Opinión

Cada uno su empanada…

Todos estaban emocionados por el arribo del ferrocarril a Tucumán. Las calles ataviadas de fervor por el desarrollo que llegaba a la provincia entre rieles de esperanza. El prócer Domingo Faustino Sarmiento, en la comida conmemorativa ante todas las provincias argentinas, elogió las empanadas sanjuaninas como las mejores de la nación. El comentario molestó a varios comensales que, entre murmullos, defendieron con ardor las de cada una de sus regiones. El hábil orador se percató de la molestia e inmediatamente invitó a disfrutarlas todas. En el mensaje fundamental de sus palabras las relacionó con la trágica historia del país. Esta discusión es nuestra historia llena de sangre y sacrificios, cada uno de nosotros se olvidó del interés supremo de la patria para solo responder al gusto de cada uno su empanada. Este ferrocarril, argumentó, servirá para unir a los pueblos como encuentros de rieles que construyen la república de todos, que dejemos las discusiones de aldea que nos hacen detestar la empanada del vecino.

Esta cita de enorme valor histórico para los argentinos se parece en algo a la unidad que requerimos para salir de esto. Cada uno de los factores democráticos cree que solo su empanada tiene el sabor de la totalidad, sin entender que es compartiéndolas todas como podemos lograr salir del indeseable abismo. La cruenta actualidad venezolana necesita de una unidad nacional, que viaje más allá de intereses pequeños, que sepa interpretar las expectativas nacionales poniéndose a la altura de todo aquel que sufre. Es momento de profunda reinvención de objetivos que lleven la brújula del pueblo hasta puerto deseado; si, por el contrario, es la mezquindad seguiremos perdidos. Esa falta de grandeza para comprender la coyuntura es lo que nos tiene en esta encrucijada de caminos que conducen a la desesperanza.

Es lógico que cada agrupación política maneje su propia estrategia, sin embargo, Venezuela está por encima del anhelo de ser el protagonista del cambio que se aproxima. Mientras, seguimos divagando como canoa sin rumbo por un caudaloso río. Los venezolanos nos enfrentamos al mayor desafío de la historia reciente. Ya no son las azarosas esprintadas a caballo tras el laurel independentista, ahora la lucha es en contra de un sistema que plantea el quedarse para siempre como gobierno, es allí en donde debe existir una cohesión de esfuerzos que tenga la salida democrática como el marco fundamental de la lucha: por forjar una Venezuela en donde quepamos todos, con profundo espíritu libertario como garante de una verdadera redención de vida…

alexandercambero@hotmail.com