Opinión

Cachorros con suerte

Adriana Villanueva

Esta es una historia de cachorritos a quienes la gente se disputa, y perros abandonados que nadie parece querer sino los activistas de los derechos de animales, que tampoco se pueden llevar a todos los perros callejeros a vivir con ellos.

Mis cuñados viven en una casa alquilada desde hace unos meses, se mudaron con inquilina incluida: una hermosa perra labrador llamada Trufa; señorita canela joven, bonita y educada que de inmediato fue adoptada por mis sobrinos. La verdadera sorpresa llegó semanas después cuando se dieron cuenta de que Trufa a su vez tenía inquilinos: estaba embarazada, no se sabe en qué circunstancias ni qué mezcla de cachorros saldría de semejante desliz.

En diciembre Trufa parió una camada de nueve cachorros multicolores, los había crema, marrones y negros. Quedó claro al verlos quién era el padre de las criaturas: el labrador de la casa vecina, una paternidad irresponsable porque los propietarios del perro no quisieron saber nada de los cachorritos, pero por ser pura raza de labrador no hubo problema en conseguirles futuros hogares de adopción, a ser repartidos una vez que Trufa los destetara.

Durante todo diciembre tuvimos noticias de los encantadores perritos. Por Whatsapp en Margarita a cada rato recibíamos fotos de los animalitos que parecían unos peluches. Hasta a mí, que no soy de mascotas, me provocaba adoptar uno. Qué contraste la suerte de estos cachorros con los desafortunados perros callejeros de la isla. Así será la invasión de perros en Margarita que las carreteras están llenas de vallas implorando no atropellar a los perros que deambulan por las vías.

Si en Caracas los conductores debemos ir esquivando huecos, en las carreteras de Margarita hay que ir esquivando perros famélicos en las carreteras. A menos que se tenga un toque de psicópata no creo que haya quien le tire el carro a los macilentos perritos solo por el placer de matarlos, pero hay que reconocer el peligro que implica frenar súbitamente en la mitad de una vía pública para evitar esquivar a un animal.

Una muestra más de la miseria actual que vivimos en Venezuela es la cantidad de mascotas abandonadas por sus propietarios, muchos porque si les cuesta procurar alimentos para satisfacer las necesidades diarias de la familia, menos pueden alimentar a sus mascotas.

Sin embargo, en el caso de los nueve cachorros de Trufa no faltaron familias amigas dispuestas a adoptarlos, por eso sorprendió cuando la semana pasada comenzó a circular una de esas típicas cadenas en las redes sociales ofreciendo cachorros en adopción, amenazando que si no encontraban familia en las próximas 48 horas, los ahogarían sin piedad. Esa cadena tiene años circulando, lo que la hacía especial es que esta vez venía acompañada por la foto de tres cachorros de labrador que mi sobrino inmediatamente reconoció como una foto que tomó a tres de los cachorros de Trufa.

Cuesta entender el sentido de las cadenas, barajamos entre familia teorías conspirativas, todas apuntan a la eterna búsqueda de conejos en Venezuela: la posibilidad de adoptar un cachorro fino podría ser un buen señuelo para ser víctima de la inseguridad. Pero yo más bien tiendo a pensar que se trata de publicidad engañosa, ¿cuántas familias estarían dispuestas a adoptar en el acto un perrito labrador, y cuántas familias correrían de inmediato a acoger a un perrito callejero?

En esta respuesta están los verdaderos amantes de los animales.