Opinión

La batalla que en verdad cuenta

La superación de la tragedia venezolana se juega en varios tableros: en lo internacional, a lo interno del estamento militar y en la lucha política que encabezan sectores sociales y partidistas. Pero más allá de estos escenarios, existe un terreno –no siempre visible– donde se efectúa una confrontación decisiva porque su resultado, al final del día, va a condicionar la viabilidad, legitimidad y eficacia política de lo que se haga en los tres tableros anteriores. Ese terreno es el de las condiciones subjetivas de sustento, tanto de la dictadura como de la opción democrática de liberación.

Consciente de la importancia clave de este último factor, la dictadura centra precisamente allí su estrategia de supervivencia. Y para ello su preocupación permanente es cómo desmotivar a quienes luchan contra ella, y cómo generar la necesaria frustración que debilite los esfuerzos por enfrentarla y superarla.

Es así como todos los días observamos un esfuerzo sostenido y sistemático del régimen en esta dirección. La dictadura confía en su demostrada capacidad para provocar desesperanza en la inmensa población que le adversa, a través de una tan inteligente como perversa mezcla de desinformación, represión selectiva, matrices opináticas de laboratorio y generación de confusión e incertidumbre. Su gran carta, con la que pretende seguir disfrutando de los placeres del poder a costa del sufrimiento y pauperización de la mayoría de los venezolanos, es simplemente el desgaste psicológico de la población, paso previo indispensable para intentar apagar la necesaria presión popular, la cual –de  nuevo– es la que da sustento al resto de las formas de lucha.

Frente a ello, y adicional a las estrategias de resistencia anímica que diseñan los especialistas, los distintos sectores sociales y las propias personas, se plantea un mecanismo de organización basal denominado “Comités de ayuda y  libertad”, los cuales pretenden constituirse en instancias de activación y articulación de acciones a niveles grupales básicos (caserío, bloque, calle, manzana, edificio). Estos comités son el paso superior de un proceso de organización ciudadana que se inició con los cabildos populares y siguió luego con las asambleas vecinales, y pretenden tanto la construcción de una gran red de comunicación y actividad ciudadana, como lograr una capacidad instalada de organización en todos los rincones del país. Son instancias ciudadanas básicas con tres objetivos cruciales: organizar, comunicar y movilizar.

¿Por qué estas células de organización son tan importantes frente a la estrategia gobiernera que se describe más arriba? Porque, como lo hemos afirmado en otros artículos, la mejor forma de evitar que las condiciones subjetivas de sustento de la lucha democrática por la liberación se vean infiltradas externamente por el desgaste psicológico y el cansancio anímico, es que las personas se organicen en torno a tareas concretas, cada quien dentro de su especificidad y circunstancias particulares. La conformación de estas células básicas de lucha ciudadana y la integración de las personas a ellas, no solo contribuye a fortalecer el necesario sentido de pertenencia de todos a una lucha común, y a canalizar con sentido de eficacia política la natural indignación y las energías de cambio, sino a evitar el peligro de convertirnos en espectadores pasivos de la realidad para, por el contrario, estimularnos a asumir un rol activo de incidencia política, lo cual es clave para mantener la motivación y la presión social creciente.

La Psicología Social está repleta de ejemplos sobre la correlación negativa y alta entre la participación de las personas en tareas grupales concretas que representen una incidencia práctica en su realidad circundante, y la aparición de síntomas que van desde sentimientos de apatía, abulia, depresión, resignación o conformismo, hasta manifestaciones somáticas y alteraciones del sistema inmunológico. En otras palabras, mientras más se involucran las personas en grupos pequeños para desarrollar actividades específicas que representen una forma de influir sobre su entorno, mayor sentido de la propia importancia, niveles más elevados de perseverancia y mayor resistencia al desánimo y a la desesperanza.

Venezuela nos necesita a todos. El enemigo posee aparatos comunicacionales y recursos de poder formidables para intentar derrotarnos psicológicamente. La respuesta frente a su estrategia no es solo individual, sino primordialmente grupal. La clave es organizarnos para hace cosas concretas, que nos hilvanen a todos en esta inmensa lucha común. Este es un momento en el que la diferencia la van a hacer la organización y la inteligencia social. Esa es la batalla crucial, la que en verdad cuenta. No nos está permitido fallar.