Opinión

Desde los meandros del infierno

Nelson Chitty La Roche

“…lo que no soporta una nación es el desgaste de su poder público y de su propia vitalidad económica manteniendo el desasosiego, la zozobra y la intranquilidad”. Indalecio Prieto.

Un par de semanas fuera del país atendiendo un asunto familiar, y de regreso la sensación de que estamos mucho peor. La hiperinflación se muestra con toda su intensidad. La institucionalidad ya fracturada, desvencijada, desplazada, impúdica continúa y vemos al gobiernito del desastre persiguiéndolos a todos y quebrantando lo poco que queda para eso.

Default se anuncia entre demostraciones de ignorancia y pendencierismo del presidente, que arrastra su mediocridad ante el mundo y su petulancia sin darse cuenta, o cínicamente prescindiendo, de las resultas de sus ejecutorias, condenadas al fracaso, como lo prueba cada día el acontecer oriundo. El poder en manos de la incompetencia arrogante está, además, contaminado de ideologismo suicida. No hay esperanza de rectificación.

¿Y la gente? El rostro nacional está desfigurado. Al hambre que se desnuda grosera se agrega un sentimiento de ira creciente que la aparente resignación no distrae. El silencio de muchos no supone que la calma o el miedo dominen. Es presagio de un estallido virulento. Niños que no van a clases, estudiantes desertando especialmente de las universidades, estampida acelerada de profesionales y técnicos, pero también de hombres y mujeres hartos de la desesperanza. El emprendimiento decide llevar sus esfuerzos a otras latitudes o se prepara para lo peor. Endemias, patologías, virosis por doquier y, por supuesto, no hay cómo responder a los requerimientos médicos y sanitarios.

Maduro se siente Fidel y visualiza a Venezuela como Cuba. Celebra que la clase media se vaya y el que no le guste también. Sabe que Diosdado quiere más de lo que la historia accidentada y caprichosa del chavismo le ha proporcionado, pero siente que domina y controla desde la ANC. Los militares continúan enajenados, su sistemática sumisión a cambio de prebendas, canonjías y corrupción pura y simple convencen a todos de que hay para cada uno. En los aeropuertos y en la frontera impera el abuso, el exceso, el desmadre y la GNB hace de oficiante. Venezuela ha vuelto al siglo XIX de la mano de la demagogia y el populismo.

Nadie puede creer en su sano juicio y valga el lugar común que la ciudadanía haya votado para apoyar y sostener el pandemónium. Cada ejercicio de consulta está inficionado, contaminado, manipulado del género dictatorial. Cierto que al más pobre le pusieron su hambre por delante y ún lo manejan, pero, aun así, resulta difícil creer que una mayoría que en las encuestas los contraría puedan votar para respaldarlos. Insulta nuestra inteligencia esa secuencia inconsecuente.

La oposición dividida y enemistada asiste al sainete de las municipales o se retira en apariencia de ellas, pero debe superar el trauma, la decepción y la desesperanza para volver sobre sus pasos a la unidad y a la virtud ciudadana.

Decía Churchill a los ingleses que los invitaba a la refriega y les pedía, sangre, esfuerzo, sudor y lágrimas. No fue el inglés ni el primero siquiera en utilizar la expresión, pero la convirtió tal vez en la famosa locución del heroísmo que los dirigentes piden a los pueblos ante la tragedia del infierno que se erige ante el pueblo. Mi amigo y compadre Gustavo Tarre lo citaba para recordarnos que solo estamos derrotados cuando nos rendimos, y de eso, ¡ni de vaina!

nchittylaroche@hotmail.com