Opinión

El día después (II)

Vivimos el final de una etapa. Entre 2013 y 2017 el PIB per cápita cayó 40%, lo que evidencia que la catástrofe económica de Venezuela eclipsa cualquier otra en la historia de Estados Unidos, Europa occidental o América Latina. La economía colapsó, la crisis humanitaria es dramática y la descomposición del régimen es evidente; pero existe un sólido consenso de naciones de todo el mundo dispuestas a colaborar con el restablecimiento de nuestra democracia. Debemos prepararnos para “el día después”. Me permito presentar algunos lineamientos con respecto al cómo:

-Hay que restablecer la credibilidad en las instituciones y el equilibrio de los poderes a fin de reinsertarnos en el concierto de las naciones democráticas.

-La venganza no debe ser un objetivo. La idea es respetar la independencia de los poderes, y corresponderá a la justicia procesar a quienes hayan cometido delitos.

-Se debe gobernar con firmeza para todos. Pero el diálogo es indispensable para devolverle la armonía al país. Nadie podría gobernar con colectivos armados amenazando la seguridad de los ciudadanos y de los bienes.

-La problemática social es prioritaria. Se debe buscar el máximo apoyo de la comunidad internacional y recibir toda la ayuda humanitaria para enfrentar el tema de alimentos y medicinas. Debe haber subsidios para los más débiles.

-La educación, la salud, la seguridad y la justicia serán las prioridades.

-Habrá que recurrir a créditos de organismos internacionales para reimpulsar nuestra economía y recuperarla de la postración en que se encuentra.

-La seguridad jurídica es vital para lograr el restablecimiento de la confianza.

-La mejor política social es la que es capaz de crear trabajo y devolverle el poder adquisitivo al salario. Por ello hay que combatir la inflación atacando el mal por su raíz: el déficit fiscal.

-Hay que devolverle la autonomía al BCV e impedir que siga financiando el déficit que es la causa de que hoy padezcamos la inflación más alta del mundo.

-Eliminar el control de cambios y su secuela de corrupciones. Restaurada la confianza no se requerirá. Hay que recuperar la estabilidad de la moneda coadyuvando así con el objetivo de preservar su poder adquisitivo.

-Eliminar los controles de precios que distorsionan la economía y asfixian a los productores. Hay que devolverle la flexibilidad al mercado laboral.

-Estimular a quienes producen en lugar de castigarlos. Cuando la cantidad de bienes que se ofrecen supera la cantidad de los que se demandan, los precios bajan. Esa es la meta.

-Estimular al máximo las inversiones. La recuperación de Venezuela pasa por promover el mayor crecimiento de su economía mediante un adecuado flujo de nuevas inversiones.

-Debemos recuperar la industria petrolera. Nuestra producción ha caído en términos dramáticos (537.000 b/d en 19 meses), las refinerías se encuentran en un estado deplorable y ya no son capaces de producir ni siquiera la gasolina que consumimos, los yacimientos petroleros han sufrido daños a veces irreparables, las instalaciones están destrozadas y hemos perdido buena parte de nuestros mercados. Las inversiones que se requieren son tan elevadas que escapan a cualquier posibilidad de ser realizadas únicamente por el Estado. Una nueva apertura petrolera, más audaz, será indispensable.

-Propiciar arreglos en todos los arbitrajes internacionales y buscar que esas inversiones regresen a Venezuela.

-Revertir la fuga de cerebros. Hay que establecer mecanismos para darles estímulos a los inversionistas extranjeros que den preferencia a los profesionales venezolanos que hoy están en el exterior. Su costo de formación fue muy alto y los necesitamos aquí.

-Capítulo especial merece el restablecimiento de la moral ciudadana. Se deberán establecer campañas con la colaboración de todos los medios de comunicación, la Iglesia católica y todas las iglesias para enfrentar la caótica situación moral en que estamos sumidos.

En resumen, hay que devolverle la confianza al país. Cuando hay confianza hay inversión. Con ello crece el empleo, lo cual estimula el consumo y lleva a que alguien más tenga que invertir para satisfacerlo. Por esta vía la economía se encamina por un círculo virtuoso de crecimiento que a todos favorece. ¡Sí se puede!