Opinión

Cataluña y el asalto de la barbarie

"Vuelvo al caso de Cataluña, pues expresa el tumor que gangrena a Occidente. Si el pueblo español, el Estado y la corona no reaccionan con virilidad y coraje y se enfrentan con todos los medios al asalto de la barbarie invasora, travestida hoy de independentismo, el suelo español podría volver a verse regado por la sangre de cientos de miles, tal vez millones de inocentes. Detrás del problema catalán está la tragedia venezolana. Y el castrocomunismo cubano. Es de vital necesidad enfrentar la barbarie. Y arrancarla de cuajo de nuestras sociedades"

A @hermanntertsch

El golpe de Estado que subyacía al independentismo catalán ha hecho erupción y España se ha visto sacudida por una crisis política e institucional sin precedentes en sus cuarenta años de vida democrática. Ha estremecido las conciencias progresistas, cultas y sensatas de la España de la concordia, pues reavivó de un golpe los recuerdos de los hechos del mismo calado e igual singladura que antecedieron y dieran paso a la barbarie de la Guerra Civil. No por azar, súbitamente el nombre de Companys ha vuelto a la palestra. Ni es tampoco por azar que tras de los gestores del delirio independentistas estén las mismas conciencias. En este caso, las de Podemos y los sectores de la ultra izquierda catalana. Bajo influencia y financiamiento del chavismo, del Foro de Sao Paulo y la inspiración del castro comunismo cubano. Behemot, el rojo monstruo bíblico, no descansa.

Se acaban de cumplir los cincuenta años de la muerte de Ernesto “Che” Guevara y si bien la efemérides no ha conmovido al mundo, ha servido para recordar los siniestros tiempos de la crisis permanente que, en América Latina, sucediera al asalto al poder por las guerrillas de Fidel Castro, la guerra de guerrillas y el asalto al poder por parte de las izquierdas marxistas. Empujadas por utopías milenarias a desencajar lo que es para construir lo que debiera ser, en una pulsión arbitraria, suicida y automutiladora que costara miles de muertos. Hundiendo en el terror de dictaduras militares a millones de latinoamericanos, frustrando generaciones enteras, aniquilando siglos de acumulación de cultura y progreso, precisamente en nombre de la cultura y del progreso.

Asombra que la conciencia de los hombres siga arrastrándose tan a trasmano de los hechos históricos. De lo contrario, ¿cómo se entiende que tras cincuenta años de la aventura guerrillera y sesenta del desvarío castrista y la devastación de Cuba, aún sobreviva el afán insurrecto en la región, Venezuela se haya sumido en este proceso de autodestrucción y miseria, y sea perfectamente posible que el monstruo siga acechando y vuelva al ataque apoderándose de México y Brasil? ¿Cómo es posible que tras una deflagración monstruosa que costara sufrimientos inenarrables, un pedazo de España insista en negarse a la razón y propicie el caos, la desunión y la violencia de un país que ha logrado vencer todas las barreras hacia el progreso y la civilidad para verse acosado una vez más por la desintegración?

Es ínfima, casi inexistente la conciencia de los afanes intervencionistas, injerencista y expansionistas del castro comunismo en América Latina, en las conciencias democráticas y progresistas del mundo. Hay quienes incluso apuestan a Cuba, la madre del cordero, para que medie en la resolución de la tragedia venezolana. ¡Como si esa tragedia no hubiera sido parida por el propio Estado cubano y no formara parte de un proyecto expansionista que nació el mismo día en que las guerrillas de Fidel Castro se apropiaran de la revolución democrática que desalojó a Fulgencio Batista e impusieran un Estado marxista en Cuba! ¡Como si la llamada “revolución bolivariana” no formara parte de un proyecto de dominación global sobre el continente, y ella y sus fastuosos ingresos petroleros no se encontraran en el origen de los gobiernos de Rafael Correa en Ecuador, Evo Morales en Bolivia, Lula da Silva y Dilma Rousseff en Brasil, Néstor y Cristina Kirchner en Argentina, Pepe Mujica en Uruguay. Incluso en la Nicaragua de Daniel Ortega. Ollanta Humala en el Perú! ¡Como si en 1990 Fidel Castro y Lula Da Silva no hubieran decidido constituir esa suerte de Quinta Internacional tercermundista y latinoamericana que es el Foro de Sao Paulo, con el estricto propósito de apoderarse de la región!

¿A qué se debe la porfía de las buenas conciencias de Occidente en negarse a comprender la permanente acechanza de la barbarie marxista y su capacidad de vestir la piel de cordero para infiltrarse en las instituciones, socavar las democracias y asaltar los gobiernos para hacerse del poder? ¿Al extremo de arrastrar consigo a los llamados sectores liberales de las sociedades más desarrolladas y contaminar, incluso, a los demócratas norteamericanos y al papado?

Imposible desconocer que el cansancio ante tanta complicidad y alcahuetería, que sitúa a Occidente al borde del abismo, se expresó como reacción en la elección de Donald Trump en Estados Unidos. Venciendo al más poderoso establecimiento liberal del planeta. Y a pesar del respaldo que ha encontrado en amplios sectores que han terminado por comprender los extremos a que llega la decadencia de las democracias, aún encuentra una cerrada oposición de esos mismos sectores, en el Vaticano y en la mayoría de los gobiernos latinoamericanos. Que en una insólita solidaridad automática con la tiranía cubana, por el solo hecho de pertenecer a la comunidad étnica y cultural que nos constituye, se niegan a respaldar una intervención militar en auxilio de la democracia venezolana, mientras callan y toleran la presencia de miles de tropas cubanas en territorio venezolano, cuyo gobierno es una burda marioneta de Raúl Castro. Cuba sí, yanquis no.

Vuelvo al caso de Cataluña, pues expresa el tumor que gangrena a Occidente. Si el pueblo español, el Estado y la corona no reaccionan con virilidad y coraje y se enfrentan con todos los medios al asalto de la barbarie invasora, travestida hoy de independentismo, el suelo español podría volver a verse regado por la sangre de cientos de miles, tal vez millones de inocentes. Detrás del problema catalán está la tragedia venezolana. Y el castro comunismo cubano. Es de vital necesidad enfrentar la barbarie. Y arrancarla de cuajo de nuestras sociedades.