao Paulo, que se reunirá en Caracas y obviamente coordinará. Podrá ser solo otra habladera de estulticias comunistas sobre imperialismo, libertad de los pueblos, pendejadas de justicia social y respeto a los derechos ciudadanos, pero excelente plataforma para presentar en sociedad como quinceañera, al Diosdado Cabello que la izquierda no conoce, el revolucionario castrista.

Es posible que Washington no transija con Maduro por ser tirano, con generales acusándolos de capos narcotraficantes y ladrones de oro, El Aissami denunciado de lavador de dinero y amparador de terroristas, o los dirigentes opositores financiados por bolichicos, enchufados, desunidos y egoístas, ni con los hermanos Rodríguez aunque ninguno aspira, ni con el Rodríguez gobernador de Miranda, de quien poco saben, nada pueden prever pero cuyas palabras y actuaciones deben estar recabando.

Con Diosdado Cabello podría haber ventajas políticamente importantes. Se le puede acusar de muchas cosas pero no de faltar a sus compromisos. Se le atribuye de izquierdista, socialista, pero no de castrista obediente. Quizás de los pocos o el único que podría restablecer relaciones con Washington -Shannon- sin que nadie pueda pensar que se está doblegando. Es creíble si llama a sus enemigos, adversarios y otros para decirles, por ejemplo, borrón y cuenta nueva. El único chavista que a estas alturas puede hacer sentir a los venezolanos dentro y fuera del país que el chavismo sigue pero el país cambia, como estímulo y complacencia a la oposición oficial, complaciente y cohabitante.

@ArmandoMartini