Opinión

Diálogo, por qué y para qué

Rubén Osorio Canales

El país se ha convertido en un cascarón invertebrado, vive en estado de efervescencia y navega en la ingobernabilidad. Cualquier acontecimiento, por pequeño que sea, que roce la escena política, levanta un oleaje que el día menos pensado podría convertirse en un tsunami irremediablemente trágico, tal es el desnivel de sus desencuentros y el tamaño de su crisis cada vez menos soportable.

En medio de una realidad que incluye una pérdida significativa de la capacidad de maniobra de un régimen, repudiado por el pueblo, imputado como gobierno dictatorial con sospechas de injerencia del narcotráfico en su estructura de poder, con una deuda que luce impagable sin sacrificar una soberanía ya comprometida, asediada por sanciones ya impuestas y amenazado con otras más, volvió a sacar de su desgastada manga la palabra diálogo, vocablo que en este país ha sido satanizado gracias a las manipulaciones e incumplimientos del régimen, lo cual no significa que la dirigencia opositora no haya puesto también su parte.

Ante esta nueva incursión del vocablo en la escena política nacional, vale la pena preguntarse quién resucitó la palabra y quiénes, apelando al principio universal según el cual es preferible sentarse con una agenda muy precisa a dirimir las diferencias que andar como en Siria cayéndose a plomo en cada esquina.

Es obvio que quien resucitó la palabra diálogo fue un régimen aterrado por la cantada posibilidad de nuevas sanciones provenientes de la comunidad europea, lo cual podría significar la proximidad a un final indeseado para el régimen. Para lograr la resurrección de la palabra, se valió de un equipo pro gobierno capitaneado por Rodríguez Zapatero, con aliados como Omar Torrijos y Leonel Fernández, y ahora con la incorporación de Danilo Medina, presidente de la República Dominicana, lo cual no es poca cosa, que ponen sus mejores esfuerzos en no dejarlo morir. Sin embargo, es preciso decir, por deber de crónica, que hay una larga lista, por lo demás promiscua en actores e intenciones, que desde hace tiempo han manifestado su apoyo, dándole más fuerza a la idea.

Para nadie es un secreto porque lo han declarado públicamente por todos los medios, que partidarios del diálogo para resolver la crisis son: el Vaticano, Rusia y China, la ONU, Macron y Rajoy en representación de todos los gobiernos democráticos de Europa, y más allá, y al lado de ellos, la mayoría de los países y gobiernos latinoamericanos, buena parte del equipo de gobierno de Donald Trump, algunos miembros de nuestra oposición, unos por convicción y otros por otras razones que no es el caso discutir en esta sede, muchos comentaristas independientes, a los que habría que añadir a todos aquellos que ven en el diálogo una salida posible y democrática.

Ese cuadro objetivo sobre un tema que mantiene en niveles de paroxismo a una sociedad como la nuestra, convencida de que todo cambiaría para bien cuando este gobierno cese en sus funciones, maltratada como está por las decisiones de una cúpula irresponsable como la que lleva las riendas del país, atormentada por la posibilidad de una confrontación indeseable y sangrienta para que el cambio ocurra, y, como si fuera poco, con un liderazgo opositor irresponsablemente dividido, nos lleva a pensar que el comienzo del diálogo pudiera ser inevitable y, ante esa posibilidad, solo nos queda preguntarnos: un diálogo ¿entre quiénes y para qué?

Ya ante la sola aparición de la palabreja se activaron las redes sociales llenando de ira el ciberespacio, los francotiradores que acusan a todo el mundo de colaboracionista ya hablan de desbancar a la MUD y sustituirla por otro frente que, en las actuales circunstancias, fracasaría sin atenuantes, porque hasta ahora solo han ejercido su derecho de criticar sin anunciar una sola idea capaz de llamar la atención de la gente. Decir hasta el delirio que hay que salir de Maduro sin decir qué viene después es, por decir lo menos, una frase incompleta

Por su parte la MUD, ante lo que para muchos este nuevo llamado al diálogo es una nueva emboscada, puso sobre la mesa sus condiciones para participar y son la puesta en marcha de un cronograma electoral, la liberación de todos los presos políticos, sin excepción, el reconocimiento de las atribuciones constitucionales de la AN y la puesta en marcha de un plan conjunto para atacar la crisis humanitaria que afecta de manera atroz a todo el país. Es bueno decir que en esta ocasión la MUD se juega su razón de ser y su vida futura, en medio de sus propias tribulaciones que no son pocas.

Por su parte, el régimen sabe que la posibilidad de quedar atrapado y sin salida tiene fundamento, por eso intentará alargar este nuevo paréntesis zapatero dominicano, y seguramente lo veremos ofreciendo por cuenta gotas casi todo lo que le pidan, sabiendo que no lo cumplirá, solo que esta vez, precedido por su mal ganada fama de tramposo, tendrá que ver cómo burla las peticiones de los opositores, que son las mismas que el Vaticano le exigió en una carta que no tuvo respuesta, y cómo esconder sus malas intenciones ante la mirada vigilante de todas las instancias internacionales que los están observando.

Pero entremos en el mundo de la ficción y supongamos que las partes lleguen a un acuerdo para iniciar un diálogo, hecho que tendría que ser explicado sin asomo de dudas sobre todo por parte de la MUD, sobre la que están puestas todas las miradas del desconcierto y descontento de todo un pueblo, nos tenemos que preguntar, qué es lo que se va a negociar, porque, hasta donde sabemos, el régimen y quienes lo sostienen para negociar cuentan con poder, dinero, aliados poderosos, presos políticos, el arco minero, la comida, el petróleo, una ANC y un TSJ a su entero servicio, un tribunal inquisidor, la represión y la furia totalitaria, y en cambio la oposición representada en la MUD solo tiene voluntad de lucha y el apoyo de un pueblo que observa con sentimientos encontrados la decisión tomada por su dirigencia y el apoyo de la comunidad internacional democrática conquistado a punta de lucha, igualmente expectante.

Para nadie es un secreto que el régimen necesita con urgencia ganar tiempo; por lo tanto, la lógica indica que su propósito en esta nueva emboscada es aplicar una táctica dilatoria que le permita una tregua suficientemente larga para tratar de desalentar y manipular al pueblo descontento, y pulverizar definitivamente la unidad opositora, con vista a las elecciones regionales y al restante panorama electoral, para luego volver a sus andanzas de siempre, tratando de imponer su soñado Estado totalitario, lo cual podría lograr si el pueblo se cansa de reclamar sus derechos, cuestión esta que debería preocupar muy seriamente a la dirigencia opositora representada en la MUD, porque, repito, en este momento, allá en dominicana, se está jugando su presente y su futuro, en el escenario político nacional.

Mientras esto ocurre, el régimen, con la mira puesta en la regionales y preparando desde ya el terreno para las presidenciales, si es que encuentran vientos que soplen a su favor, se mantiene en su estrategia de siempre, dar y reprimir, dar y amenazar, apelar a los dakazos y convertir los dineros que no tiene en subsidios directos a las manos de la gente, sin entender que eso no contribuye en nada a mejorar las condiciones de vida del venezolano, asfixiadocomo está por una inflación que el propio régimen provocó y que no sabe cómo derrotar. La película no sabemos si está por comenzar o por terminar.