Opinión

La destrucción del profesionalismo militar

Ver el deplorable espectáculo de la caravana cívico-militar, organizada por el PSUV, como parte de los actos para conmemorar el cuarto aniversario de la muerte de Hugo Chávez, en la cual miembros de la Fuerza Armada Nacional saludaban con el puño cerrado, al estilo tradicional de los movimientos comunistas y de la izquierda revolucionaria, nos debe generar no solo un profundo rechazo, sino también gran preocupación. Además, es absolutamente inaceptable que el presidente de la República, el ministro de la Defensa y los altos mandos hayan facilitado, una vez más, el patio de honor de la Academia Militar para, con presencia de efectivos militares y como continuación de dichos actos, se realizara una concentración de corte absolutamente proselitista, organizada por el PSUV, pretendiendo presentar ante los venezolanos una fuerza que no tiene, y simbólicamente demostrar que la institución armada está al servicio de ese partido político. Afortunadamente, ese objetivo no fue alcanzado, ya que los medios de opinión independientes e internacionales reseñaron que en esa concentración solo hubo algunos cientos de militantes y una presencia militar muy limitada. En todo caso, se pretendió, también una vez más, comprometer la obligatoria imparcialidad política de la Fuerza Armada Nacional.

Ante esta recurrente y flagrante conducta, violatoria del contenido de los artículos 328,330 y 331 de la Constitución Nacional, del régimen chavista, durante estos dieciocho años, considero importante resaltar el significado que tiene el profesionalismo militar como elemento fundamental del cabal desempeño de una organización armada al servicio de un Estado y una sociedad. Los valores morales y éticos de un profesional militar al servicio de una nación deberán estar representados por un inquebrantable respeto y acatamiento a la Constitución. Su personalidad debe caracterizarse por la inteligencia, el valor personal, la firmeza de carácter, la lealtad, la honestidad, el compañerismo, la educación, el conocimiento técnico de la profesión y muchos otros que deben convertirlo en un líder militar de reconocida autoridad moral, que ejerza el mando a través del ejemplo y el ascendiente sobre sus subalternos. En consecuencia, una organización militar conducida por profesionales de esas características, debe estar al servicio de todos los ciudadanos, en el marco constitucional y jurídico, sin otras limitaciones que las establecidas por la misma carta magna y demás leyes de la República. Sin embargo, ha sido precisamente en ese aspecto donde de manera aviesa incidió Chávez y lo siguen haciendo sus seguidores, con la lamentable colaboración de muchos jefes militares, para destruir el indispensable profesionalismo militar.

Venezuela adolece de una gravísima crisis en todos los órdenes de la vida nacional, cuyas expresiones huelga mencionar, porque son suficientemente conocidas y sufridas diariamente por todos los ciudadanos. Por ello, y ante la tozudez de Nicolás Maduro y su gobierno, es necesario encontrarle salidas constitucionales y pacíficas a esta asfixiante situación. En mi anterior artículo, señalé tres posibles escenarios ante los que podríamos encontrarnos, como respuesta a esta tragedia: “Una rebelión militar de algún sector de la Fuerza Armada, cercana ideológicamente al socialismo del siglo XXI”…; “un incontrolable estallido de violencia”…; “la renuncia de Maduro, en medio de una creciente e inmanejable crisis económica, agravada por la declaración de Venezuela en default”… En caso de ocurrir cualquiera de ellos, u otro de mayor o menor gravedad, tendrá que intervenir activamente la Fuerza Armada Nacional.

La razón de ser de la institución armada es garantizar la independencia y soberanía de la nación y la paz de la República. Por ello, me surgen unas preguntas que me gustaría que el general Vladimir Padrino López y el Alto Mando Militar respondieran responsablemente a los venezolanos: ¿Existe en la Fuerza Armada Nacional el requerido espíritu de cuerpo y unidad de sus integrantes, que garantice su idoneidad para enfrentar una crisis de esa magnitud?; ¿su apresto operacional se encuentra en los parámetros requeridos para garantizar su operatividad? ¿Es tan aguda la escasez de alimentos y medicinas en las unidades militares que se requiere enviar francos de servicio a sus efectivos a sus casas? ¿Cuándo le dará una respuesta convincente y seria a los familiares, al personal militar y a Venezuela sobre el desaparecido por ya más de 2 meses, del helicóptero MI17V5 del Ejército y sus pasajeros y tripulantes? ¿Es verdad, como afirma el gobernador Liborio Guarulla, que en el estado Amazonas se encuentran 4.000 guerrilleros de las FARC y del ELN?

El caso del helicóptero MI17V5 es realmente difícil de aceptar: el tiempo pasa, el helicóptero con tripulantes y pasajeros no aparece y el Ministerio de la Defensa guarda absoluto silencio. Ante esta absurda situación empiezan a circular rumores de todo orden. Fundamentalmente, han surgido tres hipótesis: el helicóptero fue secuestrado en el momento de despegar del aeropuerto de Puerto Ayacucho por un grupo armado perteneciente a las FARC, el cual lo condujo a territorio colombiano; el helicóptero transportaba un material ilegal y al ir a entregarlo, en territorio colombiano, lo retuvieron como elemento de negociación entre un destacamento de la FARC y la Fuerza Armada Nacional; el helicóptero sufrió un accidente en donde perdieron la vida tripulantes y pasajeros al alejarse de la ruta establecida. Lo inexplicable es el absoluto silencio del Ministerio de la Defensa. Esa injustificable actuación compromete gravemente el prestigio de nuestra institución. Lo que más me preocupa es la certeza que tengo de que existe intencionalidad política de continuar destruyendo el prestigio profesional e institucional de nuestra organización, para evitar cualquier actuación de la Fuerza Armada a favor de la crisis nacional, si esta llegara a hacerse inmanejable.

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