Opinión

Egoísmo racional no tan razonable

La verdad, para explicar por qué llegamos a donde estamos hoy es que Luis Almagro, como secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), se atrevió a develar al mundo la verdad que llevó a Venezuela a la extrema crisis que tiene a millones de ciudadanos pasando hambre y miseria, mientras otros, obligados por la carencia y necesidad de un mejor futuro, decidieron emigrar, en el mayor éxodo migratorio sufrido en este continente. Más grave aún, puso en evidencia la existencia de un paraestado para mantener a un grupo delictivo como fachada de un gobierno invasor, por encima del derecho constitucional, convertidos los ciudadanos en rehenes.

El egoísmo es actitud humana, y su opuesto, la generosidad, hacer las cosas sin esperar compensaciones, es igualmente humano. Durante años los dirigentes partidistas venezolanos estuvieron hablando de generosidades y sacrificios, mientras en sus conciliábulos y pactos ejecutaban fríamente el que suele llamarse “egoísmo racional”. Es decir, actuaban y decidían partiendo de la base, y teniendo como objetivo, sus propios intereses. O, para ser más exactos, los que ellos asumían como intereses propios, en algunos casos de sus partidos, en muchos, disimuladas aspiraciones personales.

Si deseamos entender con claridad lo que NO es “egoísmo racional”, analicen la carrera política de María Corina Machado y muchos otros que, como ella, han mantenido sus posiciones y demandas para el país sin dar sus brazos a torcer, actuando como estadistas y no como los políticos de oportunidad. Del egoísmo racional no hay mucho qué explicar, basta recordar someramente actuaciones, decisiones, pactos y escondrijos de algunos dirigentes partidistas que permanecen en cargos y prepotencias y han sido perennemente derrotados –cuando no utilizados– por el régimen castrista que inició Chávez y está rematando el heredero ilegítimo y no reconocido por el mundo libre y democrático. Una tiranía implacable y corrupta que se aferra al poder sin importar sacrificios, cobrando lo que cae en sus manos y sin dar concesiones, salvo cuando le toca algo –habitualmente mucho– a sus jefes. Y que también sabe, bajo cuerda, compartir con quienes se presentan como adversarios, pero con bolsillos abiertos prestos y siempre bien dispuestos.

Para todos ellos, tiranos, opositores públicos, Guaidó y los acontecimientos que lo envuelven estas semanas de enero han sido sorpresas más allá de sus expectativas. Alcanzó la responsabilidad por rebote, porque en los tejemanejes de la política hace años se pactó la alternabilidad anual de la Presidencia de la Asamblea Nacional, y en 2019 le tocaba a Voluntad Popular, con su fundador y figura central preso en su casa y su lugarteniente asilado en una embajada.

Le tocó a Juan Guaidó y es necio pensar que no hubo participación de los demás partidos. Lo mentecato y majadero sería especular que va a hacer solo lo que ellos decidan, porque desde el 10 de enero mientras el heredero se autoproclamaba –él sí– presidente, una desbordante mayoría ciudadana jamás vista en Venezuela juraba libertad y democracia junto con el nuevo presidente interino constitucional. Esa es la diferencia importante entre egoísmo racional y democracia auténtica. A la dirigencia partidista no le queda más remedio que respaldarlo, sigan o no aplicando sus propios egoísmos de conveniencias, porque la población, por encima de ellos y del régimen, no solo lo decidió, sino que se ha involucrado personal y directamente, aun a costa de exilio, muerte, torturas y cárcel incluyendo –que parece la moda– menores de edad.

Preocupa, y mucho, la reaparición súbita –casi de resurrección– en las circunstancias actuales de politiqueros que se opusieron a La Salida, sabotearon el revocatorio, desmovilizaron la calle, se burlaron de la consulta del 16-J, impulsaron diálogos fracasados y hoy, de manera suicida, contraviniendo el sentir ciudadano, los socialistas endógenos insisten en dar oportunidad al castrismo coqueteándole a Cuba, México y Uruguay, para establecer una nueva etapa de negociación que, sin duda, fracasará.

El secretismo, monopolio y exclusión hace daño, perjudica el inmenso esfuerzo ciudadano para salir definitivamente del régimen dictatorial castrista madurista. Al concluir esta ignominia, tragaremos grueso para soportar el desfile de pantalleros asegurando su participación victoriosa y el reclamo con pescueceo incluido para obtener privilegios.

Lo razonable, así, no es el egoísmo racional, sino la voluntad ciudadana que no es seguidora sino acompañante del joven presidente, quien realiza lo que sus colegas políticos y parlamentarios casi nunca hacen: informar a la ciudadanía sobre lo que va a hacer y lo que los ciudadanos deben hacer con él. Informando escucha a la gente.

Que es una diferencia sustancial con los hechos políticos de diversos colores e ideologías al menos desde 1959.

@ArmandoMartini