Opinión

Enfermedad y pobreza: problemas en los territorios indígenas de Venezuela

Edwuind Pérez Palmar

La opinión de

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Un modo de vida ancestral legado por los nativos del pasado

Desde el pasado ancestral las sociedades nativas, de lo que hoy es Venezuela, han mantenido un vínculo directo de relaciones especiales con el territorio, se trata de que los aborígenes conciben la Tierra como la despensa que proporciona la vida y la continuidad. Las sociedades indígenas en sus diversas manifestaciones culturales han discernido que en el territorio todo está vinculado, nada se basta sí mismo, el agua, el aire, el suelos, los bosques, los peces, la fauna silvestre e incluso la vida humana material e inmaterial son inseparables, están unidos de por vida y se comparten los unos a los otros. Situación que lleva a entender que los ancestros prehispánicos entendieron la fragilidad de los ecosistemas y la valoración del territorio y todos sus componentes, concepción arraigada en su devenir histórico como pobladores iniciales de las tierras venezolanas.

El planteamiento de que los aborígenes contemplan el territorio como despensa y don natural de la Tierra para la vida se basa en los argumentos de Sanoja y Vargas, quienes señalan que las “sociedades aborígenes milenarias transformaron los diversos ambientes y crearon, a través del trabajo social, las herramientas para dominarlos, las cuales, mediante sostenidos esfuerzos colectivos, formaron las diversas regiones geohistóricas que componen la totalidad histórica que es la nación venezolana”, (2007:77).

La opinión de estos autores se manifiesta en un orden geográfico y territorial al señalar que antes de la conquista hispana las tierras de lo que hoy es Venezuela, las sociedades nativas se organizaban social y culturalmente en torno a estructuras territoriales que se definían en regiones geohistóricas aborígenes: la cuenca del lago de Maracaibo, la región andina, el noroeste, los Llanos altos occidentales, la región centro-costera: valle de Caracas, valles de Aragua, cuenca del lago de Valencia, la región litoral y las islas vecinas, la región oriental dividida en: cuenca del Orinoco o territorio Guayana-Amazonas y el noreste (Sanoja y Vargas, 2007).

Las regiones geohistóricas aborígenes que definen Sanoja y Vargas dan cuenta de que los indígenas prehispánicos diferenciaban culturalmente el uso y la ocupación territorial  mediante el trabajo y sus modos de vida como agricultores, recolectores, cazadores, pescadores,  cuya localización y dotación de recursos (ecosistemas marinos y fluviales, suelos húmicos, valles fértiles, climas benignos, bosques tropicales y accesibilidad en el territorio: abras y pasos naturales) explican la historia de la sociedad venezolana y la diversidad no solo de los paisajes, sino también de la geografía humana y cultural del país.

Por tanto, la formación socio-territorial de la nación venezolana tiene sus raíces en la carga cultural y milenaria de sus aborígenes, la presencia de paisajes geográficos nativos prehispánicos se traduce en territorios ricos en agricultura, especies zoológicas tanto en conchas marinas como peces en las cuencas fluviales y líneas costeras marítimas, y una extraordinaria dieta de frutos como granos, hortalizas, tubérculos y raíces, leguminosas, nueces y frutas, fibras vegetales, maderas y aceites (Sanoja y Vargas, 2007).

Es evidente que los fundamentos de la dieta alimenticia venezolana es legado del pasado ancestral de los nativos. Los productos vegetales producidos mediante el trabajo de las sociedades aborígenes se manifestó en el cultivo y domesticación de plantas como yuca, ocumo, auyama, papa, apio, frijoles, maíz y lechosa (ver figura Nº1), es decir, explicar la geografía ancestral obliga a una revisión etnogeográfica de la historia para encontrar respuestas a la manera en cómo los nativos hacían uso del suelo para labranza y consumo de los productos vegetales cultivados, la conclusión es que los aborígenes y su dieta constituyen  la base de “tradiciones alimenticias y culinarias”  en Venezuela (Sanoja y Vargas, 2007:93),  por tanto, los rubros alimenticios ricos en proteínas, minerales, vitaminas, carbohidratos, sodio, hierro, calcio y potasio es producto de una herencia ancestral.

