Opinión

¿Dónde están?

Adolfo Taylhardat hijo

¿Dónde están esos “valerosos” soldados nuestros que cuando ingresaron al servicio juraron frente a la Bandera, Dios y la República defender la patria? ¿Qué pasó con esos, hoy día oficiales de todos los grados, que cuando eran cadetes asumieron un código de conducta en el cual declararon que “la patria es el ideal más sublime de sus vidas” y que la subordinación a la Constitución, a las leyes y reglamentos nacionales es un “principio irreversible de su existencia”', y además proclamaron que “el honor es su principal virtud” y prometieron “guardar culto al valor y la honestidad”?

Todo eso ha sido echado al “pipote de la basura”. Siempre decían que los militares no harían nada hasta que el pueblo tomara la iniciativa de rebelarse contra el régimen. Otro argumento es que la FAN está desarmada, que no cuenta con aperos que les permitan intervenir.

¡Sandeces! Allí tenemos al pueblo enfrentándose a los asesinos que moviliza el ilegítimo sin otra defensa que sus pechos desnudos y sin medio de protección que escudos improvisados y las iniciativas, productos de sus inventivas y su originalidad.

Ha quedado demostrado que lo que tenemos es un ejército de cobardes que venden su honor en unos casos (los de alta graduación) a la corrupción, el narcotráfico, al buen vivir que les brinda la complicidad, la connivencia y las prebendas que les proporciona el ser secuaces y compinches de un régimen corrompido, inmundo, putrefacto, infecto.

Nuestro pueblo, precisamente el de los estratos más humildes, ha demostrado ser el verdadero merecedor de la calificación de “bravo pueblo”. Es el que se ha batido cuerpo a cuerpo con los asesinos del padrino que es un indolente, no le importa ver cómo sus compatriotas caen víctimas de los mercenarios, asesinos, saqueadores, ladrones de la guardia nacional y de la policía  nacional dirigidos por él.

Es triste ver que tenemos una organización militar con soldados y oficiales que reciben una dieta para estar en los cuarteles observando pasivamente cómo el país, el empobrecido y hambriento, se desangra pero sigue en su lucha heroica por la democracia y la libertad.

Cuando escribo este artículo no se conocen los resultados de la reunión extraordinaria de ministros de relaciones exteriores de los países de la OEA. Lamentablemente no me hago ninguna ilusión. La democracia en los organismos internacionales se basa en el principio de “cada país tiene un voto”, pero aun así resulta absurdo que un pequeño grupo de gobiernos obstaculice la acción de la organización cuando la urgente necesidad de actuar está a la vista del mundo y un número importante de gobiernos está dispuesto a imponer sanciones para impedir que este gobierno villano continúe destruyéndolo y siga cometiendo toda clase de abusos contra los derechos humanos. El bozal de petróleo sigue siendo el instrumento que permite al régimen del ilegítimo mantener controlados como marionetas a un grupo de gobiernos pusilánimes, pobres de espíritu, dispuestos a vender su alma al diablo. Ante la parálisis de la OEA cualquier camino que tome la oposición estará más que justificado.