Opinión

Cuando parece que los números mienten

Ignacio Ávalos

I.

Esta historia se empezó a tejer el año pasado, cuando el CNE descartó el referéndum revocatorio, valiéndose de la sentencia de varios tribunales penales. Y luego de otros episodios su, por ahora, último capítulo comenzó cuando hace unos meses el presidente Maduro introdujo la propuesta de convocar a una ANC, sin previa consulta al pueblo, misma que el CNE aceptó y tramitó con prontitud. Dicha iniciativa fue vigorosamente desaprobada desde el punto de vista legal, además de que políticamente se consideró que, al contrario de lo que argumentaba su proponente, no contribuiría a solucionar la severa crisis venezolana, sino que la empeoraría.

Encima de lo anterior, el proceso electoral que debería conducir a su nombramiento no cumplió, ni de lejos, con las normas y condiciones exigidas en materia de transparencia y confiabilidad, como tampoco en lo que respecta a asegurar que el voto fuera libre, decisión de cada quien, sin presión alguna.

II.

Hacia la medianoche del domingo pasado, el CNE informó que la ANC había sido respaldada por un poco más de 8 millones de votos, cifra que generó una enorme polémica. En efecto, cómo explicarla en este momento cuando el país hace agua por todos lados, conforme lo vienen registrando desde hace rato distintas encuestas, dedicadas a calibrar el ánimo nacional (convertido en un gran disgusto), el rechazo al gobierno y también a la ANC, arrojando números que hace varias semanas llevaron al ex alcalde de Caracas Juan Barreto a señalar que, en las condiciones actuales del país, el PSUV no ganaría ni la elección de una reina de carnaval. Cómo explicarla, así mismo, a la luz de los diversos sondeos a boca de urna realizados ese día, que estimaban la participación en los comicios en las proximidades de los 3,5 millones de personas. Cómo explicarla, por otro lado, a la luz de la percepción que, a su manera y a su alcance, tuvo cualquier persona que acudiera observar los centros de votación y constatar los esfuerzos que realizaba la maquinaria oficialista a fin de que los empleados públicos fueran a votar, lo mismo que los beneficiarios de los CLAP y de las diversas misiones, enterados a la fuerza de que el voto representaba la contraprestación de su partecita de la renta petrolera, entregada por el presidente Maduro en el marco de eso que los entendidos llaman el populismo rentista y más recientemente el nacional-estalinismo, entendido como una especie de “populismo de minorías”.

La suma arrojada por el buche de las computadoras del CNE fue 8.089.320 votos, o sea, más o menos el doble de lo que se calculó por otras vías, suma que, por si faltara algo más, fue cuestionada por la mismísima Smartmatic al denunciar que “sin duda hubo una manipulación de los datos” que se tradujo en  “al menos 1 millón de votos más”. 

III.

Tras el anuncio de unos resultados controvertidos, el lunes amanecimos, así pues, con una ANC cuya legitimidad está siendo cuestionada, incluso por no pocos de los candidatos a integrarla, convencidos de que fueron mera comparsa en una competencia en la que previamente ya se conocían los ganadores. Amanecimos con una ANC controlada por una minoría política que dispondrá de poderes ilimitados, multiplicando la arbitrariedad y el desorden con los que se gobierna al país y que redactará una nueva Constitución, cuyo dibujo preliminar es poco democrático. Una ANC que probablemente será escenario de pugnas al interior del chavismo y con toda seguridad trabará la posibilidad para que este movimiento se repiense y fortalezca en el mediano y largo plazo. En síntesis, una ANC que no contribuirá a zanjar el aprieto en el que se encuentra el país y que, desde el punto de vista de la conflictividad política, será una piedra más en el camino.

IV.

Todo lo anterior dependerá de cómo se digiera lo que pareciera un engaño electoral. En efecto, a los reparos legales que se le hicieron desde un principio, a la ANC se le añaden ahora las críticas a una operación tramposa, que deja abiertas varias interrogantes con referencia al número de votos que la respaldó. 

Así las cosas, se le debiera solicitar al CNE una explicación sobre lo que ocurrió el pasado domingo. ¿Podrá darla? ¿Será convincente en sus argumentaciones? ¿Refutará los datos proporcionados por algunas encuestadoras?  ¿Refutará a Smartmatic? En caso de que no, ¿cuál será la posición del gobierno?, ¿se refugiará en la épica revolucionaria?, ¿qué hará con la ANC? ¿Cuál será la de los sectores de oposición, incluido el chavismo descontento? ¿La de la comunidad internacional? ¿La de los militares? ¿La de la gente de a pie?

En fin, ¿cuáles serán las consecuencias políticas derivadas de este embuste aritmético?