La dieta y alimentos de los venezolanos es producto de un legado ancestral. Fuente: [Imagen digital en línea]: http://hablemosdeculturas.com/los-arawacos-en-venezuela/

Es toda una riqueza alimenticia que se formó a partir de nativos especializados en nutrición, agronomía, químicos en alimentos, biólogos marinos y domesticadores de plantas. Esta descripción y caracterización del uso que hacían en el pasado los indígenas, con  respecto a las dotaciones territoriales de lo que hoy es Venezuela, traducida en el uso de suelos fértiles para la agricultura, accesibilidad natural para la movilidad territorial, abundancia de vida marina, lacustre y fluvial para la pesca, la diversidad de paisajes boscosos, sabanas y herbáceas con rica vida silvestre, configuró una vida nativa llena de alimentos, abundancia y heredad de vida para la continuidad de generaciones que hoy con presencia humana dan testimonio de que el legado ancestral buscó siempre el reconocimiento del territorio como una herencia digna de cuidado, valoración y trabajo para brindar vida, salud, alimentos y atención a sus miembros, ver figura Nº 2.

Grupos nativos venezolanos instruyendo a los niños para la recolección de alimentos en sus territorios ancestrales Fuente: [Imagen digital en línea]: https://edition.cnn.com/2012/09/03/world/americas/venezuela-tribe-attack/index.html

¿Por qué la realidad de hoy es pobreza, enfermedad,  migraciones forzadas y desterritorialización?

Ahora, si la herencia transmitida por milenarias enseñanzas generacionales de los aborígenes, es la alimentación y el cuidado del territorio y la evidencia histórica demuestra que los nativos contaban con toda una riqueza territorial en recursos naturales, cómo es posible que en los actuales momentos surjan análisis críticos de investigadores sociales como Guerra (2018); Velandia (2018); Moreno (2017); Vitti (2016); Romero (2016); Gandolfo, (2016) y Freddman (2012), quienes afirman que las diversas comunidades indígenas de Venezuela se encuentran en una situación de éxodo forzado por las difíciles condiciones de vida que existe en el país, muchos de los cuales se encuentran en refugios improvisados en espacios fronterizos de países vecinos (fundamentalmente Brasil y Colombia) ver figura Nº3. Además, el tema de la medicina y la salud de los nativos hoy se ve signada por epidemias como VIH-Sida, malaria, tuberculosis y diversas enfermedades tropicales, agregando también los duros efectos del hambre y la desnutrición en niños, adultos y ancianos nativos.

Indígenas venezolanos que han huido de la crisis socioeconómica y se han desplazados a la ciudad de Manaos de Brasil. Fuente: [Imagen digital en línea]: https://tanetanae.com/migracion-emergencia-exodo-masivo-personas-vulnerables-desde-venezuela/

Como primera referencia, Guerra (2018) opina que en los actuales momentos la población indígena de Venezuela vive un total colapso por la “grave situación humanitaria que golpea a indígenas yukpa, wayúu y warao ante la carencia de alimentos, medicinas y enfermedades como la tuberculosis y la oncocercosis”, a este planteamiento se le agrega lo expuesto por  la agencia de noticias de Univisión (2017), quienes afirman que los “indígenas venezolanos huyen de la crisis por la frontera con Brasil”, al respecto las agencias de noticias internacionales como BBC Mundo (2017), Efe (2017) y Reuters (2017), señalan que los indígenas venezolanos, muy particularmente los waraos cruzan la frontera sur del país (Brasil) en búsqueda de refugios humanitarios por la crisis económica y social que atraviesa Venezuela. Moreno (2017) arguye que en las ciudades colombianas de Bucaramanga y Cúcuta existen cientos de indígenas venezolanos de la comunidad yukpa que “se ubican a la intemperie de las calles, en las autopistas, huyen dejando sus tierras, sus familiares y pertenencias para sumarse a las filas de in inmigrantes venezolanos en Colombia”, ver figura Nº 4.

