Opinión

La degradación de un país

Pedro Luis Echeverría

La opinión de

“Porque a veces es demasiado increíble,

la verdad deja a menudo de ser conocida...”

Heráclito

El país asiste atónito al degradante, desgarrador y doloroso espectáculo que, por estos días, protagonizan cientos de venezolanos en diversas ciudades y vías públicas del país.

El desborde de la indignación, las pasiones, los bajos instintos y la desesperación se expresan mediante cientos de saqueos, desafueros y robos contra la propiedad pública y privada y a través de dantescas escenas de personas adultas y niños mendingando y recorriendo basurales en busca de cualquier desecho que les permita satisfacer parcialmente los retortijones del hambre a que se ven sometidos por un gobierno ineficiente e incapaz.

Asimismo, el país presencia con estupor y con asco la actitud irresponsable, indigna, negligente, criminal, canallesca y sobre todo sospechosa que ha asumido el régimen ante los desafortunados eventos que sacuden la conciencia y sensibilidad nacional e internacional.

En efecto, el país y la comunidad internacional constatan a diario el profundo envilecimiento y las luchas de poder que existen en el interior del régimen y el nivel de deterioro integral al que lo han llevado los auténticos apátridas que hoy detentan el poder. Es ampliamente conocido que conspicuos sostenedores de este putrefacto régimen gritan y vociferan sus delaciones y acusaciones de las corruptelas, traiciones, conspiraciones y delitos de personeros de la entente gubernamental y la existencia de un poder, no el nominal que dice detentar quien usurpa la presidencia, sino del poder real, que ejercen en la sombra individuos e instituciones íntimamente vinculados con el nauseabundo “proceso” y con actos de corrupción que han influido decisivamente, para mal, en el curso de los acontecimientos que hoy sacuden al país.

Lo que el común de la gente intuía, desde hace mucho tiempo, ha sido ratificado con creces y un abismo de desconfianza se abrió frente a todos: los que creen en la perversa utopía y quienes somos disidentes. Las expectativas y temores de un importante y numeroso segmento de la población venezolana percibe que la trágica coyuntura por la que transita la nación tiene graves connotaciones y abre una serie de interrogantes y diversos escenarios sobre la suerte inmediata del país; el país entero conoce cabalmente la falta de compromiso de las autoridades y la debilidad, por no decir la inexistencia, de la fuerza institucional del Estado para conducir y garantizar un ordenado y pacifico proceso de reencauzamiento de la nación.

El tiempo de los secretos del régimen llegó a su fin. Aparecerán muchas y nuevas revelaciones que harán saltar por los aires las tapas de la gran cloaca en que las bandas de burócratas facinerosos han convertido al poder en Venezuela. La sospecha se ha instalado entre nosotros y nadie es capaz de poner las manos en el fuego por ningún miembro del funcionariado gobernante.

Es el signo de estos tiempos en los que el ciudadano se siente indignado ante tantas mentiras y engaños de los segundones del que se fue y exige justicia y el fin definitivo de un régimen que solo ha dado sufrimientos y carestías de diverso orden al pueblo que dice representar.

El país sabe que lo que se ha develado hasta ahora no es más que el introito del desmoronamiento de un tinglado construido con las endebles bases de grandes patrañas, embustes y falsedades. Dos y dos siempre suman cuatro y un animal que maúlla, ronronea y caza ratones es un gato por más que se empeñen en decirnos, los asesinos de la historia, que es un conejo. Pero estos facinerosos no se contentaron con patrocinar y cimentar una falsa democracia, sino que, además, crearon mecanismos arbitrarios e ilegales de censura a gran escala, destinados a controlar, silenciar y destruir cualquier indicio que pudiera llevar la verdad a los millones de seguidores y disidentes del régimen.

Desde las sombras, la cárcel, la tortura, el exilio político, las persecuciones y diversas otras formas de opresión trataron de encerrarnos en un asfixiante círculo de silencio. La verdad, ignorada por la ceguera ideológica de adentro y afuera, estimuladas ambas por el dinero fácil y el verbo encendido y falaz, impidieron que grandes masas comprendieran y asimilaran la realidad de un país que irremisiblemente transitaba utópicos, alucinantes y totalitarios caminos que lo llevaban a su propia destrucción.

Lo que acontece en Venezuela no son situaciones esotéricas; se trata de hechos conocidos, pero que no había sido posible difundirlos con el ropaje de la verosimilitud que ahora tienen. Después de tantos escándalos debemos convenir que la fundación y posterior desarrollo del chavismo estuvieron siempre basados en el fraude, la mentira y la intriga.

 Solo queda a modo de conclusión reproducir una frase del Evangelio: “Los pongo en guardia contra los falsos profetas que vendrán a ustedes vestidos de oveja, mientras por dentro serán como lobos rapaces. Por sus obras los conoceréis”.