Opinión

¿Debemos ir a las elecciones regionales?

Una vez realizado el fraude electoral constituyente, desprestigiado ¡una vez más! el voto como mecanismo para lograr cambios en Venezuela siempre y cuando se mantenga el actual Consejo Nacional Electoral, la dictadura reafirma su intención de hacer las elecciones regionales para aprovechar una posible ola de abstencionismo. Es una estrategia evidente que se ha venido aplicando desde que el chavismo tomó el poder y una vez más los demócratas nos enfrentamos al dilema: ¿votar o no votar? El sueño de la oligarquía de enchufados es repetir los hechos de 2004 y 2005, tanto es así que la rectora principal del organismo electoral recordó la fecha al decir las cifras el domingo 30J, números que contradecían toda lógica política posible (claro rechazo al gobierno por ser el culpable del hambre, lo cual reflejan todas las encuestas y los centros de votación vacíos). ¿Le haremos el juego a su repetida trampa? ¿Entregaremos las gobernaciones sin dar la lucha? En adelante buscaré justificar –enumerando varios argumentos– nuestra asistencia a esos comicios, siempre y cuando se den las condiciones que teníamos para diciembre de 2015.

Sé que muchos me dirán que ese es el punto, porque ante las declaraciones de la compañía Smartmatic –que ofrecía todo el sistema electrónico al CNE– afirmando que el 30J se realizó un fraude electoral, no es el mismo escenario que el de las elecciones parlamentarias. Si a ello le agregamos que ese domingo se saltaron un montón de procesos de auditoría, se llevó a cabo la “nucleación” de centros, se podía votar en otras mesas y no se usaron los cuadernos ni la tinta indeleble; pareciera que no hay otra decisión posible salvo abstenerse. Pero ¿acaso no es el mismo CNE con las mismas rectoras con los que ganamos en 2015? ¡Sí lo es! Pero hay un factor fundamental, que es el hecho de que Smartmatic afirmó que el fraude se dio principalmente por la falta de testigos de la oposición. De manera que si la MUD logra tener presencia en todas las mesas y repetir las condiciones de 2015, podemos ganar y con mayor número de votos por el incremento de la popularidad de los demócratas. Este es el primer argumento para asistir. En este sentido, la decisión de participar o no está en establecer unos mínimos razonables que no pasan necesariamente por el ideal de sustituir a las rectoras. De no cumplirse estos mínimos creo que no deberíamos ir, pero si logramos que se cumplan: ¿vamos a perder la oportunidad de repetir la hazaña, ahora que la dictadura está más desprestigiada que nunca?

Una vez aclarado este importante aspecto de los mínimos y no de los máximos que proponen algunos (un nuevo CNE con rectores no chavistas, entre otros), considero como segundo argumento nuestra tradición “electoralista”. Este hecho se demostró claramente con la masiva (esta sí) asistencia el 16J a un evento que representaba una especie de votación (manifestación de voluntad) en contra del fraude constituyente. Existe un arraigo de nuestra cultura democrática, la cual tiene como acción fundamental el voto. Pero ese día también se demostró el potencial de la oposición para movilizar electores y un numeroso contingente de voluntarios que podrían servir perfectamente como testigos. El sufragio, más allá de las protestas de calle o las acciones de desobediencia civil, es el medio predilecto de nuestro pueblo para expresarse, ¿vamos a desaprovechar esa tradición?

El tercer argumento enfatiza que participar en unos comicios no significa ni abandonar la protesta de calle ni apagarla. Son numerosos los ejemplos que muestran lo contrario; es decir, la campaña electoral se convierte en un excelente estímulo para la movilización, y que la dictadura no podrá justificar a la hora de reprimirla. No olvidemos nunca cómo el referéndum constitucional de 2007 no hizo que cesara la protesta por el cierre de RCTV, sino que la canalizó para obtener la primera derrota del chavismo, y aunque más alejada entre cada evento, se pueden relacionar las protestas de 2014 y el triunfo electoral al año siguiente. Pero a su vez, el abstencionismo posterior a ese largo período de protestas que fueron desde 2002 hasta 2004, debido a la derrota en la consulta revocatoria, llevó a la desmovilización y cesión de muchos espacios (palabra anatematizada, por cierto) al no participar masivamente en las regionales de ese mismo año y el retiro de las candidaturas parlamentarias de 2005.

Es muy lamentable que una vez iniciada la discusión sobre la pertinencia de asistir o no a las regionales, se han retomado en las redes sociales dos de las falsas creencias o antivalores que nos llevaron a esta tragedia: la antipolítica y el antipartidismo. Algunas personas han considerado inmoral los legítimos deseos que tienen nuestros políticos profesionales de aspirar a ser gobernadores o cualquier cargo de representación, como si este hecho fuera contradictorio con los fines de lograr la transición de la dictadura a la democracia. Es precisamente el ejercicio democrático-electoral lo que nos acerca al gran sueño de volver a vivir en libertad, y no el rechazo a la política y a sus principales protagonistas: las organizaciones partidistas. Es este el cuarto argumento, que al asistir a estos sufragios estaríamos fortaleciendo los liderazgos regionales y locales, “aceitando” las maquinarias que tanto hoy como en el futuro cercano ayudarían a mantener activa la calle. Y un quinto argumento es el hecho de que al establecer alianzas para elegir a los candidatos se podría incorporar el chavismo democrático, y consolidar un gran frente de unidad nacional en contra del fraude constituyente, más allá de la MUD y en defensa de la Constitución.  

El sexto argumento es que mantendría la atención y la presencia de los medios de comunicación internacionales en el país. De esa forma, si hay violaciones de los derechos humanos o suspensión de las elecciones, esto se sabría con gran detalle y la deslegitimación de la dictadura se incrementaría con la consiguiente presión del mundo. Nuestros aliados crecerían y tendríamos mayores posibilidades de victoria. A pesar de todo esto, algunos señalan que estaremos legitimando la fraudulenta asamblea constituyente y es algo que no comprendo, porque se tuvo claras sospechas en las elecciones presidenciales de 2013 y a pesar de ello se fue a las parlamentarias de 2015. La mayoría no pensó que un fraude de una elección se legitimaba si se iba a la siguiente. Otros hablan de que no se debe ir porque igual la ilegal ANC suspenderá en sus funciones a cuanta autoridad le dé la gana, tal como hizo con la fiscal general, pero esto es como si no quisiéramos vivir por temor a morir.

Una vez más hay que repetir que es preferible que nos roben las elecciones a regalárselas. Si no votamos no tendremos posibilidad alguna de ganar, ya habremos sido derrotados sin luchar. En todo caso, la Unidad debe examinar muy bien las condiciones y decidir, y todos los que creemos en la gran alianza de los demócratas actuaremos en consecuencia.

@profeballa