Indígenas yukpa de la Sierra de Perijá de Venezuela en condición de desplazados producto de la crisis que ha generado un éxodo masivo de los grupos nativos del país. Fuente: [Imagen digital en línea]: https://www.laopinion.com.co/region/110-familias-yukpa-partieron-hacia-la-serrania-del-perija-145853#OP

Las condiciones descritas, el análisis y las opiniones señaladas obligan a reflexionar sobre la realidad indígena venezolana, por tanto, surge el planteamiento de cómo es que un pasado  cargado de ricas tierras agrícolas, de innumerables productos y especies vegetales, animales y peces como base alimenticia para los indígenas, la realidad de hoy es que las principales noticias internacionales y opiniones de actores sociales describen un éxodo forzado por las carencias básicas en salud, alimentación y vivienda.

 La salud indígena en Venezuela es otro tema de alarma nacional e internacional. Velandia (2018) desarrolló un trabajo periodístico sobre la higiene y salud de los indígenas waraos. En los hallazgo de su investigación y con base en los datos arrojados por el investigador Jacobus Waard (Instituto de Biomedicina de la Universidad Central de Venezuela) determinó que las comunidades indígenas warao son susceptibles a que sufran una epidemia de VIH-Sida  en el entendido de que “la presencia del virus entre los indígenas supere el número de personas que viven con VIH en el país, hace que la situación se catalogue como una epidemia”. “…la situación es alarmante por su magnitud. La prevalencia es muy elevada, similar a lo que se vio en África al inicio de la epidemia en ese continente. Además, se ha transmitido con mucha rapidez”. También Velandia (2018) cree que “la falta de tratamientos con antirretrovirales para controlar el contagio de VIH también es un elemento que ha permitido que la epidemia se siga propagando”, “…el sistema de salud en Venezuela atraviesa una crisis que se ha agravado con el paso de los años, lo que ha hecho que la escasez de medicamentos sea una constante. La Federación Farmacéutica Venezolana calcula que hay problemas con 85% de los productos”.

A estas afirmaciones se agrega el diagnóstico presentado por Vitti (2017), quien elaboró un estudio etnográfico que recogió datos de salud  en el espacio indígena de las comunidades añepá y hoti en el sur del estado Bolívar de la región de Guayana. El estudio arrojó datos que demuestran que los pueblos nativos del sur del Orinoco han sido afectados por el contagio de enfermedades endémicas como la malaria. Vitti sostiene que “la malaria en estas áreas indígenas puede ser mortal debido a que es una zona de muy difícil acceso, donde hay un escaso acompañamiento de los pueblos indígenas por parte de los entes gubernamentales. En  medio de la selva no existe el control del vector a través de la fumigación aunado con la escasez del tratamiento en el país”. 

Este escenario obliga a cuestionar cómo las instancias del Estado han dado respuesta a las demandas de salud pública y salud ambiental en las áreas geográficas con realidades indígenas. En tal caso, Romero (2016) sentencia que las políticas de asistencia social y asistencia médica a los pueblos indígenas han sido ineficientes y poco efectivas a la hora de enfrentar casos como los ya descritos, asevera que “la carencia de los servicios sociales genera desnutrición infantil y materna, enfermedades gastrointestinales, infecciones en la piel y tuberculosis, que en múltiples casos lleva a la muerte de muchos indígenas”.

