Opinión

Debate sobre el legado chavista

En estos días, con ocasión de recordarse desde sectores oficialistas el aniversario del nacimiento del comandante Hugo Chávez, ha saltado al debate público una controversia entre varios actores políticos, en torno a lo que ellos llaman el “legado” del extinto presidente.

Los “defensores del legado chavista”, básicamente ex ministros y ex altos jefes del gobierno, en los tiempos de esplendor de la revolución cuando la bonanza petrolera les favorecía ampliamente, alegan que Nicolás Maduro ha traicionado los postulados y lineamientos trazados en vida por el líder del militarismo comunista. Agregan que Maduro ha arruinado económicamente al país, pero lo más grave para ellos es que ha arruinado políticamente el proyecto socialista.

En estos días de julio de 2018 es importante traer a colación las opiniones criticas de los ex ministros Andrés Izarra, Rodrigo Cabezas y Jorge Giordani.

Compartimos con los ex ministros citados la consideración sobre la incapacidad manifiesta de Nicolás Maduro para conducir los destinos del Estado venezolano. Compartimos sus afirmaciones sobre lo errático de sus políticas y sobre el nefasto equipo humano que lo acompaña, con el cual profundiza cada día la tragedia a la que nos han traído precisamente las políticas públicas del modelo castrochavista.

Andrés Izarra expresó, a través de su cuenta en Twitter, lo siguiente: “En ocasión del cumpleaños del comandante Chávez, un llamado urgente a salvar su legado y nuestro país. ¡Cambio de gobierno ya!”.

De acuerdo con Izarra respecto a la necesidad de impulsar un “cambio de gobierno ya”. Pero a salvar el legado de Chávez no. El mismo argumento ofrece el ex ministro Giordani, como comentaré más adelante.

Rodrigo Cabezas, por su parte, afirmó: “No hay conducción profesional de la política económica de Venezuela”, y tiene razón. Solo que este mal lo inoculó en la conducción del estado el teniente coronel Hugo Chávez, quien tuvo 17 ministros de Finanzas, y con el silencio y el acompañamiento del propio Cabezas, como diputado presidente de la Comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional, y luego como ministro y presidente del Banco Central de Venezuela, llevó adelante la destrucción de la autonomía del ente emisor, permitiéndole la reforma a la ley que rige la institución, para convertirla en la caja chica del despacho presidencial, y en una especie de máquina de Aladino que, desde un computador, hace crecer de manera digital la masa monetaria del país.

Si Chávez, que “era el padre de la revolución”, no tuvo reparo en violar la Constitución, creando un Fondo de Desarrollo Nacional en vez del Fondo de Estabilización Macroeconómica que consagró el artículo 321 de la vigente Constitución, también Maduro, siguiendo su ejemplo, adelanta su propia lista de tropelías contra la carta magna y la racionalidad económica.

Lo que creó Chávez fue un fondo de derroche de la riqueza nacional, que ha debido ahorrarse para el momento de las dificultades, y se dedicó a repartir el dinero de nuestro petróleo en todos los confines del planeta, especialmente en nuestro continente latinoamericano. Pero fue más allá, además de haber derrochado la fortuna más extraordinaria jamás recibida en su historia por nuestro país, se dedicó a endeudar la República, también a niveles jamás registrados en nuestra historia económica. Esa fue la fase previa que nos trajo a esta debacle, en ese manejo financiero, Chávez no realizó una “conducción profesional de la política económica de Venezuela”. Solo que Cabezas, en esos tiempos, fue uno de los copartícipes de ese manejo “no profesional de nuestra economía”.

Maduro solo ha terminado de completar su tarea aferrado a los dogmas del socialismo instruido desde Cuba, con políticas tales como el control de cambio, control de precios, expropiaciones, emisión de dinero digital, etc., trayéndonos con ellas un holocausto económico jamás conocido en nuestra historia republicana.

Giordani escribió en estos días lo siguiente:

“Lo que deseo resaltar en este escrito, es lo que ocurrió en Caracas, en el Palacio de Miraflores, cuando nos convocó (Chávez) a algunos de sus colaboradores, el 8 de diciembre en el Palacio de Miraflores, al anunciar lo que dijo en esa ocasión; la cual en mi plena convicción, significó un error grave de su parte, por lo cual los venezolanos, luego de su muerte, y a partir de abril del año 2013, estamos pagando una inconsecuencia con su memoria, con su legado y la historia venezolana”. (Portal Aporrea). https://www.aporrea.org/actualidad/a266943.html)

El grave error de Chávez fue haber asumido la conducción del Estado venezolano sin tener la formación necesaria para ello, y haber seleccionado para acompañarle a personajes como el propio Giordani, quien es uno de los responsables de haber establecido el modelo de economía planificada, centralizada, súper estatizada, que permitió el derroche ya citado.

Maduro no ha tenido ninguna inconsecuencia; él ha continuado el mismo modelo que Giordani asesoró a Chávez. Recordemos que este personaje confesó en su carta de renuncia a Maduro, haber comprometido las reservas internacionales de la República, para lazar una oleada de gasto público populista que les permitió ganar las elecciones presidenciales de octubre de 2012, y las regionales del mismo año. Al morir Chávez, y asumir Maduro en 2013, el mal estaba hecho: la República estaba quebrada e hipotecada hasta niveles desmesurados. Y Giordani era y es, uno de los responsables de semejante tragedia.

La bomba de la “inconsecuencia con… la historia de Venezuela” le explotó en la cara a toda la camarilla gobernante, solo que Chávez se había marchado ya para no ser testigo de su desastrosa obra. Mal puede ahora el señor Giordani venir a tratar de lavarse la cara frente al país, y frente a la historia, expresando que Chávez se equivocó al elegir a Maduro, obviando la inmensa responsabilidad que él tiene en el desastroso manejo que ambos hicieron de nuestra economía.

Claro que Chávez se equivocó seleccionando a Maduro. Pero no solo en eso. Se equivocó en todo el diseño del Estado autoritario, rentista y corrupto que dejó. Ese es su verdadero legado. Hoy lo vemos hecho muerte y miseria del pueblo venezolano.

En consecuencia, no hay legado alguno que rescatar; como lo sostiene Izarra y Giordani. Lo que se impone es rescatar a Venezuela de la banda criminal que el difunto comandante dejó a cargo de su desastroso modelo de Estado, para restablecer la democracia y el progreso de nuestra nación.