Opinión

¿Derrota?

Fernando Rodríguez

No hay duda de que existe hoy una especie de quebranto en la salud política del opositor venezolano, no hace mucho robusta, por la instalación de esa inmundicia cívica que es la ANC. Quebranto, dije adrede, no enfermedad propiamente. Hay generalizada una endeble lectura de los acontecimientos de los últimos días que dice más o menos así: hemos luchado como nunca, calle y más calle, muertos y heridos y presos, grandilocuentes consignas y declamaciones, himnos y banderas épicas al viento y los malditos terminaron consumando el crimen y ahí están para masacrarnos, ya comenzaron con la fiscal y los alcaldes y no van a parar. La misma vaina de siempre, de dieciocho años. Dios es chavista, definitivamente. Y algunos hechos parecerían síntomas inequívocos: las marchas o no se hacen o se enflaquecen flagrantemente y hasta los trancazos, que necesitan pocos gatos, también. Tiempo concluido ese, sentenció Gerardo Blyde. Se pueden agregar otros síntomas, pero este es bastante generalizado.

Por supuesto que en esto hay bastante verdad, pero que algunas reflexiones a la mano y acciones inmediatas por venir deben superar. Este gobierno se pudre por los cuatro costados como ningún otro en mucho tiempo y en cualquier geografía. Su único apoyo son los cuatreros que manejan unos cuantos generalotes que saben que serán juzgados penalmente si democracia hubiese y que, de paso y a pesar de sus desplantes, ya comienzan a ver que el río se les mete en casa, justo en uno de sus más estratégicos cuarteles. Luego el abrumador desprecio acusador de todo el mundo democrático, también señaladísimo. Es posible que algo similar sucediera con Videla o Pinochet, pero no con esa virulencia y simultaneidad. De asesino (los muertos de las manifestaciones son suyos) y torturador “sistemático” lo trata la ONU, 17 cancilleres de los países importantes de América lo apostrofan de dictador intratable, 8 nuevos jerarcas engrosan las listas de delincuentes del Departamento del Tesoro, para solo referir lo sucedido esta semana. En la economía crecen todos los índices negativos y escenarios dantescos se anuncian, absolutamente inverosímiles en cualquier lugar del hemisferio, según Hausmann (“El colapso de Venezuela no tiene precedentes”) y todo aquel que se refiere al tema, hasta Torino Capital. Las primeras encuestas sobre las regionales  lo ponen a perder al menos en 18 estados; lo que no indica que va a haber en diciembre elecciones felices, a lo mejor lo contrario, pero deja claro el fraude del otro día y lo escuálido que anda el  pueblo de Chávez. Están jodidos… Sí, no se mueren, qué puedo decirle,

Y, por último, usted sabe bien, que usted tiene su arrechera y su valor intactos y de alguna manera los va a volver a emplear. Porque le han robado el almuerzo de todos los días y la medicina de la abuela que grita adolorida a medianoche y ese malandro, con boina, que lo mira cada vez más feo…Esta mierda en que se ha vuelto la vida. Además, a quién le gusta la tiranía sino a las gallinas que pisa el gallo, como decía su padre adeco.

Tenemos, por supuesto, que hacer una crítica y profunda. No a la manera tardía, masiva y sin razones de Ledezma. Pero sí clara, sin tantos secretos y medias lenguas: a nosotros nos sale hablar con Zapatero porque hay que parar la ANC y no queremos seguir multiplicando los muertos, si le gusta bueno. Así. Y vamos a ser más astutos, más políticos, que es un arte extremadamente complejo y lleno de matices, no una ruta de una sola vía. En fin, que vamos a hacerlo mejor, para lo cual es necesario ese capital invalorable de su arrechera y su coraje que a veces hay que ofrendarlos hasta con la vida, ojalá y así no sea. Pero derrotados, de cuándo acá, si lo que tenemos enfrente es una caricatura de gobierno, agónico, unos chafarotes y unos tránsfugas políticos sin moral y sin ideas en los que ya nadie cree. De cuándo acá.