Opinión

¡Cuidado, Venezuela, la anarquía acecha!

Nelson Chitty La Roche

“Unámonos o la anarquía nos devorará, solo la unidad nos falta para completar la obra de nuestra regeneración…”.

Simón Bolívar

Nuevamente ante el punto donde los senderos se bifurcan. La derrota nos descompuso y nos solivianta de todas las maneras y a todos también. La fatiga regresa, el temor se asoma, la resignación reclama su cuota y el adversario que nos asume como enemigos, sonríe.

La derrota es siempre turbadora, pero lo es más si es en nuestro propio feudo. Sabiéndonos mayoritarios fuimos al evento con la impenitente ingenuidad de los demócratas. Perdimos y no atinamos a tragarnos ese tiranosaurio. Miramos a los lados buscando el padre de esa hórrida criatura; miramos de reojo el espejo pero creemos no vernos, enfadados, confundidos, frustrados. Fácil es echarle el dedo al otro que dijo u opinó igual pero no lo mismo.

Sostuve que había que votar con el pañuelo en la nariz porque el régimen era capaz de lo que pasó y de mucho más. Creí en un resultado parejo pensando que los abusos, el enorme ventajismo, la trampa que disuade, el hambre, el CLAP, las migraciones les permitirían ganar los estados más pobres y, sin embargo, Zulia, Lara, Miranda, Carabobo, Mérida, Táchira, Nueva Esparta, Aragua, Falcón, Bolívar, Anzoátegui me lucían claramente favorables y con dudas otros más. Me equivoqué, no obstante, apenas cinco estados obtuvimos y muchísimas dudas.

El chavismo es un malandro sórdido que actúa sobre seguro siempre. A menudo dicen lo que harán y nos hacemos caso porque creemos que no será así porque la CRBV o la Ley de Juramentos o la jurisprudencia del TSJ dicen que no, pero si el capo lo anuncia muy probablemente transgredirán y violarán la norma. Si Maduro advirtió del juramento ante la ANC, razonable era pensar que sería exigido. Si juegas con las cartas del otro, tal vez también con sus reglas. Jurar ante la fraudulenta debió ser objeto de una previa consideración para, juntos, actuar. Por lo visto “guerra avisada sí mata soldados”.

No jurar ninguno o jurar todos habría tenido su justificación ante la comunidad internacional y ante la nacional igualmente, pero dejarles el Zulia después de habérselos ganado no fue inteligente. Guanipa estuvo bien y coherente, pero la unidad no. Cometió ese error la MUD fruto de sus bamboleos e inconsistencias, y lo peor no ha llegado todavía, pero camina por doquier haciéndonos el daño letal de dividirnos, segregarnos, marginarnos, indisciplinarnos.

En efecto, la unidad no es magia, es consenso. Nos acordamos sobre lo estratégico sin perder nuestras identidades. Es, pues, un ejercicio complejo de búsqueda y sobriedad. La unidad no suele ser la unanimidad y pasa por etapas tormentosas, dubitativa, vacilante, crítica, pero flexibiliza y continúa su paso que no se detiene sino cuando la certeza de la conquista lo legitima y sustenta.

El riesgo del desvío en el camino existe. También del canto de las sirenas que dicen lo que todos ven, pero omiten lo que en su miopía pierden y solo unos pocos miran o advierten. “Ulises somos todos, por Dios, y no podemos permitírnoslo”. La abstención se puede quizá explicar alguna vez, pero trae el idiota griego en las alforjas y no puede ser una política democrática congruente.

Finalmente, la voz de la razón me dice que debemos regresar a la serena y humilde mesa de los diálogos de oposición para restañar heridas y rehacer la maltrecha unidad. La hicimos, la probamos y la saboreamos victoriosa. Solo ella nos salvará porque el desorden y la pretensión de especificidad conduce inexorablemente a fragmentarnos y de allí a perdernos en nuestras vanidades, veleidades y soberbias.

nchittylaroche@hotmail.com