Opinión

Ciudad desamparada

Los que se van de Caracas pierden su clima, lo verde de sus árboles, la eterna primavera, la lluvia, que en el peor de los casos dura un rato y se calma. Los que se quedan extrañan la alegría de su gente, las bellas mujeres, la actividad cultural. Muchos se han ido.

Un amigo me dice que él desayuna todas las mañanas viendo el Ávila, disfrutando de una montaña distinta todos los días, con un matiz diferente a medida que transcurre la tarde. Me asevera que, cuando ve arreboles al atardecer de Caracas, está seguro de que habrá lluvias al amanecer. Las puestas de sol de Caracas no envidian las de Barquisimeto u otra ciudad del mundo.

Esta Caracas fue la misma en la que se pudo disfrutar de un espectáculo como el de la banda de rock sinfónico Queen, con la portentosa voz de Freddie Mercury; de Van Halen con David Lee Roth o de Guns N'Roses. Ya no viene ni Olga Tañón.

Vivir en ciudad tiene sus beneficios: mejores hoteles, buenos restaurantes, trabajos que permiten el continuo ascenso y remuneración, colegios para los muchachos o estudios de tercer nivel a unos precios que aventajan los aranceles de cualquier universidad del mundo. Eso sí, sin socialismo bolivariano.

La diversidad de empresas industriales o de servicios atraía a los profesionales, aquí se hacía dinero con solo salir a la calle. Una semana en esta ciudad era más productivo que un mes en el interior del país.

Ahora, salga a una avenida, maneje por las autopistas, ya no hay colas. Caracas, la ciudad infernal por el tráfico no tiene vehículos, los carros están dañados o estacionados mientras se venden. Un repuesto es incomprable, un carro se adquiere por una miseria en dólares.

Nos hemos acostumbrado tanto a lo malo de este gobierno, que si oye muchos disparos no llama a la policía, se queda a la expectativa a ver si alguien está intentando un golpe de Estado. Pero no pasa nada.

Esta ciudad ha perdido población, la caída podría estar alrededor de 30%; lo peor es que la cantidad de habitantes sigue disminuyendo. Intente vender un inmueble, no le dan ni la mitad de lo que usted considera que es su valor; los propietarios lo dejan en barbecho. No se construyen apartamentos, la oferta inmobiliaria es infinita, el promedio de antigüedad de las viviendas es alto y sigue aumentando. Se puede adquirir una vivienda por poco dinero, por lo que se justifica la inversión por parte de quienes sueñan con vivir en esta ciudad, siempre y cuando sea en bolívares, no es racional traer ahorros en moneda dura para meterlos en esta incertidumbre de país. Caracas va camino de convertirse en una ciudad de jubilados, propiedad de los que tienen familiares en el exterior que los mantengan con remesas, de viejos sin hijos ni nietos.

Esta ciudad en un foso, todo lo que se le invierta para recuperar el alumbrado, las aceras, cubrir los huecos, es una inversión a fondo perdido mientras gobierne el socialismo. Tenemos una ciudad fracasada.

La posibilidad de cambiar estas circunstancias es baja, considerando la división ostensible de los grandes partidos de la oposición, que deja en evidencia el egoísmo de nuestros principales líderes. Más fácil es jugarse un animal de la lotería y esperar buenos resultados.

Hay quienes dicen que hay que votar, que es la mejor oportunidad de salir de este gobierno, que no es necesario esperar a que vengan los gringos a resolver nuestros problemas. No me extrañaría que mi amigo Carlos pegue una calcomanía en su carro que diga “No me culpen a mí, yo voté por Falcón”.

Vivimos en la ignorancia de lo que pueda pasar, de saber si nuestro voto influenciará el resultado, no tenemos expectativas de cambiar esta situación por medio de elecciones organizadas de la manera tramposa en que se están haciendo. El Consejo Nacional Electoral nos ha enseñado que el voto no tiene valor, que trasmitir confianza no es su política; que, si existiera la probabilidad de que Falcón gane, el viernes antes de las elecciones el CNE cambiaría los centros electorales, obligaría a los electores a estar zanqueando de centro en centro para tratar de votar, o forzando a ejercer el sufragio en zonas inaccesibles o de reconocida peligrosidad, como lo hizo en las de gobernadores 2017. Parafraseando una frase memorable del Sr. Spock: Las necesidades de unos pocos en el gobierno pesan más que las necesidades de muchos.

Mientras llega el día de la votación, sean diferidas o no, necesitamos una marcha, una concentración, una demostración del deseo de salir de este socialismo de porquería. Una demostración como la que se efectuó en Caracas el 19 de abril de 2017, cuando salió una muchedumbre. El gobierno, para las siguientes manifestaciones, apoyado en la fuerza militar, reprimió al pueblo y mató a jóvenes inocentes, con tal de que no se tomara conciencia del triunfo político de la oposición.

Creo más en la gente protestando que en sentencias y mayorías parlamentarias. Caracas debe dar el ejemplo, nosotros somos Caracas, convóquenme que yo salgo.