Otro tema de discusión en los pueblos indígenas de Venezuela es la alimentación, ya se describió que en el pasado ancestral los indígenas  gozaban de una rica dieta con altos contenidos de nutrientes y vitaminas, cabe preguntarse ¿por qué hoy la realidad que los identifica es el hambre y la desnutrición?, interrogante que se sostiene en el hallazgo de Vitti (2016), quien argumenta que “hablar de hambre en los pueblos indígenas resulta contradictorio especialmente en un modo de vida donde históricamente han obtenido su alimento de su territorio tradicional: cazando, recolectando, cultivando, o adquiriendo alimentos indirectamente con la venta de sus productos. Sin embargo, muchas variables (económicas, y políticas) han incidido en cambios culturales que han trastocado su identidad afectando de manera directa sus hábitos alimenticios”.

La situación que corresponde a las tierras indígenas es otro debate cuando se discuten y plantean análisis referido a la territorialidad, por ello, temas como estudio de espacios indígenas, análisis, valoración y zonificación de áreas geográficas con rasgos culturales tienen un peso determinante a la hora de tratar asuntos de derechos ancestrales sobre la tierra. La percepción que existe sobre Venezuela en cuestiones de carácter  territorial y étnico es algo que amerita de profundas revisiones, en el entendido de que problemas como demarcación de tierras indígenas, asignación de usos en espacios nativos para la agricultura, actividad pecuaria o deforestación, recursos hídricos y la  presencia de recursos mineros en territorios indígenas y las subsecuentes políticas que incentivan las actividades extractivas, realidad que se aprecia en los pueblos indígenas localizados en el área del Arco Minero del Orinoco; la figura Nº 5, permite observar cómo la delimitación de esa área destinada a la exploración y explotación minera afecta directamente las localizaciones culturales de diversas comunidades nativas, situación vista también en el caso de Carbones del Guasare en La Guajira, problema de tierras indígenas yukpa en la Sierra de Perijá, áreas y espacios fluviales de los waraos en el Delta del Orinoco.

Superposición de las áreas de delimitación del Arco Minero del Orinoco y el territorio de los pueblos indígenas afectados, estado Bolívar. Fuente: Elaboración propia.

Es decir,  en Venezuela las decisiones en temas de políticas públicas indígenas aún le falta mucho por aprender y por hacer en cuestiones que tengan que ver con las tierras nativas y las repercusiones que tienen las decisiones políticas (ya sean de planificación o desarrollo) que se llevan a cabo en localizaciones geográficas indígenas, sobre todo en un país donde su espacio geográfico es el hábitat no solo de los venezolanos criollos y mestizos, es además el escenario de vida de más de “51 pueblos y comunidades indígenas” (INE, 2011), cuya visión del territorio, sus contenidos y recursos son claramente diferenciados en función de los complejos ecológicos que lo definen y la carga histórico-cultural que los mantiene.

Tratar el tema indígena desde una percepción del territorio es una tarea loable, sobre todo ante la descripción ya expresa en este escrito, donde es evidente que la información y datos mostrados definen que la realidad de los pueblos y comunidades indígenas en Venezuela  no es nada grata si se aborda desde el marco de los Derechos Humanos en Pueblos Comunidades Indígenas, al respecto Giugale  (Ex director de Pobreza y Economía del Banco Mundial) señala que “en el mundo los indígenas son pobres porque están marginados económica, política y geográficamente”.

Por tanto, preocupa que los pueblos nativos venezolanos estén en una condición de emergencia y pobreza en cuanto no gozan de una vida digna y en sus realidades territoriales, alimenticias, salubridad y vivienda. El éxodo que define Guerra (2018), si se lleva retrospectivamente al pasado prehispánico venezolano  y se aplica el principio geográfico de   comparación, arroja que en la actualidad existe una sistemática desarticulación de la cultura, daños a los modos de vida y afectación a la dignidad de los pueblos ancestrales.

