Opinión

Batas blancas… manos vacías

El pasado 10 de marzo se conmemoró una vez más el Día del Médico en Venezuela, fecha  muy emblemática para el gremio, pues desde 1955 ese día se instituyó como tal en honor del natalicio del Dr. José María Vargas, considerado el padre de la medicina venezolana.

A los 232 años de su nacimiento, recordamos la extraordinaria herencia moral y espiritual de este gran ilustre médico venezolano: científico, académico y primer presidente civil de nuestro país. Hoy día vemos con tristeza y profundo malestar cómo el “gobierno” ha querido obviar y tergiversar ese ejemplo de conocimientos y de ética que nos dejó el sabio Dr. José María Vargas, al igual que muchos otros insignes médicos  que enriquecieron la historia de la medicina en Venezuela,  pretendiendo  sustituir y desconocer esa sabiduría académica y científica de esos héroes médicos y que hicieron de nuestra medicina un ejemplo en el continente, por una medicina apegada al modelo cubano, sin calidad, de dudosa formación académica, cuya práctica se refleja en  resultados negativos de los indicadores de salud.

No obstante, gracias a nuestra máxima institución académica y científica como lo es la Academia Nacional de Medicina y nuestras universidades autónomas, se han conservado los preceptos médicos nacionales basados en la ética, profesionalismo y visión técnica a pesar de las dificultades e irrespeto a la que han sido sometidas por parte del Estado venezolano, el cual siempre se ha opuesto al conocimiento científico y académico, característica de estos sistemas totalitarios.

Los médicos venezolanos egresados de nuestras universidades autónomas y reconocidas,  en el marco de esta grave crisis de salud y dentro de las grandes limitaciones relacionadas con la falta de herramientas de diagnóstico, escasez de medicamentos e insumos, amenazas a su integridad física, salarios considerados de los más bajos del mundo, sumado al colapso hospitalario en todos los aspectos, se mantienen firmes en tratar de darle atención al paciente que acude con la esperanza de encontrar el alivio para su dolencia o la cura de su enfermedad.

La crisis humanitaria de salud se ha convertido en una gran tragedia nacional, situación que los médicos han tenido que afrontar de manera diaria y con la gran impotencia de no poder resolver la grave condición de cualquier persona y que la coloca en riesgo de muerte. Tendríamos que sumar a este drama la gran injusticia a la que son sometidos los médicos si llegan a aceptar públicamente una ayuda humanitaria en el hospital donde laboran. Ya conocemos  cuáles pueden ser sus consecuencias. Los médicos residentes de posgrado y nuestros estudiantes de medicina, generación de relevo, realizan los mayores esfuerzos para culminar sus estudios. Es comprensible que la situación del país los obligue a buscar oportunidades en otras fronteras. No obstante, de algo estamos seguros y es que han sido recibidos con gran beneplácito adonde hayan ido por su preparación académica.

Nuestras universidades reconocidas también realizan su mejor empeño para mantener la calidad académica y docente, a pesar de que también están bajo amenaza por el régimen de quitarles la autonomía y recursos que por derecho le corresponden. Tal como lo expresó la rectora de la Universidad Central de Venezuela, Cecilia García Arocha, en el acto extraordinario que se realizó el pasado sábado 10 de marzo en las instalaciones del Aula Magna: “La UCV siempre será libre, democrática, plural y autónoma”.

A nuestros médicos que han emigrado, aproximadamente 22.000, les transmitimos la esperanza del pronto regreso, como lo expresó nuestro admirado Laureano Márquez en el referido acto del Aula Magna: “Esto pasará”. Por lo que volverán a desempeñar el trabajo valioso y lleno de profesionalismo que los caracteriza.

El  10 de marzo no fue motivo de celebración, fue un día de reflexión y unión para fortalecer el compromiso de lucha por nuestros pacientes, por las reivindicaciones justas desde el punto de vista laboral y condiciones de  trabajo del médico venezolano, asi como para reconquistar el justo valor de nuestra medicina venezolana. No podemos estar solo con nuestras batas blancas  y seguir con las manos vacías, ahora más que nunca la unión y la fuerza deben prevalecer para recuperar el derecho a la salud y a la vida de todos los venezolanos.