Opinión

CNE: una cuentica pendiente

Emiro Rotundo Paúl

Mi familia y yo hemos vivido por muchos años en la urbanización La California Norte, Distrito Sucre, estado Miranda. Durante todo el tiempo de la mal llamada Cuarta República (los únicos cuarenta años de democracia que hemos tenido) y durante la mayor parte de la peor llamada Quinta República (período chavista que se inicia en enero de 1999), habíamos votado en el Liceo Lino de Clemente, plantel que dispone de una amplia edificación, con muchos salones y espacios libres, suficientes para acoger cómodamente a los 7.000 votantes que acuden a este centro de votación.

Como represalia por las acciones de protesta que se verificaron en la urbanización en los meses anteriores a las elecciones regionales, el CNE dispuso a última hora trasladar las mesas de votación del Liceo Lino de Clemente al barrio Campo Rico. Este barrio está situado en un cerro ubicado cerca de la urbanización. Pero el CNE no colocó las mesas en la parte baja del cerro, a nivel de la avenida Francisco de Miranda, donde funciona una Escuela Técnica con mayor espacio, sino en una pequeña escuela situada en la parte más alta del cerro, donde solo acceden carros de doble tracción (jeeps), cuyos conductores necesitan teléfonos portátiles para comunicarse entre sí, porque la anchura de la calle es insuficiente, con autos estacionados a ambos lados, que permiten el paso de un solo vehículo, por lo que se requiere ese contacto telefónico para hacer paros en el trayecto y evitar tener que dar marcha atrás, en subida o bajada, en tan incómodo trayecto, lleno de curvas que impiden la visión.

Los colaboradores del candidato opositor a la Gobernación del estado Miranda, Carlos Ocariz, obligado a competir en condiciones muy adversas con el candidato oficialista, pusieron en acción un operativo consistente en trasladar a la gente de La California Norte en autobuses hasta el pie del cerro, para luego subirlas en jeeps hasta las mesas de votación. Sin esa ayuda hubiera sido imposible acceder al lugar.

Hasta allí fuimos muchas personas de la tercera edad, haciendo grandes esfuerzos para superar los obstáculos impuestos por el CNE. Tales andanzas tuvieron consecuencias adversas para algunos de nosotros. Mi esposa, de ochenta años de edad, fue atacada por un perro y sufrió una caída que hasta el día de hoy la mantiene imposibilitada para caminar. Tiene, según el médico, un edema óseo provocado por el golpe contra el pavimento. Tuvo suerte, porque como sufre de osteoporosis, pudo haberse fracturado una o varias vértebras y verse sometida a duros y costosos tratamientos médicos y hasta, quizás, una intervención quirúrgica.

Este sacrificio de menor cuantía, si se compara con los centenares de muertos y heridos que dejó la represión de la protesta, es una pequeña muestra del inmenso castigo que el chavismo ha propinado, a lo largo de sus 19 años, a la clase media. Pero el martirio se extiende más allá del ámbito de ese sector social. Lo confirman las grandes colas que se forman por todos lados para comprar uno o dos artículos regulados, las hordas de hambrientos que sacan comida de las bolsas de basura, los afligidos que miran con tristeza los precios de los productos que no pueden comprar, los desafortunados pasajeros que se apiñan en los sucios y malolientes vagones del Metro o en los pocos autobuses que aún circulan por la ciudad, los enfermos crónicos que peregrinan de farmacia en farmacia buscando un remedio que no encuentran y en suma, lo confirmamos todos nosotros, los venezolanos en general, que no llevamos una vida normal por culpa del hampa y la impunidad.

Nada queda en pie en este país: la Constitución está suspendida, el CNE, la Fiscalía, el TSJ, la Defensoría del Pueblo y la Contraloría General de la República no tienen ninguna capacidad de actuar con imparcialidad y el ciudadano común está indefenso frente al absoluto poder del Estado. Las funciones públicas han pasado a manos de una ANC ilegítima, que asume el poder del Estado en nombre de una soberanía popular secuestrada por un grupo de chavistas fraudulentamente elegidos. Todo esto ha sido permitido por la FAN, que no solo ha participado abiertamente en todo ese desaguisado, sino que también reprime brutalmente a quienes luchamos por la legalidad, la justicia y la libertad.