Basado en las afirmaciones de los autores citados en este documento, en Venezuela la alta presencia de enfermedades tropicales (alta morbilidad), la desnutrición infantil y materna por ausencia de alimentos nutritivos, la disminución de la esperanza de vida y los incrementos en tasas de mortalidad general, agregando además la emigración forzada de pueblos nativos definen a todas luces que los pueblos indígenas venezolanos están en una situación donde los indicadores demográficos demuestran una terrible pobreza a pesar de contar con un pasado cargado de abundante riqueza de salud, alimento y vivienda. El problema del despojo, la neoconquista y la desterritorialización ancestral se mantienen, ahora con nueva cara y amparada bajo un enfoque neocolonizador de tierras nativas que busca únicamente la extracción de recursos al costo de la extinción de las milenarias culturas indígenas que aún existen en el territorio venezolano.

Este problema compromete la historia, los orígenes, la cultura y la procedencia ancestral de la venezolanidad, necesariamente hay que buscar las causas que alteran y deterioran la vida y cultura de los indígenas del país, para ello, Gandolfo (2016) considera que “los factores que inciden en la persistencia de la brecha de pobreza indígena son la exclusión geográfica y política, opresión histórica, escasez de infraestructura y de bienes de capital físico, están en mayor exposición al riesgo, (…) pero hay nuevos datos que muestran que la clave fundamental para que los pueblos indígenas puedan salir de la trampa de la pobreza es invertir en el desarrollo en la primera infancia y reducir la discriminación (…) estas son las dos áreas que merecen mayor atención en las políticas y las investigaciones”.

Si esta autora recomienda que desarrollar políticas e investigaciones de asistencia pública en la infancia indígena y reducir las acciones de discriminación son la clave fundamental para disminuir la pobreza en pueblos y comunidades nativas, en la práctica las políticas públicas para indígenas en Venezuela deberían, de manera  imprescindible, brindar salud preventiva y curativa en niños mediante vacunas contra enfermedades endémicas, posibilidades de asistencia médica con antibióticos, antipiréticos y analgésicos a los infantes nativos localizados en lugares geográficamente inaccesibles; brindar una seguridad alimentaria rica en vitaminas y minerales (o al menos permitir que en el mercado se encuentren los productos que satisfacen tales necesidades básicas), para niños, adultos y ancianos; generar políticas educativas que busquen la interculturalidad, el emprendimiento, el crecimiento y la formación en función de las realidades culturales ancestrales y desarrollar políticas que amplíen la integración cultural indígena mediante infraestructuras vitales (hospitales, escuelas y seguridad) y líneas vitales (tecnología en redes, Internet, telefonía, carreteras aeropuertos en áreas geográficamente aisladas). 

Es una gran tarea que se debe asumir en los retos de la Venezuela del por venir, los pueblos y comunidades indígenas no deben ser visto como mera imagen de folklore cultural para inflar imágenes políticas y publicitarias que solo presentan vacíos que no brindan soluciones a los problemas de salubridad pública y ambiental, seguridad alimentaria y derechos a hábitat a niños, jóvenes, adultos y ancianos indígenas. La idea es aprender todos de todos, y en la Venezuela de hoy hay que buscar fortaleza en esa valentía indígena que en el pasado ancestral los sabios ancianos usaron para resistir a los procesos colonizadores que buscaban desarticular las raíces de vida aborigen. Por tanto, este  escrito busca desde la iniciativa académica y en el marco del Día Internacional de los Pueblos Indígenas invitar y proponer investigaciones que desmonten las intenciones neocolonizadoras de tipo ideológico que en los tiempos actuales busca justificar el despojo territorial, la contaminación ambiental en hábitat indígenas, la deficiencia en las políticas sanitarias, el éxodo forzado de nativos de sus tierras ancestrales por los pocas opciones de empleo y alimentos y las dolorosas condiciones de desnutrición infantil, maternal y la ampliación de la mortalidad infantil y crecimiento de morbilidad por reaparición de enfermedades tropicales en localizaciones geográficas, donde este problema ya era en todo superado. Hablar de lo indígena y lo ancestral es un tema que requiere la atención de todos, especialmente de quienes día a día reconocemos que en este país la ideas de multidiversidad, pluriculturalidad, tolerancia, libertad, democracia y derechos humanos son valores que si tienen aceptación y coexistencia en la vida indígena venezolana.

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