Opinión

El colapso de un gran creador

Es una terrible calamidad la que viven y experimentan los enfermos, en plena “revolución bonita”. Una cosa es leer o enterarnos a distancia de algún caso específico y otra, muy diferente, acompañar a un familiar o a un amigo en el vía crucis (o camino de la cruz) específico. La experiencia recientemente vivida por Miguel von Dangel (1946-), uno de los más destacados artistas plásticos de la Venezuela contemporánea y Latinoamérica, es reveladora. Pero antes de avanzar en su infortunio, bien vale la pena hacer una compendiosa reseña biográfica del artista para un mejor conocimiento de su figura, por parte de aquellos lectores que desconocen la trayectoria artística de este venezolano de la más pura cepa, nacido en Alemania.

Miguel llegó a Venezuela en 1950, acompañado de sus progenitores: el aristócrata polaco Félix Marceli von Dangel -a quien la revolución rusa le quitó sus tierras y fortuna- y Susanne Hertrich Winter, ciudadana alemana, hija de una familia de tres generaciones de pastores luteranos. Primero vivieron en las desaparecidas barracas de Sarría y luego se mudaron a Petare, donde siempre ha residido el artista. Los estudios de bachillerato que realizó en el Colegio Humboldt no los llegó a concluir. Incursionó entonces en el campo de la taxidermia y luego, en 1963, se inscribió en la Escuela de Artes Plásticas Cristóbal Rojas. Ahí estuvo solo dos años. Decidió abandonar la escuela de arte después de haber conocido al pintor ingenuo Bárbaro Rivas (1893-1967), una figura determinante en la concepción religiosa de su obra artística. Como resultado de la particular experiencia, Miguel llegó a declarar lo siguiente: “Era muy caótico el viejito, y era un gran artista. Entonces dije: ‘Lo que hace este metido en su rancho lo puedo hacer yo metido en mi casa, y si este no se muere de hambre, yo tampoco me voy a morir de hambre’, y me metí en mi casa”. A partir de ese encuentro el artista tomó el camino de la formación autodidacta, pintando, dibujando, esculpiendo y leyendo intensamente. También, desde ese momento, su carrera fue un continuo e imparable crecimiento. Críticos de primera línea (Sofía Ímber, Juan Calzadilla y Perán Erminy) elogiaron tempranamente su trabajo.

En 1983 representó a Venezuela en la XVII Bienal de Sao Paulo. Miguel participó con varias obras, entre ellas El regreso de la cuarta nave (1982-1983, materiales diversos, 10 x 5 m.), un barco lleno de flora, fauna, tierra, mar y símbolos latinoamericanos. Dicho trabajo mereció destacados comentarios de la prensa brasileña. De ahí en adelante, Miguel obtiene los más relevantes reconocimientos. Así, el 16 de agosto de 1991, la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA), Capítulo de Venezuela, le otorga el premio como artista veterano, correspondiente al año 1990, por su propuesta de ese año: La batalla de San Romano. Cuatro días después, se le concede el Premio Nacional de Artes Plásticas 1990.  En su veredicto el jurado señaló lo siguiente: “A un artista que ha dedicado su vida creadora a la constitución de una obra singular, orientada por la genuina indagación en los problemas del hombre y su entorno ecológico de América, así como a los grandes temas del arte: los mitos, la religiosidad y la muerte, temas que trascienden lo inmediato”.

Al año siguiente participa en la exposición Eco Art 1992 en Brasil, la cual fue exhibida en el Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro. El evento reunió a más de una centena de artistas plásticos, cincuenta de Brasil y setenta del resto de América, y se efectuó en el marco de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo. Un jurado internacional, integrado por doce especialistas del área, reconoció por unanimidad la relevancia de la obra plástica de Miguel, concediéndole el Premio Eco Art. En 1993 representa a Venezuela en la Bienal de Venecia. El diario Il Giorno, uno de los principales periódicos italianos, dedica un espacio a la creación de Von Dangel, calificándola como “una de las propuestas más llamativas de esta exposición internacional de arte”. Años más tarde, en 2010, la Asociación Venezolana de Artistas Plásticos (AVAP) le concede el Premio Nacional Armando Reverón. Su fulgurante carrera artista explica que su obra haya sido expuesta también en Nueva York, Coral Gables, Bogotá, Madrid y Worphwede (Alemania).

Con todos esos laudos y tan fantástica trayectoria, Von Dangel no es un hombre con medios de fortuna. Vive en una casa vieja y modesta, y lleva su vida de forma espartana, sin dejar de ayudar a aquellos vecinos que acuden a él para que les dé algo de comer. Como persona de la tercera edad recibe una pensión del Estado venezolano de 40.000 bolívares y una asignación de 4.000 bolívares mensuales, en su condición de galardonado con el Premio Nacional de Artes Plásticas. En total, Miguel tiene un ingreso de 8 dólares mensuales. Hasta hace 3 semanas tenía ahorros para sobrevivir por varios meses más, a la espera de vender alguna de sus muchas creaciones para expandir su horizonte económico.

Pero la enfermedad tocó a su puerta con particular ahínco, llevándolo a un estado de postración extrema y baja tensión sanguínea, con insuficiencia circulatoria, lo cual exigió su traslado al hospital de El Llanito, donde poca cosa pudieron hacer; luego a la Clínica Leopoldo Aguerrevere, donde permaneció por seis días, hasta ser estabilizado; y después fue trasladado al Centro Médico de Caracas, donde fue tratado de su problema cardíaco. El apoyo y desprendimiento con que actuaron los doctores Salvador Itriago (en la Aguerrevere) y Francisco Mejía Doria (Centro Médico), dieron muestras del alma bondadosa de los médicos venezolanos.Con similar disposición actuaron los amigos y familiares del artista, haciendo aportes en fondos habilitados en Alemania, Estados Unidos y Venezuela para cubrir parte de los compromisos adquiridos que ascienden a más de 14.000 dólares, sin incluir los gastos y tratamientos que probablemente se generarán más adelante.

Mientras el anterior drama se escenifica, los principales líderes revolucionarios se divierten y engordan a rabiar, asegurándose de que el pueblo llano, incluyendo a figuras meritorias como Miguel von Dangel, siga recibiendo sus 8 dólares mensuales que no le alcanzan ni para comprar un kilo de carne.

@EddyReyesT