Opinión

Cómo vamos y dónde estamos

Rubén Osorio Canales

La opinión de

Vivir en el vértigo de estos días no es nada fácil. Saberse atrapado en un laberinto que esconde su salida rodeado de calamidades, todas provocadas por una hegemonía tan despiadada y cruel como la comunista y mucho más, cuando está infiltrada por la delincuencia organizada, el narcotráfico y el terrorismo, es como tener una muerte anunciada. Ver cómo el país se deshilacha con una velocidad inusitada y deja al desnudo a una sociedad indefensa ante la maldad de un régimen que ha provocado, entre otras muchas cosas, la ruina del país, el desquiciamiento de toda una sociedad que vive en el desconcierto de la mentira intencional y sistemáticamente producida, la diáspora más grande en la historia de este continente, un realidad que muestra en carne viva un país sin luz, sin agua, sin paz, que se desgasta en un ejercicio de supervivencia en muchos casos estéril, una población que hundida en una pobreza ruinmente provocada, busca la manera de sobrevivir a como dé lugar, expuesta siempre a un castigo cruel e inmerecido cuando al no lograrlo sale a gritar y a protestar con su inconformidad y desesperación montada en su mente y en sus hombros, todo lo cual conforma un cuadro demasiado trágico que necesita un final y lo necesita ya. 

Entonces nos preguntamos ante tan dantesca realidad cómo acelerar los tiempos de una solución si la misma está en manos de la geopolítica. ¿Cómo presionar a la comunidad internacional para que acelere sus tiempos, teniendo en cuenta que algunos de sus miembros intervienen con el deliberado propósito de brindarle tiempo al régimen? ¿Qué hacer si lo que se vive en Venezuela es una tragedia que por el camino que lleva condena a los venezolanos a la pérdida de la libertad y al entierro de la democracia?

Ciertamente, no podemos seguir dependiendo de las dilaciones que imponen los foros que se ocupan de Venezuela, no podemos permanecer atados a las discusiones, muchas de ellas intencionalmente improductivas sobre el destino del país, no podemos seguir pendientes de lo que diga López Obrador ni los restantes aliados del régimen, ni conformarnos con la petición  de la señora Mogherini al exigir, sin tener respuesta de los interpelados, una mayor celeridad para resolver la crisis de Venezuela.

La que se está hundiendo con peligro de desaparecer es Venezuela y con ella los millones de venezolanos que queremos el cambio. Si por quedarse en el poder el régimen entregó la soberanía de la nación a los cubanos, a los chinos, a los rusos, a los turcos, nosotros los venezolanos estamos en la obligación de recuperarla, defenderla, y mantenerla viva para que el mundo lo entienda y para ello debemos llegar al convencimiento de que somos un pueblo soberano, que queremos decidir nosotros mismos nuestro destino y eso debe quedar muy claro tanto en aquellos que son aliados del régimen perfectamente identificados, como de quienes nos apoyan.  

Para quienes abogan por la aplicación de 187 11, es bueno que sepan que esa comunidad espera por nosotros para acelerar el paso, que hacer reclamos sin tomar en cuenta esa circunstancia hace mucho daño y crea desesperanza; y para los que pensamos de manera diferente y vemos la vía de la elección libre y confiable, pero que contamos y necesitamos el apoyo de la comunidad internacional, tenemos que repetirnos una y mil veces que la batalla para lograr la confiabilidad necesaria de un proceso electoral es grande y dura porque implica la depuración de un CNE que ha actuado como un verdadero ministerio electoral al servicio del régimen, y por lo tanto se opondrá a muerte; que también implica mantener al margen del proceso electoral al Plan República por ser parte de la cúpula militar que controla el poder, que implica mantener fuera de toda influencia al G-2 cubano, a la KGB rusa y a todo el poder cibernético y tecnológico de los chinos, que implica además la revisión de todo el sistema y eso comprende una revisión muy a fondo del mismo, todo lo cual es materia de rechazo para el régimen.

Todo esto nos indica, por lo tanto, que el tiempo inmediato exige una protesta y una resistencia más activa si es que queremos que cada día nos acerque más al regreso de la democracia y nos aleje de la muerte civil que el régimen ha decretado para toda la sociedad; que la protesta general en la calle las veinticuatro horas del día es una ruta obligada, así dispongan a sus colectivos acompañados con sus armas rusas; que es necesario hacerle ver a la comunidad internacional, que esperar más tiempo es profundizar la tragedia. Que toda forma dilatoria le permite al régimen la aplicación de sus criminales desmanes contra una población indefensa, que solo cuenta con la razón y la ley como armas para el combate, armas por cierto terriblemente devaluadas en un escenario donde privan las herramientas de un Estado forajido, que le otorga una patente de corso a los colectivos violentos con los que el régimen cuenta para instalar el terror. Que el hambre, la falta de luz, de agua, sumados al estado de represión al que es sometida la población, no admiten el lenguaje siempre extremadamente pausado y casi siempre ambiguo de la diplomacia.

Es hora de dar la lucha en todos los frentes, poniendo en primer plano la preparación del terreno y el rescate del voto para hacerle frente  a una casi segura exigencia por parte de toda la comunidad internacional de ir a unas elecciones generales, solución que no quiere el régimen, pero que tampoco quiere una parte de la oposición que se niega a hacerla y mucho menos bajo la tutela de la bota militar.

No quiero finalizar sin decirle al presidente encargado que si tenemos un punto débil en el cuadro internacional es el de la ONU, y que aun cuando posteriormente entre chinos y rusos lo veten, tendría que nombrar a un guerrero con amplio prestigio y experiencia internacional, cuya voz sea reconocida en todas las naciones.