Opinión

El combate final ha comenzado

Lo dijo Julio Borges, presidente de la Asamblea Nacional y líder de Primero Justicia, quien al decirlo selló por fin la unidad de todas las voluntades contra la tiranía: Es negro o blanco, ellos o nosotros. El combate final ha comenzado.

“Tenemos que rebelarnos más allá de las palabras”

Julio Borges

Están cercados, sitiados, blindados en su gueto. ¿Qué otro nombre darle a Miraflores, a los distintos despachos y ministerios del gobierno ilegítimo que cuenta con todo el poder de las armas y la exclusividad del avieso y alevoso uso del terror de Estado, reducidos a sus últimas posesiones de un poder gangrenoso, carcomido y putrefacto como el que detentan? ¿Que no cuentan con más respaldo que pandillas asesinas, militares corruptos y traidores y funcionarios hambrientos, esclavizados con un mendrugo de pan? ¿Cómo denominar a ese enclave colonial de Cuba en Venezuela, esa dictadura odiada, repudiada, rechazada y aislada que se ha quedado sola en la cumbre de una montaña de ruinas y despojos, semejante a la que según Walter Benjamin espanta al Angelus Novus de Paul Klee al volver la mirada al pasado, impidiéndole desplegar sus alas?

Previendo esta angustiosa y desesperada situación de aislamiento y repulsión colectivos y las sangrientas consecuencias que podrían derivarse de un pueblo insurrecto dispuesto a todo para romper sus cadenas –incluso desconocer y atropellar los ominosos diques de contención de los factores que se hacen cómplices de la dictadura– ante tal cúmulo de traiciones, exacciones, abusos, humillaciones, crímenes, obscenidades e infamias, los hombres de Fidel y Raúl Castro decidieron dar el fujimorazo para imponer a trancazos y contra toda racionalidad un régimen ya abierta y desembozadamente totalitario: sepultar toda esperanza de una salida racional, pacífica, democrática, constitucional, ponerse de espaldas al repudio mundial y aplastar a un pueblo heroico dispuesto a sacrificar sus vidas por la libertad, exactamente como en los orígenes de la República. Con ello, han cerrado las puertas y roto los puentes de la retirada: han saltado a los abismos.

El poder de la corrupción mental y espiritual de sus cómplices y enchufados alcanza tal obsecuencia, que basta hablar con uno de los suyos, hasta ayer masista, adeco o copeyano al servicio de los gobiernos de turno desde los medios o la diplomacia, según soplara la rosa de los vientos, hoy funcionario al servicio del régimen, para comprobarlo. Se escandalizan por el nivel de la violencia opositora. La espantosa evidencia de los cadáveres asesinados por los hampones armados de los llamados colectivos no les hace mella, como si no hubieran existido. Y ante las evidencias, lanzan las sibilinas sospechas de autoatentados. Los disparos a mansalva y en la cabeza a jóvenes manifestantes y los bombazos de lanzagranadas disparadas al pecho o al rostro y a bocajarro por los esbirros de la Guardia Nacional, crímenes todos perfecta y debidamente documentados mediante videos en crudo, convertidos por obra de una gigantesca y monstruosa maquinaria de hilvanar infamias y mentiras, posiblemente la más insólita y descarada maquinaria de mentir de la historia de América Latina, en acciones de las víctimas, convertidas en victimarios, no conmueve sus tarifadas certidumbres. Siendo tales funcionarios –periodistas, diplomáticos, correveidiles de todos los regímenes– parte de ese mismo engranaje. Fascistas que se creen sus propias mentiras.

Fue Hannah Arendt quien enunció dos verdades del tamaño de una catedral: toda la operación propagandística del nazismo consistía en convertir a las víctimas en victimarios y hacer plausible dicha perversa y siniestra conversión más allá de toda racionalidad. La segunda: con el totalitarismo no se puede convivir. ¿Lo sabrán quienes hasta ayer apostaban por elecciones regionales creyendo a pie juntillas en la brutal y turbulenta maquinaria de procrear mentiras de los asediados monstruos de la dictadura y en la posibilidad objetiva de que en la futura democracia convivan totalitarios con demócratas?

Si no lo sabían, el zarpazo final les ha destrozado todas las ilusiones. Se acabaron las patrañas del diálogo. Bergoglio y los gobiernos que abrigaban la esperanza de conversaciones de las víctimas con los victimarios se habrán empachado con la pachotada nazifascista puesta en boca del títere por los titiriteros cubanos. Lo dijo Julio Borges, quien al decirlo selló por fin la unidad de todas las voluntades contra la tiranía: Es negro o blanco, ellos o nosotros. El combate final ha comenzado.

Los patriotas venezolanos deben alzarse como un solo hombre, sin perversas ilusiones, autoengaños, traiciones ni medias tintas, contra la tiranía. Es ahora o nunca. Mañana será demasiado tarde.