Opinión

Dirigencia suicida

Para celebrar el primer aniversario de la aplastante derrota del chavismo el 6-D de 2015, el régimen narco-chavista y sus patéticos aliados en la oposición (Timoteo & Co.) armaron un tinglado vil conocido como el Pacto de Punta Cana, derivando en una indeseable Mesa de Diálogo, y terminando así con la posibilidad cierta de un cambio político pacífico y democrático este mismo año, como prometieron falsamente y no se cansaron de vociferar los “conspicuos” voceros de la MUD a quienes sufrimos la pesadilla de un país en ruinas y en estado de guerra. Más valieron los egos desmedidos, los guisos rojos y de todos los colores dentro de alcaldías y gobernaciones, y la promesa de una incierta campaña electoral en 2018, para dar tiempo a posicionar candidaturas presidenciales y satisfacer aspiraciones personales largamente insatisfechas.

Hasta nuevo aviso, el nefasto suspiro del poder sigue en manos de los tiranos cubanos, uno vivo y otro muerto. La euforia que siguió a la contundente elección de diputados hace un año se fue desvaneciendo y transmutando en desesperanza.

Es imperdonable la pérdida de este año legislativo, el primero con el control absoluto de la Asamblea Nacional en 17 años de férreo dominio chavista. No solo fueron incapaces de nombrar a los rectores vencidos del CNE, ni de destituir al fraudulento e ilegal nombramiento de los magistrados exprés del TSJ, sino que perdieron todas la oportunidades para propiciar una salida impecable y constitucional de la dictadura cubana que gobierna por persona interpuesta a través de Nicolás Maduro, quien no tiene partida de nacimiento venezolana y ha sido acusado de ser colombiano, otro motivo para destituirlo de inmediato de la Presidencia, pero en la directiva de la AN se hacen los locos. Tampoco han condenado en plenaria los acuerdos que permitieron la entrega ignominiosa de nuestra soberanía a Cuba, la traición que significa los 150.000 barriles diarios que los depredadores cubanos reciben gratis a costa del hambre de los venezolanos.

La AN en voz de su presidente no ha hecho más que vociferar, confrontar, amenazar y anunciar que va a anunciar, y al final, un año después de la más importante victoria electoral de la oposición estamos mucho peor que antes, con más presos políticos, el país quebrado y colapsado, y con el desconcierto que produce una dirigencia opositora egoísta, miope, torpe y traicionera.

Mientras el G3 de la MUD –PJ, AD y UNT– sigue embarrándose más en su proyecto político para el 2018, el país colapsa entre un dólar que supera la obscena cifra de 4.000 bolívares, mientras un grupo de enchufados reciben divisas a 10 bolívares para importar alimentos, que es uno de los guisos más codiciados en la nomenclatura chavista, después del narcotráfico y el narcolavado, insignias inconfundibles del socialismo del siglo XXI.

Como lo hiciera en 2013, Nicolás Maduro pretende paliar el profundo rechazo a su gestión propiciando otros dakazos que intenten distraer los estómagos vacíos con televisores y ropa a precios de ganga, pero en esta oportunidad el colapso se le fue de las manos y no puede controlar el dólar paralelo, convertido en marcador de la paupérrima economía de importación.

La desgracia cubano-chavista se mantendrá vigente todavía, aun a costa de la hecatombe nacional, gracias a un país inmovilizado a consecuencia de una dirigencia suicida, obnubilada de poder, que será juzgada como colaboracionista cuando recuperemos la libertad y la democracia.

Existe un país que reclama ser reivindicado, el esperado cambio vendrá, hay gente trabajando para eso. Y no están en el G3 de la MUD.